sábado, 23 de mayo de 2009

GUILLERMO PALOMBO: HISTORIADOR DE LAS INVASIONES INGLESAS

La Organización militar en el Plata Indiano. La Guarnición de Buenos Aires 1680-1810.






Invasiones Inglesas (1806-1807).



Por Andrés Pont




Guillermo Palombo es un historiador conocido en los ámbitos académicos y universitarios. El público lo conoce a través de sus colaboraciones en la prensa periódica.
Miembro de número del Instituto de Historia Militar Argentina y correspondiente, en la provincia de Buenos Aires, del Instituto Nacional Belgraniano, participa en las reuniones de estudio que mensualmente realiza el Grupo de Estudios a Investigaciones de Procesos Políticos (GEIPP) del Instituto de Historia Argentina y Americana “Dr. Emilio Ravignani, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires. En una separata especial de la “Revista Militar” nº 703, del año 1981, aparece como recopilador del “Diario del coronel Richard Bourke, Cuartel Maestre de Whitelocke, 1807”, cuyo texto exhumó de la colección de copias obtenidas en Londres por Carlos Roberts en 1928, y tradujo María Susana Ricci.
Al año siguiente, apenas concluida la Guerra de Malvinas, en el local que la Editorial Kapelusz tenía en Av. Corrientes y Carlos Pellegrini, pronunció una conferencia sobre “Rendición de las tropas británicas en la casa de la virreina viuda, 5 de julio de 1807”. Disertación destinada a presentar una maqueta que reconstruía el hecho, cuya edificación, soldados de plomo, luciendo los uniformes originales de Patricios y del Batallón Ligero inglés, y banderas, fueron obra de Joaquín Miralles, maestro miniaturista militar.
Maqueta que actualmente se exhibe en el Museo del Regimiento de Infantería Nº 1 “Patricios”, en su cuartel de Palermo. Con motivo de otra conferencia, pronunciada el 14 de abril de 1989 sobre la actuación del Tercio de Gallegos en la Defensa de Buenos Aires (1807), auspiciada por el Instituto Argentino de Cultura Gallega, en 1990 fue publicado su trabajo “Cuerpo de Gallegos 1806-1807” en la revista “Galicia” nº 653, editada por el Centro Gallego de Buenos Aires.
Texto pionero en el tema, que con otro de Carlos Sixirei Paredes y la antigua recopilación documental realizada por Manuel de Castro López en la primera década del siglo XX, fue reeditado en el volumen intitulado “El Cuerpo de Voluntarios Gallegos en la Defensa de Buenos Aires, 1807”, publicado en 1996 en Santiago de Compostela, por la Xunta de Galicia. Otro trabajo de Palombo, más extenso y con el título “El Cuerpo de Voluntarios de Galicia en Buenos Aires, 1806-1809” puede leerse en el nº 3, correspondiente a 1988, de la “Revista da Comision Galega do Quinto Centenario” (págs. 97-113) publicada en La Coruña.
Ambos estudios precursores actualizaron el interés por los milicianos gallegos, retomado poco después por un joven cadete de la Escuela Nacional de Náutica, que navegaría tras su estela. Sobre otros cuerpos militares que actuaron en las invasiones inglesas, no podemos omitir los datos aportados en “La organización militar en el Plata Indiano”, un volumen de 296 págs. que, con el subtítulo “La Guarnición militar de Buenos Aires 1680-1810” publicó en 2005 el Instituto de Historia Militar Argentina, y fue presentado en el aula magna de la Escuela Superior de Guerra.
Si bien Palombo aparece compartiendo la autoría con otra persona, es dable advertir que, aunque no se haya dejado constancia, se trata, en gran parte, de una recopilación de trabajos suyos muy anteriores. Por ello, como es obvio, la redacción del texto responde íntegramente a su personal estilo. Puede constatarse, en tal sentido, que los capítulos I, II, III y IV de la Primera Parte (págs.15-31) y I y II de la Segunda Parte (págs. 35-52) son reproducción, con tal o cual añadido o supresión, de su estudio sobre “Los Regimientos Fijos de Infantería y Dragones de Buenos Aires”, aparecido en el vol. VI de las “Publicaciones del Instituto de Estudios Iberoamericanos” (págs. 119-146), de 1989.
El capítulo III de la Segunda Pate es el mismo texto de su estudio sobre “El Real Cuerpo de Artillería en el Río de la Plata”, de 1995, que circuló en mímeo entre los especialistas en historia militar. En el capítulo I de la Cuarta Parte, sobre las armas portátiles (págs. 115-129) reproduce textos de su investigación sobre “Caballeros y arneses en el Plata Indiano”, aparecido en el Boletín Nº 31 del Instituto Genealógico-Heráldico de Rosario, publicado en 1997 (págs. 44 a 58). Y el capítulo II de la Cuarta Parte, sobre artillería (págs. 131-134) contiene materiales ya dados a conocer en su reseña bibliográfica de la “Historia de la Artillería Argentina” de Pedro Martí Garro, publicada en “Historiografía Rioplatense” nº 3 (págs. 221-229) del año 1985. Finalmente, de las cien piezas que se reproducen en el Apéndice Documental de págs. 135 a 277, las números 1 a 6, 8 a 12, 14 a 17, 24 a 26 y 32 fueron dadas a conocer en su fuente y citadas en “Los Regimientos Fijos…”.
Las números 28 a 30, 34, 36 a 45, 47 a 49, 52, 59, 60 a 66, 73, 76,78, 79, 80, 84-85 y 92 fueron reproducidas en el mímeo citado. Las números 54 a 56, 77, 81-82, y 92 a 94 fueron íntegramente publicadas en “Documentos para la historia de la Bandera Argentina” (Buenos Aires, Dunken, 2001) y la nº 53 en “Historia de la Bandera Argentina con una relación cronológica de disposiciones legales y reglamentarias” (Bs. As., Dunken, 1999, pág. 28, nota 39); sendos libros cuya autoría Palombo compartió con Valentín Espinosa.
En febrero de 2007, impreso por Dunken, apareció el volumen “Las Invasiones Inglesas (1806-1807). Estudio Documentado”. En apenas 230 págs., con láminas de Luis de Beaufort en su tapa y contratapa, el texto, tan nutrido como abigarrado, y con muchos subtítulos orientativos para el lector, resume mucha información documental inédita, consultada en el Archivo General de la Nación y referenciada en los ocho centenares de notas al pie de página o en las 261 fichas que incluye la bibliografía.
En el Apéndice Documental transcribió el índice del contenido de 232 actas de las sesiones celebradas por la Junta de Guerra, organismo que dispuso, entre el 28 de octubre de 1806 y el 11 de junio de 1808, las erogaciones para levantar nuevos cuerpos militares, pagar sus sueldos o gratificaciones, vestirlos, alimentarlos, equiparlos, armarlos y velar por su salud. Simultáneamente, el autor dio a conocer fuentes testimoniales poco conocidas o inéditas: el “Diario anónimo de la toma de Buenos Aires por los ingleses” (en “El Tradicional”, a. X, nº 70, sep. 2006), y el “Diario de la Defensa de Buenos Aires desde el 21 de junio de 1807 hasta el 15 de julio del mismo por un testigo presencial” (“El Tradicional”, a. X, nº 73 a 76, dic. 2006 a mar. 2007).
Mención especial merecen los trabajos de su completa serie sobre Iconografía de los Uniformes Militares, publicada en “El Tradicional”. Comenzó con las 16 láminas de un álbum existente en el Museo Mitre (a. X, nº 69, ago. 2006), que ya había utilizado en sus trabajos de 1988-1990, y prosiguió con los estudios dedicados a los cuatro escuadrones de Húsares (nº 79, jul. 2007); Labradores, Migueletes y Carabineros de Carlos IV (nº 80, ago. 2007); Granaderos de Infantería, Vizcaínos o Cántabros de la Amistad, Patricios, Andaluces, Gallegos, Arribeños y Cántabros Montañeses (nº 81, sep. 2007); Naturales, Pardos, Catalanes, Cazadores Correntinos, Morenos, Patriotas de la Unión, Artilleros Provinciales y Maestranza (nº 82, oct. 2007); Regimientos Fijos de Infantería y Dragones de Buenos Aires (nº 83, nov. 2007), Milicias Urbanas de Montevideo (nº 84, ene. 2008 y nº 85, abr. 2008) e Infantería Ligera de Montevideo y Voluntarios del Río de la Plata (nº 87, sep. 2008).
Palombo restableció el verdadero uniforme de esos cuerpos, combinando las fuentes iconográficas coetáneas con datos que tomó de cuentas o presupuestos existentes en legajos de las salas IX y XIII del Archivo General de la Nación, y disposiciones reglamentarias. La serie, ilustrada con acuarelas de Luis de Beaufort, por su técnica reconstructiva y fuentes empleadas ha venido a reemplazar con ventaja las precursoras anotaciones de Enrique Williams Alzaga al álbum publicado por Emecé en 1967.
Por eso considero que Palombo tiene bien ganado el título de académico de número, si existiera una academia de uniformología, junto con Enrique Udaondo, Luis de Beaufort, José Luis Salinas, Alfredo Villegas, Jorge Fernández Rivas y José Balaguer. Otros estudios, sintéticos, dedicó en “El Tradicional” a los cuerpos de caballería: Labradores, Migueletes y Blandengues, y a las montura de silla y de recado por ellos usadas (nº 66, may. 2006).
A los de infantería se refirió en sus conferencias sobre “Juan Bautista Bustos y el Cuerpo de Arribeños” y en sus trabajos “El Tercio de Cántabros Montañeses” (con un cuadro clasificatorio de las ocupaciones civiles de sus integrantes) y en “Un desconocido héroe de los Cántabros Montañeses: el cadete Manuel Pernía”, publicados en la página web de la asociación recreacionista “Granaderos del Tercio de Montañeses” (www.granaderos.com.ar), A Manuela Pedraza dedicó su artículo “La Tucumanesa, heroína de la Defensa”, en el suplemento literario de “La Gaceta” de Tucumán (23 sep. 2007), y a Manuel de Guzmán, esclavo del Convento de Santo Domingo, su documentado estudio “El Cuerpo de Esclavos en la Defensa de Buenos Aires”, aparecido en la revista “Historias de la Ciudad”, dirigida por Arnaldo Cunietti Ferrando (a. VIII, nº 46, oct. 2007).
Los aficionados a la vexilología, encontrarán material de su interés en sendos artículos ilustrados aparecidos en “El Tradicional”, sobre las banderas británicas tomadas en Buenos Aires el 12 de agosto de 1806 (nº 77, abr. 2007) y el 5 de julio del año siguiente (nº 78, may. 2007), trabajo éste último reproducido, con el agregado de citas documentales, en la revista “Historia de la Ciudad”, nº 41 (jun.2007). Tuvo singular relevancia la nota que, si bien con advertibles erratas, dedicó a “La vera imagen de la Virgen en el estandarte real de la Villa de Luján” (nº 64, feb. 2006), redactada con motivo de una consulta formulada por el Círculo Criollo “El Rodeo” respecto de un estandarte que poseía en su Museo. Sobre esa base, y estudios ampliatorios posteriores, el autor redactó un informe que fue considerado por el Ejército Argentino para conceder el uso de aquel estandarte como bandera histórica al Regimiento de Caballería de Tanques 10 “Húsares de Pueyrredon”, con asiento en Azul, Provincia de Buenos Aires.
En oportunidad de la entrega de la bandera histórica a esa unidad militar, en la guarnición Azul, el 8 de diciembre de 2007 (día de Nuestra Señora), Palombo fue distinguido como “húsar honorario” del Regimiento. La remisión a la Corte por Liniers de tres dibujos para su impresión, dieron base a su artículo “Una desconocida iconografía sobre las Invasiones Inglesas”, en la citada revista “Historias de la ciudad” nº 46 (jun. 2008).
En julio de 2008 apareció en Buenos Aires, nuevamente la clásica obra del coronel Juan Beverina sobre “Las Invasiones Inglesas al Río de la Plata (1806-1807), cuya primera y única edición, en dos volúmenes data de 1939. Esta reedición, en tres vols., con un total de 1127 páginas, por la Biblioteca del Oficial (vols. 796, 797 y 798) del Círculo Militar, tiene estudio preliminar y notas de Guillermo Palombo. El estudio preliminar y notas del vol. 1 ocupan las págs. 9-17 y [373]-410, las notas del vol. 2 las págs. [335]-369 y las del vol. 3 las págs. [323]-335. La obra fue objeto de un despacho de la Comisión de Cultura de la Cámara de Diputados de la Nación (Orden del Día n° 1419 del 9 dic. 2008) declarándola de interés legislativo, con mención de la destacada labor de su prologuista y anotador.




domingo, 3 de mayo de 2009

LA MUERTE DEL GENERAL JUAN LAVALLE

Juan Galo de Lavalle.


Mausoleo que guarda los restos de Juan Lavalle (Cementerio de La Recoleta).



                                                                                  Por Sandro Olaza Pallero




        El Dr. Ricardo Quirno Lavalle, descendiente del general Juan Galo de Lavalle, pronunció una conferencia sobre la muerte del prócer en el Instituto Popular de Conferencias, en el Salón del diario La Prensa, el 9 de octubre de 1981. En esa ocasión se opuso a la tesis del suicidio de su antepasado esgrimiendo varias razones, entre ellas que no había fuentes documentales o testimoniales que expresaran el suicidio del general:
          “Durante 126 años se tuvo por verdad inconcusa, con arreglo a los documentos históricos disponibles, que el Gral. Lavalle había sido muerto por una bala federal, la cual habría atravesado por el ojo de la cerradura o perforado la puerta, cuando, súbitamente, en el año 1967, aparece un opúsculo titulado: “El cóndor ciego”, donde su autor, el Sr. José Maria Rosa, sostiene que el Gral. Lavalle se suicidó. Textualmente dice allí “que Lavalle se eliminó a sí mismo para cumplir su juramento de vencer o morir en la demanda, y no caer vivo en poder del enemigo”. 
           “La leyenda de su muerte accidental –sigue sosteniéndose en la obra precitada- la crearon sus amigos que se juramentaron en los Tapiales de Castañeda para guardar el secreto de la verdad de su muerte, y todos guardaron celosamente el juramento, y la apoyó con firmeza Juan Manuel de Rosas, amigo de su familia”. Como queda dicho se efectúa, por consiguiente, en “El cóndor ciego”, una triple aseveración: 1°) La de que Lavalle se suicidó; 2°) La de que sus amigos se juramentaron para ocultar la verdad del suicidio; 3°) La de que Juan Manuel de Rosas apoyó la versión de la muerte accidental, y encubrió la del suicidio, por amistad con la familia de Lavalle. No hay más, pues sino que analizar la triple sobredicha aseveración; y proyectamos verificarla a la luz de los preceptos pertenecientes a ciertas y determinadas ciencias que, a buen seguro, nos allanarán la ruta para esclarecer el enigma planteado. Para entrar en materia, conviene dejar registrados algunos hechos incluidos en la psicología que gravitan sustancialmente en este problema. Y a primera vista, el carácter peculiar del Gral. Lavalle, luchador, impulsivo, intrépido, temerario y romántico, rasgos que lo hacían sobremanera poco proclive a confesarse vencido, y a eludir, consecuentemente, la lucha eliminándose por propia mano. De esta suerte, viene a resultar asaz inconcebible la presunción del suicidio, cuando Lavalle era considerado, al unísono, hombre de morir peleando, como lo probó en múltiples batallas, pero señaladamente, en Famaillá, donde conduciendo personalmente a la caballería correntina al combate, expuso su vida una y mil veces. Súmese a esto otro detalle singularmente importante: el hondo sentimiento católico de Lavalle, su acendrada fe, que le vedaba concluyentemente, tomar en sí y por sí, la tremenda determinación, anatomizada por la Iglesia, de quitarse el preciado don de la vida dado por Dios, y que, para un católico, solo Dios puede quitar…¡En esto no hay excepción! Añádase que a la inversa es, igualmente cierta ya que no se conoce ningún escrito, ni unitario ni federal, contemporáneo o algo posterior al suceso, que afirme la realidad del suicidio”. 
         El doctor Quirno Lavalle agrega a su fundamento una fuente científica: la Medicina Legal, donde diferencia el suicidio del homicidio de fuego. "Pero hete aquí que ha llegado hasta nosotros un testimonio más preciso, más fidedigno, y por eso, más valioso: el del doctor Gabriel Cuñado, médico español que había combatido con los ejércitos realistas durante nuestra independencia, y que se había radicado, luego, en Jujuy. Este facultativo entró en la casa por la puerta delantera, y contempló el cadáver tendido en el zaguán. Dejó asentado, antre otros pormenores, "que luego de pisar el umbral de la puerta de calle, notó cerca de ésta tres gotas de sangre y un gran charco de la misma al llegar al arco del zaguán, donde estaba el cadáver en decúbito dorsal, con una herida, al parecer de bala, en la base del esternón. Este testimonio cobra insuitado valor, porque el doctor Cuñado no intervino en las guerra civiles, y por eso, no revistaba ni como unitario ni como federal. Además era médico, y tampoco pudo participar en el supuesto juramento formulado por los amigos de Lavalle, ya que ni conocía a éste ni a sus compañeros. Por esa causa, su referencia -localizando el orificio de entrada del proyectil- posee singular valía, puesto que de ella una inferencia capital puede ser extraída...Procurando suministrar sustento científico a cuanto antecede requerimos la opinión del profesor titular a cargo de la cátedra de Medicina Legal de la Universidad de Buenos Aires médico forense de la Justicia Nacional doctor Víctor Luis Poggi, quien, accediendo con gentileza a nuestro requerimiento, nos informó que nunca hasta hoy en su ya dilatada experiencia, le ha tocado ver un suicida con orificio de entrada del proyectil adosado a la horquilla esternal. En resolución, la situación del orificio de entrada del proyectil que dio muerte a Lavalle se revela incompatible con la presunción del suicidio. Adiciónese a esto otro detalle, igualmente señalado por el profesor Poggi: la particularidad de que todo disparo perpetrado a muy corta distancia -como lo habría sido en este caso, si hubiera ocurrido, efectivamente, suicidio- y aún más con las pólvoras negras, ricas en carbón, azufre y salitre que en esa época se usaban, habría originado, indefectiblemente, un extenso chamuscamiento y tatuaje de la piel circunvecina, contingencia que si hubiera existido, el doctor Cuñado, por ser médico, y por lo llamativo, no hubiera omitido seguramente señalar...Tercera contradicción de El cóndor ciego".
          El acta médica de los restos de Lavalle firmada por Juan José Montes de Oca, Francisco Javier Muñiz y Alejandro Araujo en Buenos Aires el 25 de enero de 1861, -cuando retornaron de Potosí- certificó que “el esqueleto contenido era de adulto, y los huesos, deficientes en número, por su longitud, solidez y buena proporción, así como por las asperezas que dieron implantación a los músculos y tendones de ciertas regiones, denotan haber pertenecido a un hombre de alta talla y de fuerte constitución. El cráneo elevado y el ángulo facial de 80 grados; traducen la majestad y la belleza antigua, que tuvo en su cabeza y cara el general Lavalle”.
       Según el historiador Julio A. Benencia, el general Lavalle en plena retirada, el 8 de octubre de 1841, acampaba sobre la ciudad de Jujuy llevando unos escasos doscientos hombres, último resto de la Legión Libertadora con la cual había iniciado la campaña de 1840. Enfermo, acompañado de su secretario Félix Frías, el teniente Celedonio Álvarez y ocho hombres de su escolta, se aposentó en una casa de la ciudad que antes había ocupado Elías Bedoya. Poco después se le unía el comandante Lacasa, descansando allí todos hasta las primeras horas de la madrugada del día 9 de octubre. La voz del centinela hizo salir al comandante quien al observar una partida detenida frente al alojamiento, a unas veinte varas, dio orden para el apresto de los suyos. “Lavalle se asomó en ese instante y al entrever el peligro apresuró el de las cabalgaduras, dispuesto a abrirse paso a viva fuerza. Varios tiros partieron del grupo enemigo y el guerrero, respetado por la muerte en cien combates, cayó atravesada la garganta de un balazo”.
       El ayudante Pedro Lacasa, dijo que una bala atravesó la garganta de Lavalle poco después que éste ordenara ensillar para abrirse paso frente a las partidas federales: “el tiro de un cobarde al través de una puerta vino a robar a la patria una de sus más bellas esperanzas; no podía ser de otro modo”. Este relato coincide con lo afirmado por el historiador Benencia. La versión oficial de la muerte de Lavalle menciona que fue ultimado después de haber sido intimado a rendirse por las tropas federales: “Corrió este salvaje unitario para adentro de la casa, y en el acto salió el traidor salvaje unitario Lavalle, abrochándose la cartera de la camiseta, y habiéndole gritado el señor comandante Blanco“Date a preso salvaje unitario y ríndete” cerró dicho salvaje unitario de golpe la puerta, y en el acto mandó el enunciado señor comandante que echasen la puerta, lo que efectuaron los cuatro tiradores a balazos, errando fuego una tercerola de uno de ellos, pero que él tuvo la sin igual gloria de haber dirigido su tiro por la cerradura de la puerta con cuya bala hirió mortalmente al salvaje pegándole por debajo de la barba en el pescuezo” (Clasificación del soldado José Bracho, Santos Lugares de Rosas, 14/XI/1842).




José María Rosa.




Bibliografía:


Academia Nacional de la Historia, Partes de batalla de las guerras civiles 1840-1852, Buenos Aires, 1977, t. III.
BENENCIA, Julio A., “Los restos del general D. Juan Galo de Lavalle”, en Historia n° 39, Buenos Aires, 1965.
QUIRNO LAVALLE, Ricardo, “La muerte del general Lavalle”, en Publicaciones del Instituto de Estudios Iberoamericanos, Buenos Aires, 1981, vol. II.
QUIRNO LAVALLE, Ricardo, “La muerte del general Lavalle”, en Investigaciones y Ensayos n° 31, Academia Nacional de la Historia, Buenos Aires, Julio-Diciembre 1981.

UNA HISTÓRICA FAMILIA SANTIAGUEÑA: LOS TABOADA



Escudo de armas de la familia Taboada.
Manuel Taboada.


Antonino Taboada.

Por Sandro Olaza Pallero


           Según los genealogistas el apellido Taboada es antiguo y su origen es de Lugo (Galicia), donde existe un municipio llamado Taboada, casa solariega desde tiempos de Alfonso VII de Castilla. Posteriormente el apellido se extendió por otras regiones de la Península. Derivado de táboa ("tabla"; lat. tabula), equivalente al castellano tablada (cada uno de los espacios en que se divide una huerta para su riego). Las armas principales del escudo de armas de este noble apellido son: en campo de gules, cuatro tablas de oro, puestas en palo y bordura de plata con ocho calderas de sable.
El título de condesa de Taboada fue otorgado por Carlos II el 20 de septiembre de 1683, a María Teresa de Taboada y Castro. Felipe Antonio Gil Taboada (1668-1722), prelado español nacido en Lugo, se distinguió por sus virtudes y fidelidad a Felipe V, quien lo nombró gobernador del Consejo Supremo de Castilla. Francisca Luisa de Paz y Figueroa, hija del general Juan José de Paz y Figueroa, contrajo nupcias con Ramón Antonio Gil de Taboada en 1775. Fue este el primer Taboada que arribó al Tucumán a fines de 1768, desde su villa de Vivero (Galicia). Los tres hijos varones nacidos de este matrimonio, forjarán la primera etapa del predominio familiar, en las primeras décadas del siglo XIX.
Una de las hijas, en cambio, alcanzará si no la fama, con seguridad la gloria. Fue la reverenda madre Ana María del Niño Jesús Taboada de Paz y Figueroa (1788-1852), ilustre mujer santiagueña que se distinguió por ayudar a los pobres e indígenas. Fundó el convento de Belén el 25 de diciembre de 1821 en homenaje al Niño Jesús que tanto amaba.
Su hermana, Sebastiana de Taboada Paz y Figueroa, se casó en Santiago del Estero con José Antonio de Gorostiaga y Urrejola. Su hijo fue el doctor Luciano de Gorostiaga Taboada Paz y Figueroa, aquél que por sus relevantes méritos mereció del general Bartolomé Mitre el siguiente elogio: “Su memoria debe ser honrada por los argentinos”. Fue comandante general del Resguardo, diputado a la legislatura varias veces, secretario, miembro de la comisión de redactores de la primera Constitución de Santiago del Estero y gobernador delegado.
Por su parte los Paz y Figueroa descendían del rey San Fernando de Castilla. La familia Taboada-Paz y Figueroa constituyó parte importante del patriciado de la provincia norteña de esa época. Su fuerza fue política y social: fueron propietarios de ingentes leguas de tierras. 
Desde poco antes de Caseros y hasta bien entrada la administración del presidente Nicolás Avellaneda, Santiago del Estero fue sometida a un régimen político personalizado por la familia Taboada, clan que durante casi un cuarto de siglo ejerció una gran influencia sobre todo el Norte y Noroeste argentino. Sobrinos del general Juan Felipe de Ibarra Paz y Figueroa, fundador de la autonomía santiagueña en el año 1820 y el más fiel intérprete del sentimiento federal de sus paisanos.
 Eran hijos de Leandro Taboada, quien formó parte del batallón Patricios Santiagueños reclutado por Juan Francisco Borges en 1810, al paso del ejército libertador por la ciudad norteña. Sin embargo la vida militar no le sedujo, y sin participar en la guerra emancipadora, volvió a su lugar de origen para formar su hogar en Matará. Hacendado y custodio de las fronteras en Matará, fue esposo de Agueda Ibarra, hermana menor del caudillo Juan Felipe Ibarra. Hasta su estancia recurrió el coronel Borges, su antiguo jefe, al huir derrotado por Gregorio Aráoz de Lamadrid en el combate de Pitambalá, en diciembre de 1816. Taboada, en lugar de ocultar al prófugo, lo entregó a sus perseguidores y de allí fue traído Borges para ser fusilado sin proceso, en la chacra de Santo Domingo el 1° de enero de 1817.
Militares, gobernantes, empresarios, los Taboada ejercieron el poder con energía y exclusivismo, pero también con un innegable amor a su tierra. Fueron auténticos caudillos del liberalismo, voceros del progreso –tal como lo entendían ellos-.
El general Antonino Taboada (1814-1883) derrotó al tucumano Celedonio Gutiérrez en Tacanitas, Laureles y Ceibal. Acabó con las fuerzas de Ángel Vicente Peñaloza en Mal Paso y con las montoneras de Felipe Varela en Pozo de Vargas. Los Taboada en la batalla de Pozo de Vargas mandaban sus escuadrones “Río Hondo”, “Salavina”, “Libertad”, “Choya”, “Laureles”, batallones de Tucumán y Catamarca, y la caballería al mando del mayor Pablo Irrazábal –asesino del Chacho-, cuyas sugestiones tácticas dieron el triunfo a las fuerzas nacionales. Inicialmente los riojanos desbordaron a los santiagueños, sobre todo en el flanco izquierdo y en el frente del batallón chileno, obligando a los hombres de Taboada a replegarse y al mismo convoy de mando a retroceder y ubicarse sobre la derecha, para evitar que lo atacaran por detrás. Sin embargo los bravos santiagueños se recuperaron a medida que las armas de fuego iban aumentando las bajas entre la caballería riojana, que llegó a efectuar diez cargas, en tanto que el terreno y las trincheras limitaban la peligrosidad de los jinetes y sus lanzas.
Uno de los versos recopilados de la "Zamba de Vargas" utiliza con acierto la expresión "lanzas contra fusiles" para definir la característica esencial que adoptó la batalla. El propio Varela salvó su vida, luego de que su caballo cayera muerto y fuera rescatado por la montonera Dolores Díaz, apodada la “la Tigra”. Al anochecer dio orden de retirada con sólo 180 hombres de los 4.000 con que había llegado. En el campo quedaron muertos 1200 montoneros y 200 nacionales. Antonino fue el brazo armado del régimen.
Su hermano Manuel Taboada (1817-1872) fue gobernador de 1851 a 1871 y fue llamado por Domingo F. Sarmiento “el presidente del Norte”. El 10 de octubre de 1851, Manuel Taboada comunicó a Juan Manuel de Rosas su ascensión al mando, repudiando el “funesto grito del loco traidor, salvaje unitario Urquiza”. 
Recibió las noticias del triunfo del general Urquiza en Caseros y el mismo día sancionó la ley de reasunción “del poder conferido al opresor Juan Manuel de Rosas”, y reconoció “al Libertador de la República en la persona del general en jefe del Ejército Aliado brigadier don Justo José de Urquiza”. 
Otro hermano, Gaspar Taboada, financista, fue dueño de comercios, estancias y barracas y sostuvo económicamente las luchas de sus hermanos y la administración provincial.


Bibliografía:

ALÉN LASCANO Luis C., “Los Taboada”, en Todo es Historia n° 47, Buenos Aires, marzo 1971.
CASTRO PAZ, Aldo Marcos de, “La sangre real y santa de las fundadoras religiosas argentinas”, en Publicaciones del Instituto de Estudios Iberoamericanos, Buenos Aires, 1981, vol. II.
GONZÁLEZ DORIA, Fernando, Diccionario heráldico y nobiliario de los reinos de España, Editorial Bitácora, Madrid, 1987.

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