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jueves, 6 de junio de 2013

REVISTA SEMESTRAL IHS ANTIGUOS JESUITAS EN IBEROAMÉRICA



La Revista IHS es una publicación semestral del Centro de Investigaciones y Estudios sobre Cultura y Sociedad (CIECS), perteneciente al Consejo Superior de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) Argentina. Aparece simultáneamente con la próxima conmemoración del bicentenario del restablecimiento de la Compañía de Jesús al mundo católico. Posee un formato on-line de acceso sin restricciones a todo su contenido desde el momento de su publicación. Cuenta con las secciones Artículos, Notas y Comunicaciones, Reseñas bibliográficas y Documentos históricos. Se propone publicar investigaciones originales que contribuyan al conocimiento, fomenten el debate entre investigadores y recojan variadas corrientes historiográficas. Las temáticas están abiertas a diversos aspectos de la historia de la Compañía de Jesús, abarcando el periodo comprendido entre la Fundación (1540) y la Restauración (1814) dentro del ámbito geográfico Iberoamericano.


AVISOS

CONVOCATORIA A PUBLICACION DE TRABAJOS INEDITOS EN LAS CUATRO SECCIONES DE LA REVISTA


IHS, Antiguos jesuitas en Iberoamérica invita a especialistas en la temática de la revista a enviar contribuciones para su próximo número hasta el 15 de julio de 2013.

sábado, 14 de julio de 2012

RELATOS DESDE EL EXILIO



Carlos A. Page: Relatos desde el exilio. Memorias de los jesuitas expulsos de la antigua Provincia del Paraguay. CSIC, Fundación Carolina y CONICET, Asunción del Paraguay, 2011.


Con un sugerente prólogo del profesor José Andrés-Gallego comienza este trabajo de Carlos A. Page. Una de las personas que más interés ha mostrado por los territorios, la arquitectura y el funcionamiento de las misiones emplazadas en lo que fuera la Provincia de Paraguay, en la Antigua Compañía de Jesús. Aquella que fuera extinta por Breve pontificio en el verano de 1773 y que fue acusada de delitos tan impronunciables que Carlos III prefirió conservarlos en su real pecho ordenando en 1767, sin escrúpulos ni dilaciones, que salieran desterrados todos los jesuitas que misionaban esas tierras.

Un acontecimiento, este de la expulsión de los jesuitas de todos los territorios de la monarquía hispánica, que conmovió al mundo católico de la Modernidad sin dejar impasible ni a contrarios ni a defensores de la Orden de San Ignacio. Ambos escribieron, argumentaron y debatieron sobre este tema, unos desde la protección oficial de los gobiernos regalistas, otros desde la clandestinidad a la que les sumió la Pragmática por la que el monarca Borbón prohibía cualquier tipo de comentario referente a su regio mandato.

Esta fue una de las características más relevantes de los muchos diarios y escritos del destierro que dejaron impresos o manuscritos estos religiosos expulsos, el miedo a que fueran descubiertos, un temor solo comparable al que sentían al pensar que las acusaciones que se vertían sobre ellos podían quedar sin defensa. Esa necesidad de argumentar su inocencia unido a la nostalgia de los lugares en los que habían misionado les llevó a escribir algunas de las páginas que ahora, Carlos A. Page, con la maestría del experto y la pasión del erudito, ha sabido recopilar en un espléndido libro. Un volumen que nos acerca a aquellas misiones, a su realidad antes y después de la expulsión, a sus conocidos autores y a diferentes lugares y realidades en las que estos jesuitas trabajaron, consiguiendo así brindarnos una visión global de sus experiencias, de sus sentimientos y de los frutos que logró su labor misional.

Además el autor nos presenta el trasfondo histórico de lo que fue la expulsión de los jesuitas tanto en los territorios hispánicos como en los dependientes de la Corona portuguesa, haciendo un recordatorio imprescindible al Tratado de Límites de 1750 y a los conocidos como Motines de Esquilache. Dos acontecimientos que abrieron las puertas de ese destierro y que quedan explicados con maestría antes de dar paso a asunto central del libro: los diarios de algunos de los jesuitas más célebres y sus apasionantes relatos. Una impresión cuidada, una obra que ayudará a comprender este complejo acontecimiento histórico y las peripecias de sus protagonistas, un estudio cuidadoso, serio y necesario que agradecerá toda la comunidad científica al arquitecto y doctor en historia Carlos A. Page.

Inmaculada Fernández Arrillaga
Universidad de Alicante

domingo, 1 de abril de 2012

LA JUSTICIA Y LA IGLESIA JESUÍTICA DE ALTA GRACIA

 


Por Carlos A. Page*


Desde que comenzamos a participar en la defensa del Patrimonio Cultural, desde la demolición hace veinte años de la Escuela Olmos, hoy shopping, hasta la destrucción de los espléndidos interiores del Palacio Ferreyra en 2006, siempre perdimos ante las embestidas destructoras. Hubo un solo caso en el que se salvó un edificio emblemático y fue cuando intervino la Justicia para evitar la demolición de una aristocrática institución del siglo XIX, El Panal. Fue con la utilización de un recurso de amparo presentado por el doctor Vaggione, entonces decano de la Facultad de Derecho. En todos los demás casos, las hordas no dejaron ladrillo en pie.
Esto incluye las siniestras intervenciones perpetradas a los edificios declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en Córdoba. Es una paradoja que estos fueron los más sacudidos en esta última década, donde no hubo ley o poder alguno que pudiera detenerlas. Varias de esas intervenciones se hicieron famosas con apodillos, como la “escalera de Roca”, los “baños de las Gorgas”, o las “molduras de telgopor de Correa”. Tanto la manzana de la Universidad como las estancias jesuíticas fueron víctimas, ejemplos que debemos sellar en la memoria para que no se vuelvan a repetir una y otra vez.
No es casual que la impunidad se haga más fuerte y llegue a un extremo casi sarcástico en la intervención que se está realizando en la iglesia jesuítica de Alta Gracia. Se hace con un subsidio de nada menos que tres millones de pesos del gobierno provincial al arzobispado, administrado conjuntamente por un contador de la curia y el párroco. La intervención derivó en tres agresiones que violan leyes de todo tipo. En primer lugar se quebrantó la Ley 12.665, cuyo órgano de contralor es la Comisión Nacional de Museos, Monumentos y Lugares Históricos, a quienes se les ha mentido en cuanto a investigaciones y proyecto a ejecutar. Lo han hecho tanto el párroco como los profesionales intervinientes en una serie de confusas notas que oscurecen lo realizado, al punto de que la comisión denunció un “procedimiento de cuasi clandestinidad”. Hay además un delito canónico, porque un párroco no puede levantar los huesos del cementerio primero y del interior de la iglesia después para amontonarlos hasta decidir un destino incierto. Entre los restos están los del fundador de Alta Gracia, José Manuel Solares, y descendientes suyos como los Lozada, posteriores propietarios de la otrora estancia jesuítica. Por último, la cifra entregada no es poca cosa y no se sabe cómo se usaron esos recursos, exagerados para ser empleados en la conservación de ese edificio.
La protección del patrimonio hoy requiere indefectiblemente de la Justicia como único modo de frenar tanta impunidad. Los fiscales tienen a su alcance información periodística suficiente para actuar de oficio e investigar estos hechos.


* Página 12, Buenos Aires, 31 de marzo de 2012.

sábado, 10 de marzo de 2012

INCREÍBLES PREMIOS "HEROÍNAS COTIDIANAS 2012" EN CÓRDOBA



                                                                                  







                             Por Carlos Page



El INADI otorga anualmente y esta es la tercera edición, una distinción “a aquellas cordobesas que desde distintos ámbitos contribuyen cotidianamente, con su dedicación y esfuerzo, a la construcción de una sociedad más inclusiva, equitativa y solidaria”, como expresa la web del INADI.
Y como estamos para recordar, ante la mala memoria de algunos o malas intencionalidades de otros, es del caso que para el 2012 se ha hecho nominar la Sra. Mónica Gorgas, directora del Museo de la estancia  Jesuítica de Alta Gracia para tal distinción.
Recordemos entonces que a principios del año pasado resonó en todos los medios y redes sociales[1] el tema de la censura hacia la exhibición y venta de libros en la tienda del museo que dirige. Se conformó la denuncia al INADI y al parecer se cajoneó el expediente. Pero la señora, además de la censura de libros, tiene otra causa en el INADI en su contra. Y no solo eso, sino que cuenta con dos denuncias en la Comisión de Igualdad, de Oportunidad y Trato (CIOT), dependiente de la Secretaría de Cultura de la Nación, por maltrato laboral. Incluso en su mismo museo posee una empleada con carpeta psiquiátrica y varias jubilaciones anticipadas por las mismas razones de discriminación y maltrato.
Es también público el autoritarismo con que maneja la institución, violando todo tipo de legislación por la conservación de monumentos, como lo fue en su momento la construcción de los famosos baños levantados sin autorización de la Comisión de Monumentos, violando normas elementales en la materia. También sus vínculos políticos con la municipalidad de Alta Gracia para que se le cediera parte del terreno del Banco Nación, violando con ello ordenanzas locales y que fue de dominio público en toda la prensa.
Seguramente ha usado para su nominación el tema de la “inclusión de los afrodescendientes”, cuando incansablemente y en su vida cotidiana califica peyorativamente a las personas con otra elección de sexo o cuando durante largos años excluyó del museo a personas que asistían a las actividades culturales por pensar diferente o hasta por ser ciudadano de Alta Gracia y hacer una elitista selección de invitados de su estirpe.
De tal forma que la Institución que preside la Sra. Domínguez se equivoca al dar este “Mis heroína” que le queda un poco grande a este sujeto, y deshonra al resto de distinguidas, que seguramente no reunirán las cualidades de este siniestro personaje, agazapado en conveniencias personales.

viernes, 10 de junio de 2011

LA HISTORIA QUE NO SE QUIERE CONTAR SOBRE LA MUERTE DE BUSTOS

Monumento a Juan Bautista Bustos (Parque Sarmiento, Córdoba).
Por Carlos A. Page *




En 1972 el historiador cordobés Leo Hillar Puxeddú pertenecía a la Comisión de Homenaje al Brigadier Juan Bautista Bustos en Santa Fe, donde residía desde sus jóvenes años de estudiante universitario, desarrollando una carrera brillante. A pesar del fervor de aquella época y sabiendo por varios estudios históricos realizados que era imposible localizar el sitio del enterramiento, igual se homenajeó en la iglesia de los dominicos la figura del primer gobernador constitucional de Córdoba, colocando una placa en un sitio elegido al azar. Pues se sabía que ese templo se había construido entre 1892 y 1905 con el proyecto del arquitecto Juan Bautista Arnaldi, y si bien se lo había hecho sobre el anterior, las dimensiones del nuevo casi se triplicaron y se cambió la disposición del mismo sin documentar cómo había sido el antiguo. Incluso después de la iglesia se reconstruyeron todos los claustros del convento entre 1906 y 1912.
De tal forma que el herido caudillo cordobés, que incluso lo estuvo sin una precisión histórica que lo avale, más que la tradición oral que tomó Ramón J. Cárcano al escribir sobre Quiroga en una de sus novelas históricas, fue enterrado en 1830 en la desaparecida iglesia. Obviamente, no se conoce el lugar dónde se lo hizo, incluso hasta puede haber sido en el cementerio conventual, pues una Ordenanza del siglo XVIII ya prohibía que se enterraran cuerpos dentro de las iglesias, debido a las emanaciones nauseabundas que provocaban. Basta ver, sin ir más lejos, la cantidad de cadáveres que tiene la iglesia franciscana de la abandonada ciudad de Santa Fe, en cuyos restos arqueológicos encontrados se comprobaron los deterioros inevitables que sufre un esqueleto. 
Pero del enterramiento de Bustos, sólo sabemos que hubo una ceremonia oficiada por dos sacerdotes que ostentaban sendas vestimentas litúrgicas llamadas dalmáticas, según se había solicitado. No como creyó una historiadora oficialista que había sido enterrado envuelto en dalmáticas pretendiendo encontrar hilos de oro junto a los huesos. Es más, hasta dijo que al ser terciario dominico, Bustos tendría una distinción en su enterramiento; pero lo cierto es que en esa época la gran mayoría de las personas pertenecían a algunas de las terceras órdenes (franciscanas, agustinas, carmelitas o dominicas) y otras a diversas     cofradías. 
Bustos acompañaría a muchos vecinos de Santa Fe, como entre otros su primer gobernador don Francisco Antonio Candioti, enterrado en 1815 y que tampoco se sabe dónde está. Ni siquiera se conoce la ubicación de los restos del mandatario Patricio Cullen, muerto violentamente en el combate de Los Cachos a los 51 años en 1877.
De tal forma que la única documentación histórica con que se cuenta fehacientemente es la partida de defunción, que habla de la ceremonia con los sacerdotes con dalmáticas pero no especifica en qué sitio del convento de Santo Domingo fue enterrado, ni siquiera si se lo hizo en la iglesia. Templo y convento que por otra parte fue demolido y vuelto a edificar muchos años después de muerto Bustos, quedando bajo tierra decenas de restos óseos, hoy ya no identificables más que con pruebas de ADN, aunque ya sabemos como en otras experiencias recientes, que si no se quieren hacer, se pueden dilatar judicialmente una década o más. 


* Publicado en La Mañana, Córdoba, 8 de junio de 2011. http://www.lmcordoba.com.ar/nota.php?ni=58659




INSTITUCIONES DE ESTUDIOS HISTÓRICOS DE SANTA FE
PIDEN PRECISIONES SOBRE EL SUPUESTO HALLAZGO DE LOS RESTOS DEL
BRIGADIER GENERAL JUAN BAUTISTA BUSTOS

           


Ante la información publicada en los medios de prensa sobre las exploraciones arqueológicas realizadas en el templo de Santo Domingo de la ciudad de Santa Fe que habrían dado por resultado el hallazgo de unos restos óseos que habrían sido reconocidos como pertenecientes al exgobernador de Córdoba, Brigadier General Juan Bautista Bustos, las autoridades de la  Junta Provincial de Estudios Históricos de Santa Fe, el Archivo General de la Provincia, el Departamento de Estudios Etnográficos y Coloniales y el Museo Histórico Provincial “Brig. Gral. Estanislao López”,  solicitan que, antes de anticiparse a sacar conclusiones que pudieran llevar a cometer un error lamentable y a llevarse a la provincia de Córdoba los restos de alguien que bien pudo ser un vecino santafesino de los muchos que se sepultaron dentro y fuera del primitivo templo dominico, se realicen las pruebas de ADN que estaban previstas.
            Las mismas autoridades recuerdan que cuando fue sepultado el Brigadier Bustos en 1830, el templo dominico era otro, cuya disposición arquitectónica se desconoce. Que cuando fue construido el actual, a fines del siglo XIX, no se conservó la memoria de la localización aproximada de las personas sepultadas, entre ellas la del primer gobernador de Santa Fe, Don Francisco Antonio Candioti. Que por lo tanto no existe manera de identificar los lugares en que pudieron ser sepultados la mayoría de las personas que yacían en el templo.
            Así fue que en 1972 se colocó una placa de mármol en las proximidades del altar para recordar que en este templo se encontraban sepultados los restos de Bustos, pero sin pretender indicar que el lugar de la placa coincidía con el de la sepultura del prócer.
Las instituciones de estudios históricos santafesinas hacen notar que la elección de cualquier punto para iniciar la búsqueda de cualquiera de las personas sepultadas bajo las losas del antiguo templo es antojadiza, aunque es lo más probable que toda excavación que se emprenda dé por resultado el hallazgo de restos óseos pertenecientes a una o a varias personas.
Si el equipo de arqueólogos y antropólogos que realizó la excavación tiene elementos para exhibir en respaldo de la identificación de los restos hallados debe darlos a conocer, fuera de la muy dudosa argumentación de las costillas mal soldadas.
Si es verdad que se descubrió una bóveda que habría alojado los restos de Bustos en mejores condiciones que una sepultura común, debe ser dada a conocer a otros especialistas.
Si existió un  Protocolo para la Intervención que han observado los especialistas intervinientes: antropólogos y o arqueólogos, debe ser hecho público.
Si la Orden de Predicadores disponía de datos en sus archivos de Córdoba, o aun de la misma Santa Fe, que no han sido hecho públicos, sobre el lugar donde fueron sepultados los restos de Bustos, o sobre la antigua disposición arquitectónica del templo viejo, debió y debe comunicarlos, especialmente cuando la Junta de Estudios Históricos los solicitó expresamente en diciembre de 2009.
El argumento expuesto por los antropólogos sobre las características de lo restos hallados, que corresponderían a un hombre de 51 años que ha sufrido lesiones en las costillas no resulta excluyente de otras personas sepultadas en el lugar, como es el caso del exgobernador de la provincia de Santa Fe, Don Patricio Cullen, muerto violentamente en el combate de Los Cachos a los 51 años en 1877.
Se hace notar que la Junta de Estudios Históricos, en noviembre de 2009, produjo un dictamen en el que requería de las autoridades de la Provincia de Córdoba las mayores garantías y precisiones sobre los pasos a seguir y a la Orden de Predicadores toda la documentación disponible. Que como consecuencia recibió del Gobierno de Córdoba un informe de las exploraciones realizadas con detector de metales que mostraba señales confusas en diversas partes del templo a profundidades no mayores de 60 centímetros.
Que la referencia hecha por un funcionario del gobierno de la provincia de Córdoba a la participación del Dr. Leo W. Hillar Puxeddu en el proceso de investigación y búsqueda de los restos de Bustos resulta improcedente, ya que el citado historiador, miembro de la Junta de Santa Fe y ex presidente de la misma, publicó diversos artículos y notas en los que expresaba la imposibilidad de localización de la tumba del Brigadier Bustos, como el aparecido en "La Voz del Interior", de Córdoba el 4 de Abril 1976 en el que con precisión, se propone poner punto final a la cuestión del lugar de sepultura de los restos de Bustos.
Frente a lo expuesto, las autoridades de las instituciones firmantes, ponen en tela de juicio la filiación atribuida a los restos exhumados en el presbiterio del Templo de Santo Domingo de la ciudad de Santa Fe, y alertan a la población de las provincias de Santa Fe y de Córdoba sobre el grave e injustificable error que podría significar el traslado de unos restos anónimos para ser honrados en la catedral de Córdoba como pertenecientes al Brigadier General Juan Bautistas Bustos.
Consecuentemente piden la realización del correspondiente ADN y la suspensión del traslado de los restos hasta obtener los resultados.
Del mismo modo advierte que la ley de 1975 que autoriza el traslado de los restos de Bustos es aplicable solamente en el caso de que, efectivamente, esté probado que los restos humanos que se pretende sacar de la provincia correspondan al citado prócer argentino, cosa que está lejos de haberse concretado.


Firman:

Lic. Liliana Montenegro de Arévalo
Vicepresidente - Junta Prov. de Estudios Históricos.

Lic. Pascualina Di Biasio
Directora – Archivo General de la Provincia de Santa Fe

Arq. Luis María Calvo
Director – Departamento de Estudios Etnográficos y Coloniales

Prof. Alicia Talsky
Directora – Museo Histórico Provincial “Brig. Gral. Estanislao López”.


Juan Bautista Bustos.

viernes, 13 de mayo de 2011

¿LO HICIERON A PROPÓSITO O LES SALIÓ SIN QUERER? ESTÁ AÚN EN PIE LA PRIMERA ESTACIÓN FERROVIARIA DE LA CIUDAD DE CÓRDOBA

                                                                    



Estación de Córdoba donde se observa que ya no está el galpón central (1928).

Galpón del Ferrocarril Central (fines del siglo XIX). 
Vista de la estación de Córdoba del Ferrocarril Central Argentino a fines del S. XIX. A la izquierda se aprecia el sector que se conserva, el resto fue demolido en distintas épocas. 
Vista de la estación de Córdoba del Ferrocarril Central Argentino (fines del Siglo XIX). A la izquierda se puede apreciar el sector que conserva, el resto fue demolido en distintas épocas.

Por Carlos A. Page





Transitaba por la avenida donde están construyendo la flamante Casa de Gobierno en terrenos del ferrocarril y me sorprendió ver la demolición de un sinnúmero de galpones centenarios que tenía la empresa. Pero más me sorprendió que conservaran aún uno muy importante. Quizás no se percataron, quién sabrá, pero ese viejo galpón fue nada menos que una pequeña parte de la original Estación del Ferrocarril Central Argentino, el primero de Córdoba.                        
            La estación se componía de dos largos galpones unidos por otro por donde estacionaba el tren como vemos en las fotografías de fines del siglo XIX, aunque ya para 1928, la serie de tomas a vuelo de pájaro que se realizan de la ciudad, se observa que se había quitado la techumbre central. Pues el edificio había dejado de funcionar como terminal de pasajeros. Efectivamente, en 1909 el arquitecto británico J.W. Brown diseñó el actual edificio, mientras que el ingeniero R. Kirby tuvo a su cargo la dirección de la obra, que se concluyó en dos etapas, 1919 y 1922, en el que quedó finalmente acabado toda la edificación. El contexto de esta nueva y deslumbrante obra para su tiempo, era que se estaban por cumplir los cuarenta años de libre extensión de tasas e impuestos para la empresa y para continuar con esos privilegios, el Central Argentino simuló en 1902 una venta al The Buenos Aires and Rosario Railway Company Limited y por ley quedó ampliado el plazo, y la nueva empresa comenzó a llamarse General Mitre.
            Pero recordemos el viejo galpón que al menos hasta hoy subsiste, aunque se lo haya recortado en su extensión hace mucho. Lo construyó la empresa de Mr. William Wheelwright, pues fue el contratista de la formidable línea férrea que unía Buenos Aires-Córdoba. El mismo Alberdi escribió una biografía de él y hasta esa avenida llevó alguna vez su nombre. Admirado por la sociedad contemporánea que lo adulaba descaradamente, no era ni técnico ni capitalista, sólo un inteligente representante de los intereses de la           Corona.
         
Ciertamente ni siquiera los empresarios británicos tuvieron mucho para pensar con el emprendimiento, pues ya lo había hecho en 1854 el ingeniero norteamericano Allan Campbell que propuso al presidente Urquiza el estudio completo del trazado ferroviario. Un año tardó en hacerse dichos estudios, que luego los ingleses, con la “habilidad” comercial que los caracteriza, “tomaron” su trabajo, “conversaron” con las autoridades y lo llevaron adelante consiguiendo su concesión.             

       Fue el 18 de mayo de 1870 en que una perpleja muchedumbre cordobesa veía llegar la primera locomotora que traería al mismo empresario. Pero lo cierto que aún adeudaban estaciones de la jerarquía que reclamaban, construyéndose rápidos y precarios edificios de fabricación inglesa armados en el lugar, totalmente revestidos con laminados de zinc acanalados. El proyecto de esta primera estación, escribimos hace años en un estudio sobre las tipologías arquitectónicas del siglo XIX, lo realizó el ingeniero del Ferrocarril E. Harry Woods. Su contexto político fue la presidencia de nada menos que Domingo F. Sarmiento (1868-1874), donde las empresas británicas percibieron fabulosas ganancias, pero dejaron al país con una vinculación directa al sistema portuario que favorecería las exportaciones de la que fue “La granja de Europa”, aunque el costo lo pagaran los argentinos. Pero el emprendimiento de Wheelwright animó al Estado a emprender nuevas obras y en apenas dos décadas Córdoba ya poseía nueve líneas férreas.       
       Este pequeño y simple edificio rectangular que puede no decir nada a la belleza arquitectónica de Córdoba, sin duda tiene significados patrimoniales que van mucho más allá de los valores estéticos. Cuenta una historia que como tal nunca debemos olvidar por más triste que sea.
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