Mostrando entradas con la etiqueta Alberto José Bondesío. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Alberto José Bondesío. Mostrar todas las entradas

jueves, 24 de enero de 2013

ROTARY CLUB

Paul Harris fundador del Rotary International.



Por Alberto José Bondesío



El Rotary Club, asociación de hombres, preferentemente de negocios y profesionales, que se proponen moralizar y mejorar los espíritus contribuyendo a la paz universal mediante la práctica de una moral sin dogmas y de un laicismo y naturalismo absolutos, es la masonería internacional esparcida por todo el mundo, como noviciado de la Orden, para probar, ensayar y conquistar adeptos.
Sus jefes son elegidos por los masones residentes en la ciudad norteamericana de Evanston, Illinois, cerca de Chicago, sede del organismo central.
Su nombre surgió de la costumbre de celebrar las reuniones del primer club por “rotación” en los distintos despachos de los socios fundadores.
El “mallete”, distintivo del venerable maestro de la logia masónica, es también el distintivo del presidente del club rotario; y la bandera blanca de los masones es el emblema de los rotarios, que han sustituido en ella el águila de dos cabezas por la rueda dentada.
Fue fundado el Rotary Club, o Círculo de la Rueda Dentada, el 23 de febrero de 1905 en Chicago por el abogado masón Paul Harris, estableciéndose en nuestro país el 8 de noviembre de 1919. Todos sus primeros miembros fueron masones, y hoy en día muchos masones son socios del Rotary como rotarios de la masonería.
Manifestó el fundador: “Nuestro plan hace caso omiso de todo credo y glorifica los hechos. Rotary está abierto a protestantes, católicos, judíos, musulmanes, cristianos, budistas y ateos. ¿Vamos a ser retrógrados, o debemos ir adelante con el progreso de los tiempos?.
El hacer caso omiso de todo credo y glorificar los hechos es uno de los postulados fundamentales de la masonería.
Expresado en otras palabras significa: racionalismo en doctrina, naturalismo o laicismo en moral e indiferentismo absoluto en religión.
En mayo de 1936 el Gobernador del distrito 63 manifestaba respecto a la religión: “ni siquiera debemos acordarnos de ella”.
Por otra parte el rotario William Mayer afirmaba en México que “todos y cada uno de los rotarios deben desterrar de sus mentes los prejuicios de religión y de nacionalidad”.
En 1944 el rotario argentino Dr. del Forno aseguró que “la moral sin dogmas forma la conciencia del Rotary”.
De estas declaraciones podemos inferir que para un rotario es muy fácil hablar de tolerancia religiosa en su propaganda laicista; pues, si en nada cree, todo para él resulta la misma cosa.
Por demás reveladoras resultan las palabras del rotario argentino Salvador Díaz Moreno quién afirmaba: “al Rotary no le interesa la religión ni los dogmas revelados; ni dioses, ni tampoco los santos. El Rotary vive de la realidad del presente; pero en sus entrañas se gesta una “nueva religión laica” de la amistad. El porvenir dirá si tendrá o no su Olimpo”.
El masón español Pérez Torreblanca decía en la Asamblea de la Masonería Simbólica de España: “Por sus orígenes los clubes rotarios cumplen una función internacional muy parecida a la masónica, aunque la limitación de sus fines los coloque en la situación de hermanos menores de nuestra Orden. La masonería debe colaborar en este movimiento para que no se desnaturalicen sus fines primordiales. El movimiento rotario, condenado por la Iglesia y perseguido por los obispos, merece una simpática consideración, e incluso el apoyo de integrarlo allí donde las posibilidades masónicas lo permitan”.
Cabría, luego de todos estos testimonios mencionar aquello de que “a confesión de parte relevo de prueba”.
El Episcopado español en pleno, a mediados del siglo XX condenó en forma expresa al Rotary Club.
El que fuera primado de Toledo, Monseñor Segura y Sáenz escribía en una pastoral: “El Rotary hace profesión de un laicismo absoluto y de una indiferencia religiosa universal, intentando moralizar a los individuos y a las sociedades con total prescindencia de nuestra Santa Madre la Iglesia Católica. Mientras predican una moral sin religión para llegar a la paz universal, ocultan, bajo un aspecto comercial, recreativo, filantrópico, pedagógico, neutral, pero siempre laico, la negación de la moral verdadera y de la verdadera religión, que tratan de sustituir con una religión que no es la de Jesucristo”.
En la Resolución Nº 87 del Episcopado Argentino (no derogada hasta el presente) ordena lo siguiente: “Deben nuestros fieles andar muy cautos en dar su nombre y apoyo a asociaciones de carácter internacional con principios doctrinarios opuestos a las enseñanzas de la Iglesia y con gobierno sustraído a toda dirección e influencia de la misma. Entre esas asociaciones se puede incluir con justicia al Rotary Club”.
El Santo Papa Pío XI  decía en su encíclica Mortálium ánimos del 6 de enero de 1928 al referirse a todo sistema ético que no se base en los principios cristianos: “..las tentativas de acuerdo en este terreno, no pueden, en ninguna manera, obtener la aprobación de los católicos, puesto que están fundadas en la falsa opinión de los que piensan que todas las religiones son, con poca diferencia, igualmente buenas. Cuantos sustenten esa opinión poco a poco vienen a parar en el naturalismo y ateísmo”.
L’Observatore Romano, órgano oficioso de la Santa Sede hacía referencia en uno de sus números al “carácter antirreligioso y anticatólico del rotarismo”.
La Santa Sede, respondiendo a la consulta de los Obispos, lo prohibió terminantemente para todos los clérigos en su “non éxpedit” del 4 de febrero de 1929 y luego Pío XII  repitió tal prohibición el 11 de enero de 1951, añadiendo para los fieles en general  una exhortación, en la cual les aconseja que se cuiden de pertenecer a sociedades condenadas por la Iglesia, o simplemente sospechosas, a tenor del canon 684 del Código de Derecho Canónico.
Pablo VI en “Insegnamenti di Paolo VI”, III, Vaticano 1965 (867-868) manifiesta su deseo de que los clubes rotarios “sin cambiar su estilo y su programa, de la misma manera que es seria y elevada la expresión cultural y científica, mantengan una actitud respetuosa ante los valores espirituales y religiosos y no quede marginado el maestro de la Humanidad, Cristo Señor nuestro”.
La “invocación” que abre todas las reuniones de los rotarios ofrece una muestra de esta marginación. En ella está latente el deísmo, típico de la masonería regular ya que en su escueta mención a “Dios”, también en las regiones de mayoría cristiana, parece recoger la insistencia masónica en lo común a todas las religiones y en la igualdad de todas ellas, al menos en la vertiente pública. Lo específicamente cristiano o de cualquier otra religión queda así recluido en el foco interno de la conciencia individual o dentro de sus templos.
Estos importantísimos documentos al día de la fecha siguen teniendo vigencia habida cuenta que no ha sido emitido por el Vaticano nada en contrario.
En el año 1964 decía el masón W.Godward que la Masonería y el Rotary compartían por caminos diferentes los mismos objetivos.
En el año 1975 el rotario Juan Di Filippo (Rotary Club Rosario Norte) reconocía que solamente algunos rotarios y masones tenían acceso al conocimiento sobre el  estrecho vínculo que unían a ambas instituciones.
El célebre pensador inglés Chésterton la define como: “una organización sin alma, desprovista de toda dignidad espiritual. El compañerismo rotario no tiene nada de cristiano y su teoría de la propia suficiencia es la más negra de las modernas herejías. El hombre no se basta a sí mismo, debe apoyarse en Dios; y el rotarismo prescinde de toda idea divina en las relaciones humanas. La hermandad de los hombres necesita de la paternidad de Dios. Cuando se suprime o evita la creencia en lo sobrenatural, como hace el Rotary…….”.-
Cuando el fundador del Rotary afirmaba que “Nuestro plan hace caso omiso de todo credo y glorifica los hechos” es importante para nosotros, los católicos, tener muy presente lo que el Santo Padre Juan XXIII escribiera en su encíclica Pacem in terris: La Iglesia, a través de la historia, ha condenado repetidas veces los errores que pretendían reducir la actividad social al ámbito puramente material, y ha enseñado que la sociedad humana tiene que ser considerada, ante todo, como una realidad de orden principalmente espiritual”.
Anteriormente y en línea con este pensamiento había escrito el Santo Padre Pío XI en su encíclica Quadragesimo anno: “Según la doctrina cristiana, el hombre dotado de naturaleza social ha sido puesto en la tierra para que, viviendo en sociedad y bajo una autoridad ordenada por Dios, cultive y desarrolle plenamente todas sus facultades para gloria y alabanza de su Creador; y cumpliendo fielmente los deberes de su profesión o de su vocación, sea cual fuere, logre la felicidad temporal y juntamente la eterna”.-
En el Rotary el tema religioso está dejado de lado siguiendo los postulados de su fundador….es por ello que todo credo es aceptado habida cuenta que ninguno importa…todos son iguales.
Un católico no debe ni puede aceptar alegremente esta conducta rotaria, no debe ni puede al decir de José María Pich (en su obra “La sal de la tierra” edit. Rialp) hacer que “la fe y la vida estén separadas en su persona dando con ello lugar a un falso cristianismo, un cristianismo descarnado y sin vida….ello es producto de un ambiente descristianizado en el que se ha ido perdiendo todo ideal espiritual, toda idea del sentido real, humano y divino, de la vida.”.
Escribía J. Escrivá de Balaguer en su obra Camino: “Qué afán ponen los hombres en sus asuntos terrenos…..cuando tú y yo pongamos el mismo afán en los asuntos de nuestra alma tendremos una fe viva y operativa….”.
La tibieza y la falta de un compromiso auténtico y profundo con Cristo hacen que muchos católicos crean que se puede por un lado llevar adelante una vida de “cumplimiento” (“cumplo” y “miento”) en el seno del catolicismo y a su vez ser protagonistas en una institución que pone en un mismo plano de igualdad a la Iglesia Católica con todas las demás incluyendo a los ateos.-
Es muy preocupante el hecho que algunas instituciones católicas tengan respecto al Rotary una actitud ambivalente manifestada en el hecho de que miembros que pertenecen a ellas sean figuras prominentes en esta organización internacional sin que se tomen los recaudos necesarios para paliar esa triste situación.
Creo, sinceramente, que la razón de ello pasa fundamentalmente por el casi nulo conocimiento que se tiene sobre la misma….y agregaría por el poco interés en tenerlo.
Se convierten estas instituciones religiosas en funcionales a los supremos objetivos del Rotary….descristianizar a la sociedad…..
El escritor católico Armando Tonelli en su obra “La verdad sobre Rotary” (agotada pero se puede acceder a ella por Internet) en varios capítulos va desgranando toda la trama respecto a Rotary y la posición de la Iglesia Católica para con ella.
Una alta jerarquía de la Iglesia Católica al ser consultada sobre qué posición debería tomar un católico sobre el Rotary contestó que dependía ello de lo que definiere el obispo de la diócesis a la que el fiel perteneciera.
Pobre respuesta…..implicaría aceptar que según la opinión de un Obispo el Rotary es bueno o malo. ¿Qué pasaría con la feligresía que teniendo un Pastor con opinión favorable fuese cambiado por otro que la tuviera en contrario?...
Aquí también cabría adjudicarle  esta respuesta al desconocimiento…es por cierto una actitud de tibieza ante un asunto importante.
Es curioso observar cómo algunos católicos miembros de Rotary manifiestan no estar de acuerdo con las afirmaciones del fundador de la institución y menos aún con los testimonios de Conferencias Episcopales y escritos y confesiones de prominentes masones y rotarios.
Creen  muchos de ellos que la misión trascendente de Rotary pasa por la filantropía  y la generación de buenas relaciones entre sus asociados….evidentemente no han profundizado y meditado sobre conceptos que son propios de la institución que, al menos para los católicos, deberían ser inaceptables.
Se puede “explicar” esta actitud desde el desconocimiento respecto a la propia institución a la que pertenecen o ya bien a otros intereses personales.


lunes, 13 de agosto de 2012

BREVE RESEÑA HISTÓRICA DE LA ACCIÓN DE LA MASONERÍA EN NUESTRO PAÍS DURANTE EL SIGLO XIX

Domingo F. Sarmiento.



Por Alberto José Bondesío



Introducción.

Antes de desarrollar el accionar de la Masonería en nuestro territorio amerita que describamos sucintamente los fundamentos que la diferencian de la Fe católica. Fe que nuestros próceres supieron cultivar y defender durante su larga lucha por la independencia y el posterior período en que el Restaurador, Don Juan Manuel de Rosas, ordenó no solo a la provincia de Buenos Aires sino a la Confederación  toda.
Nos basta para ello, entre muchas otras, traer a colación la Declaración de la Conferencia Episcopal Alemana del 28 de Abril de 1980 que sentenciaba lo siguiente:
La Masonería no ha cambiado en su esencia. La pertenencia a la misma cuestiona los fundamentos de la existencia cristiana”.
Las principales razones alegadas para ello fueron las siguientes:

1.- La cosmología o visión del mundo de los masones no es unitaria, sino relativa, subjetiva y no se puede armonizar con la fe cristiana.-
2.- El concepto de verdad es, asimismo, relativista, negando la posibilidad de un conocimiento objetivo de la verdad, lo que no es compatible con el concepto católico.-
3.- El concepto de religión que tienen es relativista y no coincide con la convicción fundamental del cristianismo; el concepto de Dios, simbolizado a través del “Gran Arquitecto del Universo” es de tipo deístico y no hay ningún conocimiento objetivo de Dios en el sentido del concepto personal del Dios del teísmo, y está transido de relativismo, lo cual mina los fundamentos de la concepción de Dios de los católicos.

Cabe complementar lo precedente mencionando que el 17 de Febrero de 1981, una vez más desde el siglo XVII, la Congregación para la Doctrina de la Fe publicaba una declaración en la que afirma nuevamente la excomunión para los católicos que den su nombre a la secta masónica y a otras asociaciones del mismo género, con lo cual, la actitud de la Iglesia permanece invariable, e invariable permanece aún en nuestro días.


Las sociedades secretas antes y después de Caseros.

Desde 1806 hasta 1856 no hubo logias masónicas propiamente dichas en la Argentina; pero sí hubo masones aislados, que al infiltrarse en las sociedades secretas de los patriotas ganaron adeptos entre sus miembros, logrando formar grupos políticos de argentinos con mentalidad filomasónica, conscientes los menos e inconscientes los más. Los miembros de la logia irregular a la cual pertenecían, habrían penetrado en el Club de los morenistas y en la Sociedad Patriótica, y luego en la Logia Lautaro. Todos ellos ocultaron su verdadera personalidad en el secreto y clandestinidad que la secta mantuvo hasta Caseros.
Las ideas patrocinadas por estos pocos demoliberales con tendencias extranjerizantes, antitradicionalistas y anticriollistas, que pretendieron herir de muerte a la Patria en su íntimo ser nacional, y que desde sus albores, provocaron el general repudio de la parte más sana del pueblo criollo; reconocen todas ellas su paternidad masónica, en  sus contenidos y en sus principios.
Estos no entendían que el patriotismo debe asumirse como cosa recibida en  herencia, como un llamado de la tierra de los padres, como un legado acrecentado por el aporte de las generaciones. Pero la minoría urbana, de espaldas a la tierra, confundía el patriotismo con el esplendor de recetas aprendidas en la farmacopea de la filosofía liberal.
Federico Ibarguren al respecto nos decía: “debemos continuar el pensamiento y la política de aquellos patriotas, defensores de nuestra soberanía; para que renazca en estas tierras metalizadas una nueva era de Civilización y de Fe, siguiendo nuestra tradición, que no es cosa de archivos, sino que actúa en las entrañas de nuestro pueblo como la sangre que irriga nuestro organismo”.
Los masones, ocultos en esas sociedades habían definido a Juan Manuel de Rosas como “el más bárbaro y brutal de los tiranos de América Latina, el salvaje de la pampa que vomitó el infierno”.
El Salón Literario fue una de esas sociedades que, realizando trabajos antirosistas, fomentaba las diversas coaliciones para derrocar al Restaurador.
Si en algún período de la historia argentina pudieron intentar los masones instalar sus logias en nuestra patria, el menos adecuado fue ciertamente el rosista, durante el cual, según dicen ellos, debieron dormir su “gran sueño”.
Estas sociedades secretas infiltradas de masones desempeñaron un papel importante en los aciagos tiempos en que los unitarios habiendo conseguido la traición de Urquiza  y  el apoyo de Brasil consumaron la acción que se convertiría en bisagra de nuestra historia. Bisagra a partir de la cual empezamos el lento y continuado proceso de pérdida de nuestra identidad.
Después de Caseros, la principal sociedad secreta que se fundó fue la logia “Juan-Juan”. Integraban esta logia, entre otros, Miguel Estéves Saguí, José Mármol, Adolfo Alsina, Juan José Montes de Oca,  José María Moreno, y los militares Pirán, Hornos, Conesa, Emilio Mitre etc. Todos ellos acicateados por Sarmiento desde Chile.
Su objetivo: generar una resistencia al gobierno de Urquiza y tratar de producir su eliminación  física.
La intervención de Valentín Alsina y de Bartolomé Mitre hizo que desistieran de ello pero sí en cambio llevaron adelante la revolución del 11 de setiembre de 1852.
En 1856 aparece la sociedad secreta “Juan-Juanes” que se constituyó como “control de Estado” durante el gobierno porteño de Pastor Obligado y sus terroristas liberales.
Su ministro de Guerra, Coronel Bartolomé Mitre, sacrificó pasando por las armas a muchos ciudadanos como así también a los prisioneros de guerra. Entre ellos, el héroe de Martín García el general Jerónimo Costa.
Los emigrados Sarmiento y Mitre, los de mayor peso a la hora de escribir la historia de nuestra patria, fueron miembros de la Masonería en su Grado 33 (Rito Escocés Antiguo y Aceptado).
Si asociamos esto con el concepto que de Rosas tenía la masonería nos será sencillo inferir la razón fundamental por la que el Restaurador de las Leyes fue fuertemente denostado y calumniado en nuestra historia oficial durante tantos años…incluso hoy día.



Instalación oficial de la Masonería hasta el fin del siglo XIX.


La fundación oficial de la Masonería en la República Argentina data del 9 de marzo de 1856, con la apertura de la logia madre “Unión del Plata” que sesionó en sus primeras “tenidas” en una casa ubicada en la esquina de Brasil y Balcarce, junto al parque Lezama.
Después de Caseros, los primeros masones que instalan sus logias son los extranjeros. Los franceses fundan en 1852 la logia “Amie des naufragés”. Los ingleses crean la logia “Excelsior” en 1853.
Entre los primeros catorce masones argentinos inscriptos en 1856 en la logia madre para la República Argentina, figuran: Domingo Faustino Sarmiento, Santiago y Francisco Albarracín.
“Después de la larga noche de la tiranía rosista, dicen los masones, la Masonería que vivió oculta o semioculta, reabre sus “trabajos” para replegarse luego en el silencio de sus “talleres” al terminar el período inquieto de la organización nacional”.
Es innegable que la Masonería ejerce una considerable fuerza de atracción, porque halaga el orgullo del hombre, se muestra a las almas ansiosas de verdad y certeza, pero apartadas de Dios, como la religión universal del porvenir, de la cual todas las religiones pasadas y presentes no serían más que etapas históricas o pasajeras.
Al hablar de este período de nuestra historia dice Atilio García Mellid: “Después de Caseros y Pavón se inició la ofensiva destinada a abatir las substancias católicas de nuestra vida: programa compacto de abatimiento de nuestras bases religiosas. El liberalismo asimiló los principios naturalistas y positivistas, constituyéndose en una verdadera filosofía que negaba al ser y a la nacionalidad y a todo el conjunto de sus valores espirituales…”.
Uno de los acontecimientos masónicos de mayor trascendencia nacional fue la “Magna Tenida” del 21 de Julio de 1860 en la que se le confirió el Grado 33 “a los ilustres hermanos Santiago Derqui, presidente de la República Argentina; General Bartolomé Mitre, gobernador del Estado de Buenos Aires; Domingo Faustino Sarmiento, ministro de gobierno de Buenos Aires y Coronel Juan Andrés Gelly y Obes, ministro de guerra del mismo Estado; y regularizó en el mismo grado al Gobernador de Entre Ríos, General en Jefe de los Ejércitos de Mar y Tierra de la República, ilustre hermano Justo José de Urquiza”.
El masón Martín Lazcano bautizó este acto con el sugerente nombre de “compromiso de Honor Urquiza-Mitre”; que tendrá su explicación histórica inmediata en la “misteriosa” y “milagrosa” retirada de Urquiza en la batalla de Pavón del 17 de noviembre de 1861, dejando el triunfo fácil a Mitre.
La consecuencia de este hecho militar no trajo la paz, ya que los agentes de Mitre se dedicaron a sembrar el terror en las provincias, regando el territorio patrio con la generosa sangre criolla, “convirtieron al país en un vasto osario” según se lee en los periódicos de la época. Siguiendo de acuerdo con la consigna de Sarmiento de “no economizar sangre de gauchos”, a quienes apodaba “chusma criolla, incivil y ruda”.
Sarmiento y Mitre…la Masonería los cobijaba.
Los principios liberales que estos masones apuntalaban terminaban en las mayores tiranías que, en aras de la deidad masónica, sacrificaban también la fe de la más pura amistad y el culto supremo de la verdad.
Desde la instalación del Gran Oriente Argentino la masonería comienza a actuar como una fuerza de primer orden en la política y en el gobierno de la nación; y, desde Pavón, ya nada importante se cumplirá en el orden público sin que lleve el sello masónico.
El “trabajo” de la masonería explica la orientación decididamente laicista-liberal que tomó el país con su carácter centralizador que la acompañó; la hegemonía que adquiere Buenos Aires sobre las provincias y el predominio creciente de los hombres de la capital.
Cabe, finalmente, tener muy presente lo que escribía en 1951 Fabián Onsari, Gran Maestre de la Masonería Argentina: “La masonería jamás actúa como institución; son sus hombres los que, colocados en distintas esferas sociales, hacen sentir la influencia de sus enseñanzas”.



                                                                





Powered By Blogger