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jueves, 23 de abril de 2026

ESTANISLAO S. ZEBALLOS DECANO DE LA FACULTAD DE DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES DE LA UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES EN TIEMPOS REFORMISTAS

 



                                                       Sandro Olaza Pallero*

 

 

1.  Introducción

      Estanislao S. Zeballos fue el primer presidente y organizador del Instituto Popular de Conferencias y en el 25° aniversario de su fallecimiento en la sesión del 20 de mayo de 1950 se realizó un homenaje en su honor donde se puede apreciar un resumen de su trayectoria pública. Gregorio Aráoz Alfaro presidente de esta institución destacó que como lo había recordado varias veces Ezequiel P. Paz director de La Prensa y fundador del Instituto, Zeballos no solo asumió la presidencia de su consejo directivo, sino que también redactó sus “Fines” y le imprimió sus características y dinamismo: “Pero su acción en la organización y orientación de nuestro Instituto no fue sino uno de tantos objetivos y de tantas tareas que le preocuparon. Zeballos fue, en efecto, periodista, parlamentario y hombre de Estado, profesor universitario, jurisconsulto, diplomático, hombre que se interesó profundamente en todos los progresos y adelantos de la nación, alcanzando en todas esas esferas de actividad, un altísimo prestigio y una autoridad incontrastable. Fue hasta geógrafo y geólogo, siendo fundador de varias asociaciones científicas. En materia de literatura escribió desde los primeros artículos ligeros en su juventud, hasta las editoriales resonantes de La Prensa que todo el mundo leía, y desde las novelas históricas y geográficas sobre asuntos indígenas, que tanto me interesaron cuando era estudiante, hasta los tratados de diplomacia americana y de crítica constitucional que fueron sus últimos trabajos. La justicia de la historia no ha llegado aún para Estanislao Zeballos”. Aráoz Alfaro mencionó que Zeballos luchó frecuentemente con violencia y era natural que despertara envidias y enemistades. En cincuenta años de vida pública sus adversarios le hicieron críticas sarcásticas en detalles insignificantes. “Pero ocultaban con esas críticas todo lo grande, todo lo importante, todo lo patriótico que hacía”. Agregaba Aráoz Alfaro que: “Cuando a los 70 años de edad, pocos meses antes de su muerte, fue invitado a dar conferencias en Estados Unidos, sólo una inspiración de bien nacional pudo hacerlo aceptar. Estaba seriamente enfermo y los médicos y su familia se oponían tenazmente al viaje. No podía ya desoír honores. Había alcanzado los más grandes a que un hombre de talento pueda aspirar en la cátedra y en el periodismo, en la magistratura, en el derecho, en el Parlamento, en el gobierno y en la diplomacia. Fue, como dijo en Williamstown, por ser un amigo leal de Estados Unidos, a buscar allí una consagración más para el nombre argentino. Tenía la conciencia de que el derecho -el derecho civil, el constitucional y el internacional privado- habían sido dignamente y altamente proclamados en su país”. Aráoz Alfaro recordó que Zeballos fue escuchado en Estados Unidos por un grupo selecto de juristas y luego viajó a Europa y al llegar a Liverpool expiró: “Bien ha dicho Leopoldo Lugones: Como a todo verdadero varón, puede hacérsele el mejor elogio con decir que su último día señaló su último trabajo”. Zeballos al presidir el Instituto Popular de Conferencias pronunció el discurso inaugural el 8 de julio de 1915 y sus posteriores disertaciones fueron “El sentimiento religioso en el arte” (2 de agosto de 1918); “Cuestiones y legislación del trabajo” (27 de junio de 1919); “El Estado frente a la cuestión social” (27 de mayo de 1921); “La International Law Association. Influencia de la República Argentina en los progresos del Derecho Internacional" (27 de octubre de 1921); y “Los valores políticos y sociales del presente” (26 de marzo de 1922) [1].         

      En su conferencia sobre Zeballos, Horacio Rivarola dijo: “Su nombre se abre apresurado paso en el tiempo; alumno del Colegio Nacional de Buenos Aires, pero después de ser instalado; Colegio Nacional, como lo llamó Mitre; Nacional, como aun antes, según documentos oficiales, se designó al que fundó Urquiza en Concepción del Uruguay, nombre que expresó anhelos, en  reacción contra el localismo inmediato; Colegio Nacional, para que sirviera a la nación y no a determinada provincia, para que sus alumnos que provenían de todas partes, pudieran decir que los educó la nación”. Recordaba que Zeballos casi adolescente integró como secretario la Comisión Popular de salubridad presidida por José C. Paz para la defensa contra la fiebre amarilla. Posteriormente se destacó como reportero, investigador de la naturaleza, estudiante de ingeniería, abogado, director de diarios, diputado en tres períodos y tres veces ministro. Zeballos se enorgulleció en la presentación que le hizo el senador Pierantoni en una universidad italiana: “Es un antiguo ministro de relaciones exteriores ascendido a profesor de la Universidad de Buenos Aires”. En la trayectoria de Zeballos rememorada por Rivarola agregaba que fue teniente coronel de guardias nacionales. Miembro del club naval, director de Correos y Telégrafos, ministro diplomático, presidente de la Sociedad Científica y de la Sociedad Rural, del Club del Progreso, del Círculo de Periodistas, miembro correspondiente de numerosas asociaciones extranjeras, poeta, autor de centenares de obras sobre derecho, literatura, ciencias naturales, temas militares, agrícolas, económicos, pedagógicos, históricos, nombres históricos y lingüísticos, de viajes de estudio y autor de proyectos de códigos. Zeballos fue un hombre de la Generación del Ochenta que se sintió con el mandato de transmitir a la posteridad la impresión de paz y orden derivados de la organización constitucional. “Zeballos perteneció a esa generación del 80 y ello explica, así sea parcialmente, que su principal preocupación fueron el bien de la patria”. Fue presidente de la Cámara de Diputados y perito en cuestiones internacionales cuando en 1889 el presidente Miguel Juárez Celman lo convocó para ser ministro de Relaciones Exteriores. En ese puesto dio rápida solución a cuestiones inmediatas pendientes.

      Recordaba Rivarola que en 1906 hubo una diferencia entre los ministros de Hacienda y Marina sobre el aumento del poder naval y la forma de llevarlo a la práctica. El presidente José Figueroa Alcorta no obstante el parecer de sus ministros Manuel Augusto Montes de Oca, Norberto Piñero, Federico Pinedo, Rosendo Fraga, Onofre Betbeder, Miguel Tedín y Exequiel Ramos Mejía convocó a una junta de notables para pedir su opinión. Integraban esa junta José Evaristo Uriburu, Bernardo de Irigoyen, Benjamín Victorica, Antonio Bermejo, Juan José Romero, Estanislao S. Zeballos, Marco Avellaneda, Calixto de la Torre, Guillermo Udaondo y Leopoldo Basavilbaso. Dijo Rivarola: “Fue notable el discurso y el poder de convicción que empleó Zeballos: consta aquél en una edición muy reducida, de la que he podido obtener un ejemplar”. Poco después fue convocado por Figueroa Alcorta para ocupar el ministerio de Relaciones Exteriores por su valía como hombre de Estado. Los últimos meses también desempeñó el ministerio de Instrucción Pública con carácter interino y suscitó envidias y debió alejarse de la función pública. También rehusó el ministerio de Justicia e Instrucción Pública que le ofreció Figueroa Alcorta [2].

 

2.  Zeballos precursor de la Reforma universitaria

      La reforma universitaria fue originada por un malestar de los alumnos en la Universidad de Córdoba a fines de 1917 y desembocó en una huelga a principios de 1918. El presidente Hipólito Yrigoyen dio su apoyo a la Reforma Universitaria y ordenó la intervención de la alta casa de estudios. Los hechos se repitieron en otras universidades argentinas y se extendió por toda Hispanoamérica. Por otra parte, la renovación ideológica y académica llegaba a la Universidad a través del movimiento reformista, que a pesar de sus avatares en el transcurso de un siglo influyó en el sistema actual de las altas casas de estudio. Estas transformaciones en la vida académica se resumían en las palabras de Yrigoyen pronunciadas en la apertura del Congreso en 1919. Mencionaba que el espíritu nuevo que las impulsaba por imperio de la reforma, apenas comenzada produjo un evidente mejoramiento en el régimen de su gobierno, en la organización de sus cuerpos directivos, en la orientación de su docencia y en la técnica de sus métodos de enseñanza “desenvolviéndose dentro de normas liberales y francamente democráticas, cual corresponde a las exigencias renovadoras de la civilización argentina” [3]. Uno de los antecedentes más importantes de la Reforma de 1918 fue el movimiento estudiantil llamado El 13 de Diciembre, que intentó cambiar las estructuras de la Universidad de Buenos Aires. La causa del estallido del conflic­to fue el suicidio del estudiante Roberto A. Sánchez el 12 de diciembre de 1871 [4].

      El 12 de diciembre de 1871 a las dos de la tarde y después de haber sido re­probado por la mesa examinadora, Sánchez se retiró a su casa ubicada en la calle Belgrano al lado de la iglesia Montserrat, se encerró en su cuarto y escribió varias cartas. Se escuchó una detonación y luego un grito desesperado. Las personas de la casa corrieron a la habitación y lo encontraron en el suelo con el cráneo destro­zado. El jefe de la Comisaría 4° remitió el parte a la jefatura de Policía donde expresaba: “Como a las cuatro de la tarde del día anterior el infrascrito tuvo conocimiento de que en la casa de la calle Bel­grano número 323 se había suicidado de un balazo que se pegó en las sienes con el revólver que se remire a V. S., el joven Roberto A. Sánchez, sanjuanino, de 22 años, soltero, estudiante. En vista de lo expuesto, el que firma ordenó al escribiente Villafañe se trasladase inmediatamente al paraje indicado y después de prestarle los auxilios necesarios por medio de los facultativos doctores Silva y Malaver, quienes manifestaron que ya había expirado, se procedió a investigar las causas que habían motivado el referido hecho, y según la exposición de la señora doña Rosa Carril de Mendieta, pariente del suicida y dueña de la casa, resulta que hallándose ella con su familia en las piezas interiores, vieron que Sánchez entraba de la calle para su habitación y que al momento oyeron la detonación de un tiro, razón por la cual corrieron a la pieza de Sánchez y ya lo vieron caído en el suelo y con una herida en la cara; agregó que suponen que al verificar Sánchez dicho acto lo ha hecho por haber salido mal en sus exámenes de segundo año de Derecho, que estudiaba en la Universidad, siendo todo lo que puede manifestar en este incidente” [5].

      Al día siguiente en momentos en que se realizaba el velatorio de Sánchez, sus compañeros convocaron a un mitin instando a emprender la lucha para lograr que se reformara la Universidad de Buenos Aires. Los alumnos Estanislao S. Ze­ballos, Avelino Verón, Juan Carlos Belgrano, Adolfo Lamarque y Luis Sarmiento se entrevistaron con el gobernador Emilio Castro para que se investigaran los hechos y se destituyera a los profesores Ezequiel Pereyra y Aurelio Prado y Rojas, responsables de la reprobación de Sánchez [6]. Entre los estudiantes cursantes del Departamento de Jurisprudencia en 1871 se puede mencionar a Dalmiro Alsina, Faustino Alsina, Octavio Amadeo, Pedro Argerich, Juan Carlos Belgrano, Carlos Bonorino, José María Bustillo, Miguel Cané, José María Cantilo, Ángel P. Carranza, Estanislao Castilla, Juan José Castro, Luis Correa Larguía, Julio Costa, Joaquín Cullen, Wenceslao Escalante, Severo Fernández, Javier Figueroa y Figueroa, Nerestan Fredes Molina, Juan Girondo, Indalecio Gómez, Faustino Jorge, Emilio Lamarca, Adolfo Lamarque, Alberto Larroque, Nicolás Leiva, Lu­cio V. López, Paulino Llambí, Ernesto Madero, Félix Malato, Manuel Mantilla, Mariano Marcó, Cosme Mariño, Teófilo Martínez, Adolfo Massot, Miguel J. Mo­rel, Miguel L. Noguera, José Antonio Olmos, Abel Ortiz, Alberto Palomeque, Ernesto Pellegrini, Ángel Pereyra, Enrique S. Quintana, Ezequiel Ramos Mejía, Francisco Ramos Mejía, Juan M. Rivera, Cornelio Saavedra Zavaleta, Dalmiro Sáenz, Roque Sáenz Peña, Adolfo Saldías, Roberto N. Sánchez, Luis Sarmiento, Miguel Sorondo, Juan Manuel Terán, José Vicente Urdapilleta, Avelino Verón, Ramón Videla Dorna, José Matías Zapiola y Estanislao S. Zeballos. Varios de ellos se destacaron como juristas, docentes y políticos. Otros no terminaron la carrera de Jurisprudencia y siguieron otras profesiones [7].

      El rector Juan María Gutiérrez presentó un interesante proyecto de ley orgánica para todo el sistema de enseñanza, que concebía a la institución como un conjunto de facultades y establecía el sistema de concursos para la adjudicación de las cátedras. Sin embargo, el proyecto no fue tratado, a pesar de que durante aquellos primeros años de la década de 1870, era evidente la necesidad de poner en marcha una reforma del sistema de organización universitaria de la provincia. Los conflictos que estallaron en Medicina y Jurisprudencia eran un reflejo de la problemática. Desde el periódico 13 de Diciembre los estudiantes no se mostraban optimistas con este proyecto de Gutiérrez al que consideraban libe­ral y progresista y que provocaría poderosas resistencias “en aquella parte conservadora de nuestra Legislatura, que ya en diversas épocas ha esgrimido con ardor la espada contra la reforma de la enseñanza”. Los estudiantes en su plan de colaboración proponían la realización de exposiciones sobre las materias y su publicación con el visto bueno de las autoridades [8]. 

 

3.  Zeballos decano interventor en la Facultad de Derecho

 

      La autonomía universitaria ya había sido consagrada por la Ley Avellaneda pero de forma muy limitada y como un tema de gobierno de la Universidad más que como autonomía académica. Por otra parte, las protestas estudiantiles de las Facultades de Derecho y Medicina de la Universidad de Bue­nos Aires entre 1903 y 1906 tuvieron un carácter reivindicatorio. Los reclamos eran contra el sistema de exámenes, por la modificación de los planes de estudio, rechazo de la designación de los profesores titulares según los arbitrarios criterios de la Academia y en oposición al arcaísmo cultural [9]. Aimismo, la ordenanza sobre alumnos regulares y libres ocasionó una queja del Cen­tro de Estudiantes de Derecho al decano Wenceslao Escalante, quien dispuso la clausura de la Facultad en 1907. Esta normativa estableció que en los exámenes anuales los estudiantes de cada asignatura podían ser regulares o libres. Según el artículo 2° los estudiantes regulares tenían que asistir a más de la mitad de las clases dictadas du­rante el año por los profesores titulares y suplentes. También se los consideraba en la misma categoría, a los que, con una asistencia mínima de un veinticinco por ciento de las clases, fueran aprobados en dos pruebas escritas rendidas en julio y octubre. A su vez, los alumnos libres eran los que no cumplían ninguna de las condiciones establecidas en el artículo 2°. Por su parte, en el artículo 15 se dispuso que la ordenanza iba a regir desde el 1° de abril de 1907 [10].

      En ese tiempo el cuerpo de profesores de la Facultad de Derecho estaba impartido por personalidades prestigiosas como Carlos Octavio Bunge, Antonio Dellepiane, Carlos Ibarguren y Estanislao S. Zeballos. De esta forma el horario de la cursada de asignaturas era el siguiente: Lunes, miércoles y viernes de 9 a 10 a. m. Primer año: Filosofía General (Amadeo Gras); se­gundo año: Derecho Romano II parte (Carlos Ibarguren); cuarto año: Derecho Comercial I parte (Juan Carlos Cruz); quinto año: Derecho Procesal I parte (Máximo Castro); sexto año: Internacional Privado (Estanislao S. Zeballos). Lunes, miércoles y viernes de 10 a 11 a. m. Primer año: Derecho Romano I parte (Ernesto Weigel Muñoz); segundo año: Derecho Civil libro I (José Galiano); tercer año: Derecho Civil libro II (Rómulo Etcheverry); cuarto año: Derecho Civil libro III (Juan Ángel Figueroa); quinto año: Filosofía del Derecho I parte (Antonio Dellepiane); sexto año: Filosofía del Derecho (Wenceslao Escalante). Martes, jueves y sábado de 10 a 11 a. m. Primer año: Introducción (Carlos Octavio Bunge); segundo año: Economía Política (Manuel M. de Iriondo); tercer año: Fi­nanzas (Francisco J. Oliver); cuarto año: Derecho Constitucional (Carlos Rodríguez Larreta); quinto año: Derecho Civil libro IV (Baldomero Llerena); sexto año: Derecho Procesal II parte (Francisco Canale). Martes, jueves y sábado de 9 a 10 a. m. Primer año: Revista de la Historia (Emilio Giménez Zapiola); segundo año: Internacional Público (Eduardo L. Bidau); tercer año: Derecho Penal (Os­valdo M. Piñero); cuarto año: Ley de Minas y Rural (Matías Sánchez Sorondo); quinto año: Derecho Administrativo (Adolfo F. Orma). Para los alumnos previos del plan antiguo en la materia Derecho Comercial II parte (Leopoldo Melo) [11].

      El 11 de septiembre de 1918, el presidente Yrigoyen aprobaba la reforma proyectada por el Consejo Superior de la Universidad de Buenos Aires. De esta forma el Consejo Superior estaría integrado por un rector, los decanos de las Facultades y dos delegados que cada una de éstas nombrara. Los Consejos Directivos nombrarían sus miem­bros a propuesta de una asamblea compuesta de todos los profesores titulares y de los estudiantes. El decano duraría tres años en su cargo y podía ser reelec­to con intervalo de un período. También se darían cursos libres, conferencias o lecciones sobre cualquier asignatura correspondiente al plan de estudios de cada Facultad [12]. De acuerdo a las reformas de los estatutos, el 5 de octubre de 1918 se designó a Zeballos para el gobierno de la Facultad de Derecho. El rector Eufemio Uballes facultaba a los delegados designados a organizar y convocar las asambleas electorales. Por la misma fecha se comunicó al decano Adolfo Orma la refor­ma de los estatutos y la designación de Zeballos a fin de que le hiciera entrega del cargo con las formalidades del caso. A continuación, le agradecía sus valiosos servicios prestados a la institución universitaria [13].

      Zeballos cuando recibió su nombramiento como delegado del rector en la Facultad de Derecho, respondió que su reorganización se haría con dificulta­des y lo aceptaba en homenaje a la obra iniciada por el rector: “Convencido de la bondad de las reformas maduradas por el Consejo Universitario y por el Poder Ejecutivo, grato me será presidir cuidadosamente su eficaz implantación en nues­tra Facultad” [14]. El 22 de octubre de 1918 Zeballos comunicaba al rector que en la fecha se había celebrado la asamblea constitutiva de la Facultad de Derecho. Fue la reunión más numerosa de profesores que se hizo en la Facultad con el fin de elegir autoridades. De la asamblea constituyente participaron los profesores titulares Zeballos, Eduardo Prayones, Jesús H. Paz, Alfredo Colmo, Héctor Lafaille, Ernesto Weigel Muñoz, Juan Carlos Cruz y Ramón S. Castillo, entre otros. También los alumnos Rafael Gramajo Machado, Ricardo Etcheve­rry Boneo, Manuel Miranda Naón, Vicente Digiorgio, Vicente Mihura, Erasmo Goti, Abraham Rosenvasser, Elvio P. Rossio Montero, Guillermo Remis, Vicente Rodríguez Rivas, Julio A. Sojo y Raúl de Labougle. De la votación a decano, Zeballos sacó sesenta votos, Carlos Ibarguren cuatro votos, Orma dos votos, Leopoldo Melo dos votos y tres en blanco. Resultaron electos al Consejo Superior, David de Tezanos Pinto y Carlos Alfredo Becú, titulares; y Jaime F. de Nevares y Raymundo Salvat, suplentes. Como consejeros Leopoldo Melo, Tomás Jofré, Alfredo L. Palacios, Colmo, Vicente C. Gallo, Castillo, Carlos F. Melo, Prayones, Hugo Cullen, Enrique Ruiz Guiñazú, Honorio Pueyrredón, Esteban La­madrid, Félix Martín y Herrera y José Oderigo [15]. Zeballos tomó posesión del decanato el 24 de octubre en un acto solemne con la presencia de los consejeros, personal docente y alumnos de la Facultad de De­recho y Ciencias Sociales. Pronunciaron discursos Zeballos, Jesús H. Paz y el alumno Julio A. Sojo. También concurrieron delegados de las Facultades de Medicina, Ciencias Económicas y Agronomía [16]. El 22 de noviembre de 1918, el decano dispuso la entrega de diplomas de honor a Mauricio Julio Beck, Santiago Epanimondas Biggi, Tomás Darío Casares, Alfredo Heidenreich, Walter Jakob y Augusto Rodríguez Larreta. La medalla de oro correspondiente al curso de 1917 fue para el alumno Oscar Ezequiel Carbone [17].

      Varios de los estudiantes que se recibieron en la Facultad de Derecho en 1918 se destacarían en la vida política: Isidoro Aramburú y Leandro Meiners (radicales), José Carlos Predolini Parera (conservador); Alfonso Manuel Corona Martínez (socialista); y Calixto Lassaga (h) (Liga Patriótica Argentina). Docentes como Bonifacio Bidau, Eduardo Juan Bullrich y Graciano Reca. En el mundo de la cultura sobresalieron Bernardo Canal Feijóo, Juan Delibano Chazarreta, Delio Panizza y Agustín de Vedia. También los decanos de las Facultades de Derecho y de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires José Peco y José María Monner Sanz. Los magistrados Eleodoro Ortiz Lobos y José Lorenzo Urdapilleta y el diplomático Eduardo Luis Vivot [18]. Ese mismo año, María Laura López Saavedra, fue la segunda abogada egresa­da de la Universidad de Buenos Aires. Nacida en Buenos Aires en 1891, estudió en el Liceo Nacional de Señoritas de la Capital e ingresó en la Facultad de Derecho el 29 de febrero de 1912. Fue una alumna distinguida y en la solicitud de su diploma de abogada mencionaba “27 años de edad, natural de Buenos Aires, domiciliada en la calle Lautaro 371” [19]. Zeballos fue decano de la Facultad de Derecho entre 1918 y 1919 y en el discurso de inicio del año lectivo sostuvo que la facultad “no debe ya existir rezagada como fuente de satisfacciones utilitarias” para los que ambicionaban títulos profesionales, sino “los que quieran fortificar y regenerar su mentali­dad”. Sería una casa abierta a la intelectualidad argentina “gabinete de investigación, libre pero no licencioso, ni irresponsable de las necesidades y de las aspiraciones comunes”. Como decano enfrentó una situación crítica con agitaciones promovidas por el movimiento reformista. Sin embargo, Zeballos defendió su autoridad y ni la violencia pudo doblegarlo. No tuvo el apoyo del rectorado en confusas situaciones y cesó de facto el 30 de octubre de 1919 [20].

      Según Daniel Antokoletz el decanato de Zeballos fue brillante, pero sufrió amarguras en el contexto del apogeo de la reforma universitaria y algunos de sus dirigentes tenían motivos propios para hostilizarlo. Después de varias incidencias desagradables, Zeballos presentó su renuncia. Un cuarto de siglo antes los estudiantes demostraban mayor interés por las clases de la Facultad, donde se llenaban las aulas de la calle Moreno, a pesar de que la que la reforma universitaria introdujo la asistencia libre. Recordaba Antokoletz las leccio­nes a los estudiantes: “Cómo sería que hasta mis modestas clases de Derecho Internacional Público atraían grandes masas de alumnos que a mí también me prodigaban aplausos, cuando los merecía” [21]. Julio V. González comentó la huelga violenta de los alumnos de la Fa­cultad de Derecho en contra de Zeballos en los meses de septiembre y octubre de 1919. Insistió en que el estatuto universitario no fue muy democrático “por aquello de las clases en que se divide al pueblo: clase de profesores y clase de estudiantes”. Lo rechazó porque es “natural que no podamos seguir estricta­mente la ficción republicana” y “nos llevaría a desahuciar la constitución como reaccionaria” [22]. El dirigente radical Jorge Farías Gómez recordó que cuando era estudiante de De­recho había tirado un tomate que fue a dar en la pechera de Zeballos “quien ha­bía ido a calmar los ánimos de una asamblea estudiantil”. Los alumnos estaban haciendo una huelga en solidaridad con los de Córdoba y junto a Farías Gómez se encontraba el estudiante de ingeniería Astudillo, quien también como el primero sufrió la represión de la policía. Entonces los alumnos se dispersaron y Farías Gómez fue el único que se quedó a enfrentar a los agentes policiales. Fue detenido y después de unos meses fue llamado por el presidente Yrigoyen, quien lo retó en una dependencia de la Casa Rosada por su actitud contra el decano Zeballos: “Yo tenía 18 años y estaba en la Juventud Radical donde siempre me destacaba como un muchacho de primera fila o de esos que van al frente” [23].

 

Notas:

[1] Aráoz Alfaro, Gregorio, “Elogio del doctor don Estanislao Severo Zeballos. Discurso del presidente, doctor Gregorio Aráoz Alfaro”, en Anales del Instituto Popular de Conferencias. Trigésimo quinto ciclo año 1949, Buenos Aires, 1950, t. XXXV, págs. 7-9.

[2] Rivarola, Horacio C., “Elogio del doctor don Estanislao Severo Zeballos en ocasión del vigésimoquinto aniversario de su fallecimiento”, en Anales del Instituto Popular de Conferencias. Trigésimo quinto ciclo año 1949, Buenos Aires, 1950, t. XXXV, págs. 9-10.

[3] “La Reforma Universitaria”, en Documentos de Hipólito Yrigoyen. Apostolado. Obra de Gobierno. Defensa ante la Corte, Buenos Aires, Senado de la Nación-Secretaría Parlamentaria, 1986, pág. 135.

[4] Véase, Guaglianone De Delgado Fito, Manon V., “El 13 de Diciembre”. Los universitarios re­formistas de 1871, Buenos Aires, Edición de la autora, 1976; Ortiz, Tulio, Historia de la Facultad de Derecho, Buenos Aires, Facultad de Derecho-Univer­sidad de Buenos Aires, 2004; y Quiroga, Marcial I., La reforma universitaria de 1874 su centenario. Disertación pronunciada en el Instituto Popular de Conferencias el 9 de agosto de 1974, Buenos Aires, Edición del autor, 1975.

[5] Espinosa, Valentín, Mis cartas a La Prensa 1971-2003, Buenos Aires, Dunken, 2004, págs. 25-26.

[6] Quiroga, La reforma universitaria de 1874…, pág. 20; Guaglianone De Delgado Fito, “El 13 de Diciembre”, pág. 4.

[7] Archivo Histórico de la Universidad de Buenos Aires “Presbítero Antonio Sáenz” (en adelante AH-UBA), Libro de Matrículas de Jurisprudencia 1868-1872, pág. 203 y Libro de Matrículas de Jurispruden­cia 1871, págs. 8-18.

[8] Guaglianone De Delgado Fito, “El 13 de Diciembre”, págs. 30-31. Buchbinder, Pablo, Historia de las Universidades Argentinas, Buenos Aires, Sudamericana, 2010, pág. 55.

[9] Caldelari, María, “Turbulencias y Reforma en la Universidad de Buenos Aires”, en La Ga­ceta Universitaria 1918-1919. Una mirada sobre el movimiento reformista en las universidades nacionales, Buenos Aires, Eudeba, 2008, págs. 34-35.

[10] Véase, “Texto íntegro de la nueva ordenanza sobre alumnos regulares y libres”, en Revista del Centro de Estudiantes de Derecho n° 1, Buenos Aires, Abril de 1907, vol. I, págs. 23-25. 

[11] Véase, “Horario para 1907”, en Revista del Centro de Estudian­tes de Derecho n° 1, Buenos Aires, Abril de 1907, vol. I, págs. 25-26. 

[12] Véase, “Decreto del P. E.”, en Revista de la Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires, t. XLII, 1919, págs. 21-24. 

[13] Véase, “Designación de los delegados que tienen a su cargo el gobierno de las facultades”, en Revista de la Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires, t. XLII, 1919, págs. 25-26. 

[14] Véase, “Notas de comunicación de los nombramientos a los delegados y aceptación de éstos”, en Revista de la Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires, t. XLII, 1919, págs. 26-36.

[15] Véase, “Notas de comunicación…”, págs. 26-36. 

[16] Véase, “Toma de posesión de las nuevas autoridades”, en Revista de la Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires, t. XLII, 1919, págs. 37-40. 

[17] AH-UBA, Caja 209 Derecho 1918. 

[18] AH-UBA, Caja 210 Rectorado 1918. Véase, Cutolo, Vicente Osvaldo, Nuevo Diccionario Biográfico Argentino, Buenos Aires, Elche, 1968-1969, ts. I y II; Cutolo, Vicente Osvaldo, Historia­dores argentinos y americanos, Buenos Aires, Casa Pardo, 1966; Cutolo, Vicente Osvaldo, Novísimo Diccionario Biográfico Argentino (1930-1980), Buenos Aires, Elche, 2004, t. I; y Pereira, Enrique, Dic­cionario Biográfico Nacional Unión Cívica Radical, Buenos Aires, Fundación Instituto de Pensamiento y Formación Moisés Lebensohn, 2012, 4 ts.

[19] Legajo de alumna de María Laura López Saavedra-Facultad de Derecho y Ciencias Sociales 1912. AH-UBA, FD-A-01-083.

[20] Véase, Scotti, Luciana B., “Estanislao S. Zeballos: maestro de la escuela argentina de De­recho Internacional Privado en la Universidad de Buenos Aires”, en Ortiz, Tulio (coordinador), Facultad de Derecho y Ciencias Sociales. Enseñanzas de su historia, Buenos Aires, Departamento de Publica­ciones de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, 2015, págs. 151-176. 

[21] Antokoletz, Daniel, Páginas vividas, Buenos Aires, El Universitario, 1945, pág. 113.

[22] González, Julio V., La Reforma Universitaria, Buenos Aires, Sagitario, 1927, t. II, pág. 25.

[23] Véase, Farías Gómez, Jorge, “La Sucesión de Yrigoyen”, en Todo es Historia n° 121, Bue­nos Aires, Junio de 1977, págs. 93-95. 


* en Revista de Derecho, Historia y Letras “Estanislao S. Zeballos” n° 1, Buenos Aires, Septiembre 2022. ISSN 3008-9700.

domingo, 6 de noviembre de 2016

CONGRESO INTERNACIONAL DE ABOGACÍA PÚBLICA: "HACIA LA RECUPERACIÓN DE LA CALIDAD INSTITUCIONAL"



CONGRESO INTERNACIONAL DE ABOGACÍA PÚBLICA – PROGRAMA TENTATIVO


FECHA: MIÉRCOLES 23 Y JUEVES 24, DE NOVIEMBRE DE 2016.
LUGAR: HOTEL PANAMERICANO.

TÍTULO:

HACIA LA RECUPERACIÓN
DE LA CALIDAD INSTITUCIONAL
Bicentenario de la Declaración de la Independencia

PROGRAMA:


MIÉRCOLES 23/11/16

08.30 – 10.00 hs.: ACREDITACIONES – PRIMER COFFEE

10.00 – 11.00 hs.: APERTURA

11.00 – 12.00 PRIMER PANEL: MODERNIZACIÓN Y EFICACIA EN LA GESTIÓN ESTATAL
-          Justicia2020
-          Modernización en la gestión administrativa
-          Capacitación técnico-profesional

12.00 hs. – 13.00 hs. SEGUNDO PANEL: FUNCIONES DEL ESTADO EN EL PANORAMA INTERNACIONAL

13.00 a 14.30 hs. ALMUERZO

14.30: REINICIO

14.30 hs. a 16.30 hs. TERCER PANEL: PARTICIPACIÓN CIUDADANA Y ÉTICA PÚBLICA
-          Acceso a la Información y otras técnicas de participación.
-          Transparencia en el sector público. Recupero de activos.

16.30 – 17.00 hs.: SEGUNDO COFFEE

17.00 – 18.00 hs.: “LIVING”: “Los abogados en la construcción del Estado” Dres.  María Sáenz Quesada, Luis Alberto Romero y Sandro Olaza Pallero.

20.30 hs. – CENA

JUEVES 24/11/16

8.30 – 9.30 hs.: TERCER COFFEE

9.30 – 11.00 hs.: CUARTO PANEL: DESARROLLO ECONÓMICO Y SEGURIDAD JURÍDICA
-          Asociación público-privada. El nuevo der. adm como mixtura de derecho público y privado.
-          Tratados bilaterales de inversión extranjera.

11.00 – 13.00 hs.: QUINTO PANEL: NUEVOS ROLES EN LA ABOGACÍA PÚBLICA
-          La abogacía estatal.
-          La Procuración del Tesoro de la Nación y el Cuerpo de Abogados del Estado.

13.00 – 14.30 hs.: ALMUERZO

14.30 – 16.30 hs.: SEXTO PANEL: NUEVOS DESAFÍOS NORMATIVOS
-          Desarrollos en el derecho público local (Provincia de Buenos Aires y CABA)
-          Perspectivas sobre el Derecho Administrativo

16.30 – 17.00 hs.: CUARTO COFFEE

17.00 – 18.00 hs.: SÉPTIMO PANEL: PERIODISMO Y CALIDAD INSTITUCIONAL
-          “Living”: Periodistas-abogados sobre la calidad institucional.

18.00 hs.: CIERRE
-          Discurso de cierre


18.15 – 19.00 hs.: ENTREGA DE CERTIFICADOS

jueves, 21 de julio de 2016

JORNADA "DALMACIO VÉLEZ SARSFIELD"






Temas y expositores:

"Dalmacio Vélez Sarsfield" Dr. Sandro Olaza Pallero.

"Codificación" Dr. Facundo Alberto Biagosch.

"Vélez Sarsfield y el Derecho Público" (Dr. Alberto Gelly Cantilo).

"Dalmacio Vélez Sarsfield y el Sistema Romano-Germánico" (Dr. Jorge A. Cellier).

"Dalmacio Vélez Sarsfield pensador político" (Dr. Sergio Núñez y Ruiz-Díaz).

Moderadora: Dra. M. Luz Amadora Rodríguez.

Lugar: Sala Dr. Norberto T. Canale (Corrientes 1455, piso 4).

viernes, 13 de mayo de 2016

JORNADA: LOS PATRIOTAS DEL BICENTENARIO




MIERCOLES 22 DE JUNIO DE 2016 18 A 21 HS.

Temas y Expositores:

1) “Los diputados del Congreso de Tucumán”
Expositor: Dr. Sandro Olaza Pallero.

2) “Los padres de la Patria y la declaración de la Independencia”
Expositor: Dr. Facundo Alberto Biagosch.

3) “La organización de la Justicia desde 1816 hasta 1862”
Expositor: Dr. Enrique Bachiller.

4) “Güemes y la Independencia”
Expositor: Dr. Sergio Rodolfo Núñez y Ruiz-Díaz.

5) “Factores internos y externos en 1816”
Expositor: Dr. Jorge Francisco Cholvis.

Moderador: Dr. Alberto Gelly Cantilo
Coordinadora de la Jornada: Dra. M. Luz Amadora Rodríguez.


Sala Dr. Norberto T. Canale (Corrientes 1455 – 4° piso).


Colegio Público de Abogados de la Capital Federal

jueves, 11 de febrero de 2016

SALAVINA, UNA ANTIGUA POBLACIÓN SANTIAGUEÑA (SIGLOS XVII-XIX)

























Por Sandro Olaza Pallero*

Introducción

          Salavina es uno de las poblaciones más antiguas de Santiago del Estero y también de los curatos de esta provincia y de Argentina, siempre nombrada en el canto popular santiagueño. Ya existía antes de la llegada de los españoles y figura como curato en 1717, 1799, 1826 y 1835 (1). Los sanavirones poblaban el norte de la provincia de Córdoba y la parte sur de Santiago del Estero donde se hallaba Salavina. El jesuita Alonso Barzana señaló que el idioma de los sanavirones era uno de los principales del Tucumán y que además hablaban quechua. Todos los indios de Santiago del Estero, Tucumán, Córdoba “por medio de esta lengua [quechua], que aprendimos, casi todos,  antes de venir a esta tierra, se ha hecho todo el fruto en bautismos, confesiones, sermones de doctrina cristiana que se ha hecho y hace”. (2) Sobre la religión de los sanavirones se conoce una causa judicial de 1620 donde se afirmaba que rendían culto a Supay. (3)
         En 1543 comenzó la conquista y colonización de las tierras del Tucumán. Con la primera entrada llegaron sacerdotes que fueron con el capitán Diego de Rojas y sus soldados, para asistirlos religiosamente en esa etapa exploratoria. La primera misa que se celebró fue en territorio santiagueño y entre otros oficios, se efectuó el sepelio del jefe expedicionario asesinado por los naturales. Capellanes de la expedición fueron Francisco Galán, de la Orden de los Comendadores de San Juan y Juan Cedrón. (4) Dos ríos tuvieron una importancia decisiva con su cauce amplio y exuberancia de peces: el Dulce y el Salado. Francisco de Aguirre, fundador de Santiago del Estero, comenzó su primer gobierno con expediciones militares al Salado, tierras de los sanavirones, Córdoba y el Paraná al sur y el cauce del Bermejo a su regreso. Una vez emplazada definitivamente la ciudad de Santiago del Estero, desde allí se expandió la empresa fundacional que finalizó con el establecimiento de todas las ciudades mediterráneas del territorio argentino. A su vez esta primigenia etapa misional tuvo su corolario con la erección del obispado del Tucumán, dispuesta por Pío V en 1570 con la Bula Super Specula Militantes Ecclesiae, el primero del Río de la Plata, solicitado por Felipe II. Por la misma establecía a Santiago del Estero como sede episcopal y su catedral fue la primera del país hasta 1699 cuando se mudó a Córdoba. (5)
Siglos XVII y XVIII
          Para algunos historiadores en 1623 se creó el curato de Salavina, establecido en la antigua villa del mismo nombre. Orestes Di Lullo afirmó que en 1622 la doctrina de Salavina, junto con las de Mopa y Sicha daba pingües beneficios. Amalia Gramajo de Martínez Moreno señaló que el curato de Salavina provino de una doctrina, de acuerdo a un documento eclesiástico de 1622 y que posteriormente se llamó curato de Lindongasta. (6) Los curatos eran las antiguas parroquias y su fundación se debía a la necesidad espiritual de los pobladores. (7) Varias disposiciones reales establecieron la reducción de los indios rebeldes en los distintos distritos, como la real cédula dirigida al obispo de Tucumán para que coordinara acciones con los obispos y gobernadores del Río de la Plata. (8)
         El gobernador Gutierre de Acosta y Padilla otorgó en 1649 a Jacinto de Maldonado y Saavedra -yerno de Pedro Villarroel y Cabrera quien falleció ese año- la merced de la encomienda de Salavina y Siquinano. En el mismo año dejó el pueblo y repartimiento de Maquixata. La confirmación de la encomienda se resolvió el 23 de abril de 1654 y se le ordenó dar buen tratamiento a los aborígenes, adoctrinarlos y establecer vecindad en Santiago del Estero. La encomienda tuvo 36 indios tributarios que pagaban 5 pesos de tasa, de los cuales 1 peso era para el cura doctrinero. En 1677 Francisco de Maldonado y Saavedra recibió del gobernador José de Garro las encomiendas de Salavina y Siquinano que eran de su padre. (9) Por el año 1672, el licenciado Cosme del Campo Ibáñez era cura y vicario de Salavina y sus anexos e informó de las desviaciones del río Dulce a la altura de Lindongasta. (10) Las Ordenanzas de Alfaro -protectoras de los naturales- fueron en varias ocasiones letra muerta y un ejemplo de ello fue el proceso iniciado en Sabagasta por el alcalde Juan de Trejo en 1676 contra el indígena Juan Balumba. Balumba era paje de Francisco de Solórzano y fue acusado por haberse “vestido en traje de español con medias, zapatos, capa ungarina y espada, queriéndose introducir a mestizo”. Fue castigado con veinte azotes y además se dispuso “sea desnudado de dicho traje y vestido en el que tenía de antes de indio…y corte el cabello a la barba como le usan los indios”. Según Hebe Luz Ávila, el reo era un indígena bautizado: “…puesto que, así como a las indias se les ponía el nombre de María, a ellos se los nombraba José o Juan. El balumba (con minúscula), vendría a ser un apodo (“por mal nombre balumba”) y, si atendemos al significado del término –de reminiscencias negroides en su sonoridad-, podría tratarse de un personaje alborotador”. (11) La pobreza de los feligreses y la falta de apoyo en general, hizo difícil el cometido de los curatos pero esto no obstaculizó su influencia en las poblaciones santiagueñas en el período hispánico, incluso mucho más importante que en la administración civil de los partidos. (12)
Existieron procesos criminales por hechicería en el Tucumán, donde también se incluía a Salavina. Los acusados admitieron su participación en las salamancas. Ya existía una leyenda española de la salamanca en la literatura barroca y evocaba a un tiempo magia, aprendizaje y pacto diabólico. Destaca Judith Farberman que la ciudad de Salamanca dio el nombre a estas prácticas ocultistas: “la ciudad universitaria, su mística cueva y sus estudiantes habían atravesado el océano para llegar a una  remota aldea indígena de las fronteras del imperio español”. Entre los personajes locales que intervenían en estos procesos se destacaban los “médicos del monte”, especialistas terapéuticos, que también eran llamados adivinos, yerbateros, “doctores”, “callahuayas de las yungas” y “médicos de encantos”. Los médicos del monte, como los chamanes andinos y chaqueños de época más remotas, poseían un poder de curar a las presuntas víctimas, ya sea por negativa o fracaso del hechicero. (13) Farberman no resulta extraño que las mujeres resultaran casi siempre identificadas como hechiceras más que los hombres. (14)
Clemente Jerez y Calderón era cura de Guañagasta y Salavina en 1733 y en 1754 se desempeñó como cura y vicario de la reducción de vilelas denominada Vuela en la doctrina de Salavina. Jerez y Calderón contribuyó a difundir la advocación de la Virgen del Carmen en todo el territorio santiagueño, motivo por el cual las autoridades del Cabildo de Santiago del Estero la proclamaron “nuestra Abogada y Patrona” en asamblea pública del 11 de abril de 1760. La imagen de la Virgen del Carmen fue donada por Jerez y Calderón a la Catedral de Santiago del Estero, pero fue destruida en el terremoto de 1817. Nuestra Señora del Carmen también fue entronizada como patrona de las villas de Salavina y de La Punta y sus imágenes que datan de esa época todavía se veneran en estas localidades. (15) El padre Jerez observaba que los vilelas no progresaban ni en lo espiritual, ni en lo material, pues mantenían supersticiones y se entregaban a la bebida. Aquejado por numerosos problemas, entre ellos desazones y vejez, renunció el 14 de julio de 1757 y aconsejó que se entregara la reducción a la Compañía de Jesús. Los jesuitas encargaron su dirección al religioso santiagueño Martín Bravo, acompañado del padre Pedro Ruiz, quienes entendieron la necesidad de unificar las reducciones de Santiago del Estero con las del Chaco. (16)
Entre 1757 a 1810 –año en que murió-, José Gaspar Benavidez fue cura vicario de la parroquia de Salavina y de Matará. Se hallaba postrado en 1757 por una parálisis crónica y se enteró de los milagros del Señor de Mailín adonde viajó y recobró la salud. Agradecido mandó construir una capilla en Mailín y para el cumplimiento de la promesa le acompañó el cura Mariano Ibarra. (17) María Antonia de Paz y Figueroa en su peregrinación por el norte argentino en 1774, siguió el camino de Silípica, Loreto, Atamisqui, Salavina y en la Cañada de San Ramón, dejó en casa del cura José Ramón Alcorta la imagen del Divino Pastor. (18)
La creación del virreinato del Río de la Plata también trajo el reordenamiento jurisdiccional santiagueño a cargo de jueces pedáneos en los partidos de la Sierra, Sumampa, Oratorio, Salavina, Soconcho, Tuama, Matará, Guañagasta, Remate, Maquijata y el Salado. En 1783 el coronel del Regimiento de Salavina, Antonio del Castillo, fue facultado para reunir la población costera al Salado para trabajar en este río a objeto de encauzarlo. (19) A fines del siglo XVIII la población de Salavina se trasladó a la margen izquierda del río Dulce. La antigua Salavina estaba ubicada en la margen derecha del río Dulce, en un paraje anegadizo expuesto a inundaciones que causaban desastres irreparables, esto motivó su cambio de ubicación. Varias familias, entre ellas dos que vinieron del Perú con abundantes recursos económicos, emigraron a Córdoba escapando de lo que llamaban el río “novelero”, por sus constantes desviaciones y sus crecidas en las lluvias de verano. Sin embargo, quedó una buena cantidad de vecinos con el que se formó la nueva villa que prosperó por sus riquezas en ganado y terrenos de labranza. (20)

 Siglo XIX

La única calle de la villa era forzosamente el centro urbano y al mismo tiempo social y comercial de Salavina. Entre los comerciantes más conocidos se hallaban Manuel Gregorio Cavallero -quien arribó en 1805-, Baltasar Capdevila, Juan Regis Sosa, Cándido Montes, Rey Medina, Polinar Cejas, Pastor Luna, Carmen Montenegro, Juvenal Maguna, Robustiano Vieyra, José Zamudio, Pablo Lascano y el español Javier María Feijóo. En 1807 la recepción de las alcabalas en los curatos de Salavina, Mula Corral y Sumampa era realizada por Juan Pascual Sebeira. (21)
La diócesis de Salta del Tucumán fue creada el 25 de mayo de 1807 por bula del Papa Pío VII, siendo nombrado obispo Nicolás Videla del Pino. Carlos IV expidió el 17 de febrero de 1807 la real cédula que fijaba la extensión del nuevo obispado: Salta, Jujuy, San Miguel de Tucumán, Catamarca, Santiago del Estero, Tarija y San Ramón de la Nueva Orán. Videla del Pino visitó la diócesis comenzando por Sumampa el 7 de septiembre de 1808 y posteriormente por los curatos de Asingasta, Salavina, Río Salado o Matará, Guañagasta, Soconcho, Loreto y Silípica. (22) Por este tiempo el río Dulce cambió su recorrido y Salavina se quedó con escasa agua por lo que se pensó en abandonarla otra vez. Se rogó a Nuestra Señora del Carmen para que realizara un milagro y mientras tanto los habitantes se proveían de agua de Yacumuyu un vasto depósito natural formado por las lluvias situado al naciente. La laguna de Yacumuyu no se agotó ni siquiera en la sequía de 1847. (23)
Cuando se produjo la Revolución de Mayo el cura de Salavina era Basilio Ibarra, tío y educador de Juan Felipe Ibarra. El sacristán de la iglesia era Pascual Belisán quien se retiró en edad avanzada en 1819. José de San Martín –según Ricardo Rojas- habría pasado por Salavina en 1814, lo que es negado por Orestes Di Lullo quien dice “no existe ninguna base documental”. (24) En el acta capitular del 14 de marzo de 1816 se citó a los delegados de los siguientes curatos: 1) Rectoral; 2) Silípica; 3) Loreto; 4) Salavina; 5) Soconcho; 6) Matará; 7) Mula Corral, 8) Guañagasta y 9) Copo. Entre los vecinos principales de Salavina que firmaron el acta capitular de la elección de los presbíteros Pedro León Gallo y Pedro Francisco de Uriarte el 4 de abril, se encontraban Tomás Antonio Castillo, Ambrosio Contreras y Pedro Francisco Maldonado. (25)
Entre los personajes famosos de Salavina se destacaron Francisco Javier Lascano, nacido en Córdoba el 2 de diciembre de 1790, hijo de Hilario Andrés de Lascano y Usandivaras, capitán de milicias en Santiago del Estero, casado en 1777 con Andrea del Castillo y Hernández de León, hija del gobernador de armas, coronel Antonio del Castillo. Su hermano mayor fue Benito Lascano, nacido en Salavina, rector del Colegio de Montserrat y más tarde obispo de Córdoba. También Mercedes del Niño Jesús Guerra, fundadora del Instituto de Hermanas Terciarias Franciscanas de la Caridad, nació en Salavina en septiembre de 1817, hija del español Antonio Guerra y de Inés Contreras. Privada de sus padres en su infancia, quedó al cuidado de una hermana mayor y luego fue alumna del colegio de Huérfanas de Córdoba. Asimismo, Pedro S. Barraza que becado para estudiar en el Colegio Nacional, posteriormente llegó a ser gobernador de Santiago del Estero. (26)
Entre los vecinos de Salavina que juraron la Constitución el 13 de junio de 1819 con la presencia del ayudante mayor de la plaza de Santiago, Domingo Cainzo, se hallaban: Baltazar Acosta, Félix Acosta, Manuel Argañarás, Tomás Antonio Castillo, Juan Cejas, Domingo Costas, Francisco Hernández, Manuel Matías Galván, Ildefonso Gaya, Melchor Herrera, Hermenegildo Herrera, Marcos Jerez, Matías Jerez, Juan Pablo Montenegro, Ramón Montenegro, Pedro Nazarre, Climaco Palavecino, Ramón Antonio de la Rosa y Eusebio Suárez. (27)
Juan Felipe Ibarra en 1836 sostuvo y defendió sus facultades derivadas del Real Patronato para nombrar párroco de Salavina, en lugar del cura Francisco Flores que había sido designado por el obispo José Agustín Molina. Ibarra no estaba facultado para nombramientos eclesiásticos, pero eligió al dominico Manuel Cordón para el curato de Salavina, quien sucedió a fray Mariano Horcajo. Señaló Ricardo Levene que los decretos de 1837 y otros pusieron en evidencia el espíritu cada vez más regalista de Juan Manuel de Rosas en el ejercicio del Patronato, pero manteniendo los vínculos de “obediencia y respeto” al Papa. (28) En 1840 se produjo una sublevación unitaria contra el gobernador Ibarra, liderada por el juez Pedro Ignacio Unzaga, los Olaechea y Neitor, y los españoles José María Libarona y Domingo Rodríguez. En la madrugada del 24 al 25 de septiembre se pronunciaron contra Ibarra y asesinaron a su hermano Francisco A. Ibarra. Rodríguez fue electo gobernador y le tomó juramento el juez Unzaga, entre fervorosos aplausos y mueras al “tirano Ibarra”. Los sublevados fueron derrotados al poco tiempo e Ibarra emprendió su persecución y castigo. Santiago Herrera, asesino del hermano de Ibarra fue ajusticiado. Libarona y Unzaga fueron confinados en el fortín del Bracho, donde el primero murió loco y el segundo huyó. (29) Unzaga se presentó ante Ibarra en un estado lastimoso solicitando indulto sin conseguirlo, siendo remitido el 16 de agosto de 1844, al comandante de Salavina, Juan José Tévez, con la orden expresa de degollarlo. En la noche del 23 de agosto, Unzaga fue velado en vida en la puerta de la iglesia de Villa Salavina, recostado sobre un trapo negro entre cuatro velas, en medio del terror de los pobladores que no pudieron dormir en toda la noche. A la madrugada concluyó el velatorio y Unzaga fue conducido a la parte de atrás de la iglesia donde fue obligado a cavar su propia tumba y poco después fue degollado en medio de los clamores de los habitantes. (30)
El viajero inglés Tomás Hutchinson realizó una expedición por el valle del Salado desde el 25 de noviembre de 1862 hasta el 10 de marzo de 1863. Hutchinson dijo que desde San Roque a Santiago había dos caminos “uno por el Carmen a Carabajal, por el cual vamos, y el otro a la derecha por Abipones y pasando por el Fortín Esperanza, encontrándose ambos en Salavina, como a veinticinco leguas de donde estamos ahora”. Salavina fue descripta como una villa antigua con cuarenta o cincuenta casas y algunos cientos de habitantes: “Su raquítica iglesia parece que a cada minuto va a caerse, porque sus paredes están partidas, y ya no tienen sino unas pocas varas de techo”. Después destacó que no había municipalidad ni jefe político “siendo sus autoridades un comandante, un juez de paz y un comisario”. El comandante era Domingo Contreras que residía en Santa Lucía a una legua del pueblo donde pasó la noche. (31)
Por ley del 30 de junio de 1863, el gobernador Manuel Taboada mandó delimitar los 17 departamentos santiagueños y esto se cumplió el 9 de enero de 1864. El 25 de agosto de 1887, Salavina fue dividida en distritos: Salavina, Taruca Pampa, Carrillos, Verón, Anga, Navarro, Fuerte Esperanza, Guerra, Saladillo, Sabagasta, Bajada y Salinas. Respecto de la educación y cultura en Salavina se produjeron notables avances en la segunda mitad del siglo XIX. Se desempeñaba como maestro Mariano Silvetti, que a pesar de la falta de recursos para la enseñanza, aceptó los sacrificios y penurias con un sueldo de $ 20 por mes. Los Silvetti participaban política e institucionalmente de la red de familias partidarias del “taboadismo”. Domingo F. Sarmiento creó una biblioteca en Salavina entre 1868 y 1874, y su primer presidente fue Clodomiro Luque. Pero dejó de funcionar en 1883, y se cerró la casa donde se inauguró frente a la de Manuel del Castillo. (32)
La iglesia de Salavina en el transcurso del siglo XIX estuvo expuesta a los ataques de los aborígenes chaqueños. En 1871 su párroco era fray Ramón Fernández, quien estaba ordenando el archivo, pero lamentablemente varios papeles y libros desaparecieron. Otra capilla que pertenecía a la jurisdicción de Salavina era Taruca Pampa, donde se rendía culto al Señor de la Paciencia. Según la tradición su imagen se habría encontrado en las montañas catamarqueñas al naciente de su capital. En 1872 el curato de Nuestra Señora del Carmen de Salavina tenía una población de 7.500 personas, según un informe del párroco Fernández. (33) En 1893 el visitador padre Clodomiro Arce informó que el antiguo templo de Salavina estaba en regular estado, pero se conservaba a pesar de su pobreza y no había ornamentos para realizar la misa. También observó que la villa estaba destruida y su población escaseaba. Su cura seguía siendo Ramón Fernández pero podía ser atendida también por el cura de Atamisqui. El informe de Arce expresaba: “La iglesia parroquial es un edificio muy antiguo; sin embargo se conserva en regular estado; es sumamente pobre y nada tiene de alguna consideración”. Asimismo afirmaba: “Tiene esta iglesia una casa parroquial casi en destrucción. Este beneficio es el más pequeño de todos los curatos de la jurisdicción de Santiago”. (34)
Orestes Di Lullo ha recogido tradiciones locales sobre la vida religiosa de Salavina del siglo XIX desde la voz de antiguos pobladores como don Absalón, viejo sacristán de la iglesia: “Este pueblo es muy viejo…no estaba ubicado en este lugar. La Villa Vieja se encontraba cuatro o cinco leguas más al sud. Fue trasladada en 1838”. Luego se refirió a relatos sobre sacerdotes: “El cura D. Mariano Acosta predijo la desaparición del pueblo y también que se secaría el río Utis…”. Añadió: “Cuentan los viejos que a un cura Domínguez lo desnudaron y lo votaron para que se fuera. Quién sabe si su maldición no pesa sobre el pueblo porque desde entonces –sería el 75- empezó la decadencia”. Las fiestas religiosas en Salavina tuvieron una gran importancia en el siglo XIX, tal como dijo don Absalón: “El día de la Patrona, o sea de la Virgen del Carmen, se bailaba, después de la misa, se corrían carreras, siendo los mantenedores de estos festejos los síndicos que se elegían entre los encumbrados personajes”. Estas festividades, aparte de la novena, duraban ocho días. Del mismo modo, el 8 de diciembre, con motivo de la fiesta de la Purísima, “en que desde la madrugada comenzaba a celebrarse con el disfraz de los indios, los cuales salían para llegar hasta el altar corriendo desde 1 o 2 leguas, siendo recibidos a unos cuantos kilómetros por el cura y el pueblo que los acompañaba hasta la adoración”. (35)

Notas:

* Sandro Olaza Pallero, abogado y doctorando (Universidad de Buenos Aires). Docente de Historia del Derecho (Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires y Facultad de Ciencias Jurídicas de la Universidad del Salvador). Miembro correspondiente por la Provincia de Buenos Aires del Centro de Estudios Genealógicos y Heráldicos de Santiago del Estero.
(1) MARIO ÁNGEL BASUALDO, Rasgos fundamentales de los departamentos de Santiago del Estero. Un documento para su historia, Santiago del Estero, Municipalidad de Santiago del Estero, 1981, vol. II, pp. 186-187. JUDITH FARBERMAN, “Migrantes y soldados. Los pueblos de indios de Santiago del Estero en 1786 y 1813”, en Cuadernos del Instituto Ravignani, núm. 4, Buenos Aires, Febrero de 1992, p. 8.
(2) CAYETANO BRUNO, Historia de la Iglesia en la Argentina, Buenos Aires, Editorial Don Bosco, 1966, vol. I, pp. 69-70. GUILLERMO FURLONG, Alonso Barzana S. J. y su Carta a Juan Sebastián (1594), Buenos Aires, Ediciones Theoría, 1968, p. 83. 
(3) BRUNO, Historia de la Iglesia…, vol. I, p. 70. FURLONG, Alonso Barzana…, p. 83.
(4) AMALIA GRAMAJO DE MARTÍNEZ MORENO y HUGO N. MARTÍNEZ MORENO, Cruces catequísticas de Santiago del Estero, Santiago del Estero, Ediciones V Centenario, 2008, p. 7. BRUNO, Historia de la Iglesia…, vol. I, pp. 325-326. ORESTES DI LULLO, Antecedentes biográficos santiagueños, Santiago del Estero, Provincia de Santiago del Estero, 1948, p. 109.         
(5) LUIS C. ALÉN LASCANO, Los orígenes de Santiago del Estero. Ensayos históricos, Santiago del Estero, Marcos Vizoso Ediciones, 2006, pp. 49-51.
(6) MARÍA MERCEDES TENTI, “Iglesia y sociedad en Santiago del Estero a principios del siglo XX”, en Archivum XXVI, Buenos Aires, 2007, p. 207. ORESTES DI LULLO, Caminos y derroteros históricos en Santiago del Estero, Santiago del Estero, Fundación Cultural, 2010, p. 94. BASUALDO, Rasgos fundamentales…, p. 188. GRAMAJO DE MARTÍNEZ MORENO, “Los curatos en la organización eclesiástica de Santiago del Estero. II Parte”, en Archivum XXVI, Buenos Aires, 2007, p. 248.
(7) AMALIA GRAMAJO DE MARTÍNEZ MORENO, “Los curatos en la organización eclesiástica de Santiago del Estero”, en Archivum XXIV, Buenos Aires, 2005, p. 44.
(8) Real cédula al obispo de Tucumán, Madrid, 22-5-1675, en VÍCTOR TAU ANZOÁTEGUI, Libros registros-cedularios del Río de la Plata (1534-1717). Catálogo, Buenos Aires, Instituto de Investigaciones de Historia del Derecho, 1987, vol. II, p. 161.
(9) Jacinto Maldonado de Saavedra fue capitán y se casó en Santiago del Estero con Catalina Villarroel y Ugarte, nieta de Juan Ramírez de Velazco y biznieta de Gerónimo Luis de Cabrera e hija del sargento mayor Pedro Villarroel y Cabrera. Fueron padres de Josefa y Francisco. Francisco de Maldonado era sargento mayor e hijo de Jacinto Maldonado de Saavedra y de Catalina de Villarroel. Se casó con Andrea Ibáñez del Castrillo, siendo padres de Catalina y Pedro. DI LULLO, Antecedentes biográficos…, pp. 181 y 292. ALICIA I. SOSA DE ALIPPI, Registro de encomiendas en territorio argentino siglo XVIII existentes en el Archivo General de Indias, Córdoba, Centro de Estudios Genealógicos y Heráldicos de Córdoba, 2007, pp. 95-97.
(10) Cosme del Campo Ibáñez nació a comienzos del siglo XVII en Santiago del Estero, hijo de Cosme del Campo y de María Ibáñez. Estudió en la Universidad de Córdoba, obteniendo el curato de Lindongasta y posteriormente de Salavina. Dirigió el Colegio del Seminario de Santiago del Estero desde el 21 de julio de 1689 hasta el 29 junio de 1699, fecha en que el juez eclesiástico ordenó su clausura para abrirlo en Córdoba el 7 de octubre de 1700. DI LULLO, Antecedentes biográficos…, p. 62.
(11) ALÉN LASCANO, Luis C., Historia de Santiago del Estero, Buenos Aires, Plus Ultra, 1992, pp. 112-113.  TAU ANZOÁTEGUI, Libros registros-cedularios…, vol. III, pp. 13 y 62. HEBE LUZ ÁVILA, “Un desagravio para Juan Balumba”, en  La Fundación Cultural, núm. 48, Santiago del Estero, Septiembre de 2011, p. 34.
(12) GRAMAJO DE MARTÍNEZ MORENO, “Los curatos en la organización eclesiástica de Santiago del Estero. II Parte”, p. 246.
(13) JUDITH FARBERMAN, Las salamancas de Lorenza. Magia, hechicería y curanderismo en el Tucumán colonial, Buenos Aires, Siglo Veintiuno, 2005, pp. [145], 212, 213 y 237.
(14) Todavía en los tiempos de Juan Felipe Ibarra y Manuel Taboada se perseguía a las brujas, castigándolas cruelmente en el tradicional lugar denominado Culo Saca. JUDITH FARBERMAN, Magia, brujería y cultura popular. De la Colonia al siglo XX, Buenos Aires, Sudamericana, 2010, pp. 21-23 y 122.
(15) DI LULLO, Antecedentes biográficos…, p. 154. SILVIA PICCOLI DE BARRÓN, “Santos patronos santiagueños”, en La Fundación Cultural núm. 10, Santiago del Estero, Julio 2001, pp. 21-22. ALÉN LASCANO, Historia de Santiago del Estero, p. 153.
(16) SARA DÍAZ DE RAED, “Las reducciones: Vilelas, Petacas y Abipones”, en La Fundación Cultural, núm. 34, Santiago del Estero, Marzo 2008, pp. 34-35. ALÉN LASCANO, Historia de Santiago del Estero, p. 138.
(17) DI LULLO, Antecedentes biográficos…, p. 47.
(18) Ídem,  p. 218.
(19) ALÉN LASCANO, Historia de Santiago del Estero, p. 160. DI LULLO, Antecedentes biográficos…, p. 74.
(20) PABLO LASCANO, “Juallo”, en Discursos y Artículos, Santiago del Estero, Edición del autor, 1927, pp. 177-178.
(21) DI LULLO, Antecedentes biográficos…, p. 75. ORESTES DI LULLO, La agonía de los pueblos. Viejos pueblos, Santiago del Estero, Fundación Cultural, 2010, pp. 80-81. DI LULLO, Antecedentes biográficos…, p. 260.
(22) BRUNO, Historia de la Iglesia…, vol. VII, p. [171]. ALÉN LASCANO, Historia de Santiago del Estero, pp. 197-200.
(23) LASCANO, “Juallo”, pp. 179-180. Yacumuyu o agua redonda en quichua está a 1 km de la villa y ahí asentó su cuartel militar en 1879 el coronel Octaviano Olascoaga con el regimiento 3 de línea para defenderse contra los ataques de los indígenas chaqueños. DI LULLO, La agonía de los pueblos…, p. 82.  En Yacumuyu habita desde tiempos lejanos la familia Castillo y uno de sus miembros, Andrés Castillo –hijo de Casimiro Castillo-, ha encontrado restos de la fortificación realizada por Olascoaga.
(24) Basilio Ibarra era hijo de Simón de Ibarra y María del Carmen Grillo Dora, siendo sus hermanos: Felipe, Matías, Marcos, Dionisio, Agustina, Cayetano, Manuel Antonio y Juana María. En la elección para diputado al Congreso de 1816, donde fue consagrado Pedro León Gallo, Ibarra obtuvo dos votos. Pascual Belisán nació en 1739 y estaba casado con Ignacia Jijena, fueron padres de Justa y Manuela. DI LULLO, Antecedentes biográficos…, pp. 46 y 137. Ricardo Rojas afirmó: “Pasó por Loreto, Atamisqui, Salavina, Oio de Agua, y entró por Río Seco en la frontera de Córdoba”. RICARDO ROJAS, El Santo de la Espada, Buenos Aires, Editorial G. Kraft, 1961, p. 97. DI LULLO, Caminos y derroteros…, p. 126.
(25) GRAMAJO DE MARTÍNEZ MORENO, “Los curatos en la organización eclesiástica de Santiago del Estero. II Parte”, p. 246. Tomás Antonio Castillo fue elegido alcalde del partido de Salavina el 4 de octubre de 1816. Ambrosio Contreras nació en Santiago del Estero en 1763 y estaba casado con Pabla Rillo y fueron padres de: Encarnación, Domingo, Regalado, Pascuala Bailón, Ramón y José. Diputado por Salavina en 1816, fue comandante de este partido en 1819 y suscribió el acta de juramento de la Constitución en presencia de Domingo Cainzo enviado desde Santiago del Estero. Pedro Francisco Maldonado, nacido en Santiago del Estero en 1776, estaba casado con Francisca Acosta y fueron padres de Basilio, Hilario y Consolación. DI LULLO, Antecedentes biográficos…, pp. 75, 78 y 183.
(26) BRUNO, Historia de la Iglesia…, vol. VIII, pp. [297]-306 y vol. XI, p. [532]. JULIO CÉSAR CASTIGLIONE y ELSA CASTILLO DE GIMÉNEZ, Retrato de un siglo. Una visión integral de Santiago del Estero desde 1898 en el centenario del diario El Liberal, Santiago del Estero, Editorial El Liberal, 1998, p. 181. DI LULLO, La agonía de los pueblos…, p. 87. La Escuela n° 406 de Villa Salavina lleva el nombre “Sor Mercedes Guerra”.
(27)  DI LULLO, Antecedentes biográficos…, pp. 15, 27, 75, 84, 110, 115, 130, 133, 136, 154, 197, 198, 202 y 265.
(28) ALÉN LASCANO, Historia de Santiago del Estero, p. 315. Rosas en carta a Ibarra del 31 de mayo de 1837 le expresó “no ha obrado usted con acierto” al disponer “por sí solo” el envío del padre Cordón a Salavina. BRUNO, Historia de la Iglesia…, vol. IX, pp. 406-410. RICARDO LEVENE, Historia del Derecho Argentino, Buenos Aires, Guillermo Kraft, 1956, t. IX, p. 239.
(29) Pedro Ignacio Unzaga Argañarás era hijo de Lorenzo Unzaga y de Jacinta Argañarás Gramajo. Fue designado por el gobernador Ibarra, juez de primera instancia en lo civil, en reemplazo de de Baltazar Olaechea el 25 de julio de 1837. DI LULLO, Antecedentes biográficos…, p. 281. ALÉN LASCANO, Historia de Santiago del Estero, pp. 325-327.
(30) ALFREDO GARGARO, Ibarra y la Coalición del Norte, Santiago del Estero, Edición del autor, 1940, p. 125. DI LULLO, Antecedentes biográficos…, p. 274. ALÉN LASCANO, Historia de Santiago del Estero, p. 327.
(31) Luis Varela traductor de este libro de Hutchinson aclaró que la iglesia de Salavina fue refaccionada en 1865 durante el gobierno de Absalón Ibarra. THOMAS J. HUTCHINSON, Buenos Aires y otras provincias argentinas, Buenos Aires, Huarpes, 1945, pp. 23, y 209-215.
(32) BASUALDO, Rasgos fundamentales…, p. 186. DOMINGO MAIDANA, “Maestros laicos en la escuela primaria. Escuelas de primeras letras y maestros laicos desde 1810”, en Revista de la Junta de Estudios Históricos de Santiago del Estero, núm. 2, Santiago del Estero, 1943, pp. 184-186. ROSSI, Espacios y relaciones de poder..., p. 78. DI LULLO, La agonía de los pueblos…, p. 87.
(33) GRAMAJO DE MARTÍNEZ MORENO, “Los curatos en la organización eclesiástica de Santiago del Estero. II Parte”, p. 248. BRUNO, Historia de la Iglesia…, vol. XI, p. 233.
(34) Ídem.
(35) DI LULLO, La agonía de los pueblos…, pp. 86-88.


Fuente:


Revista La Fundación Cultural n° 58, Santiago del Estero, Marzo de 2014, pp. 52-59.
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