viernes, 21 de enero de 2011

LA BATALLA DE LA VUELTA DE OBLIGADO Y LA SUPREMACÍA PORTEÑA

Juan Manuel de Rosas.
Batalla de la Vuelta de Obligado.



Por Roberto Azaretto*



El 20 de febrero de 1845 las fuerzas porteñas al mando del veterano general Mansilla fueron derrotadas en la Vuelta de Obligado, un recodo del Paraná de sólo setecientos metros de ancho.El sitio era el mejor para construir una fortaleza militar que impidiera el acceso de una flota enemiga a los puertos del litoral.
Comparar, como lo hace Pacho O'Donnell, los sucesos de 1845 con la gesta de San Martín y el cruce de los Andes, sólo muestra su escaso conocimiento de historia militar.
El general Mansilla como militar profesional sabía que se trataba de un disparate. Lo sabemos por su propio hijo, el también general y genial escritor Lucio, que dice que sólo el gran amor por su esposa Agustina Rosas (jovencita que se casó a los 19 años con Mansilla que ya sobrepasaba los 52 años) lo llevó al aceptamiento del mando que le ofreció su cuñado, el gobernador de Buenos Aires.
La epopeya de San Martín fue posible por la capacidad profesional de nuestro libertador. Era un gran estratega que sabía los objetivos, los medios para alcanzarlos y contaba con una capacidad operacional excepcional. Por el contrario, Rosas tenía grado militar por la política, casi nunca estuvo en batalla y la campaña al desierto fue un fracaso nacional pues sólo cumplió la parte que le interesó a su provincia, dejando a la región cuyana y a Córdoba con la indiada amenazando las estancias y poblados como antes.
El gobernador de Buenos Aires y encargado de la Confederación Argentina montó un aparato militar para someter a los pueblos del interior a la hegemonía porteña, financiado con las rentas del monopolio portuario porteño. La famosa Ley de Aduanas no tuvo efectos en el interior y los aportes a las provincias fueron mezquinos y muy espaciados.
Nunca se preparó para un conflicto con potencias europeas. Por eso Mansilla sólo tuvo dos semanas para extender tres cadenas sobre el recodo del Paraná, con sesenta cañones de bronce de bajo calibre de los tiempos de las guerras por la independencia y reforzar un sólo batallón del regimiento de Patricios de Buenos Aires y ciento sesenta artilleros con el gauchaje de San Pedro, Ramallo, San Nicolás hasta alcanzar dos mil hombres al mando del Coronel Ramón Rodríguez.
En la tercera década del siglo XIX se perciben en el mundo y sobre todo en Europa los efectos de la revolución industrial en cuanto a una mejora bastante generalizada del nivel de vida de la población, sobre todo en Inglaterra. El obrero industrial logra liberarse de la miserable vida del campesino europeo. En decenas de años la burguesía provoca un crecimiento de la riqueza mayor que todos los ocurridos desde la aparición del hombre hasta entonces, como lo afirma Carlos Marx. Ese progreso requiere la apertura de los mercados y la incorporación del mundo a la producción. La locomotora, el barco a vapor y el telégrafo generan el primer proceso de globalización.
Por eso los contendientes de Obligado llegan con una flota de veintidos barcos de guerra con algún blindaje, calderas a vapor que permiten remontar las corrientes del Paraná y más de cuatrocientos cañones de hierro. A retaguardia de la flota anglofrancesa, comandada por el almirante Sullivan, noventa barcos mercantes repletos de mercaderías, esperan la apertura del río al comercio internacional, de las provincias ribereñas y el Paraguay.
¿Es nacional prohibirle a las provincias que utilicen sus puertos para exportar e importar sus productos? Esta actitud porteña había costado el alejamiento de Artigas y de Pancho Ramírez el caudillo entrerriano que especuló con la creación de una república que comprendiera el Paraguay, Río Grande del Sur, el Uruguay y la Mesopotamia.
Pero más allá de eso, la batalla de la Vuelta de Obligado, fue un derroche del heroísmo de los viejos argentinos, de los que podemos sentirnos orgullosos los que tenemos esa sangre en nuestras venas.
El fuego se desencadenó al amanecer. Los jefes de las baterías, Álvaro Alzogaray, Felipe Palacios, Eduardo Brown, el hijo del almirante y el teniente coronel Juan B. Thorne, que mandaba toda la artillería, pelearon con denuedo expuestos al fuego enemigo. Mansilla es herido de cierta gravedad, pero sigue atento a las operaciones. Thorne lo reemplaza en la primera línea y un cañonazo lo deja sordo de por vida. Muere casi la totalidad de los artilleros. El único buque de guerra, "El Republicano", es quemado por su propio jefe para que no lo tome el enemigo. La flota había sido perdida en Montevideo días antes, al no recibir órdenes de replegarse hacia el Paraná donde era más útil.
Rodríguez, coronel de Patricios, se pone al frente de sus tropas y a la bayoneta calada repelen el desembarco de los efectivos de la flota agresora. Siete horas después, Mansilla da órdenes de repliegue y que los barcos anglo-franceses han roto las cadenas. Se quedarán cuarenta días en zona para las reparaciones. Tuvieron veintiséis muertos, algo más de sesenta heridos. Los efectivos de Mansilla tuvieron doscientos cincuenta muertos y quinientos heridos, casi el 40% del total.
La flota remonta el Paraná donde la navegación es difícil, pues era un río sin obras de dragado ni señalización. Son recibidos con indiferencia en Santa Fe pero con entusiasmo en Corrientes y el Paraguay. Aunque en general los resultados económicos les resultan poco interesantes puesto que han sobreestimado el poder de compra de esas poblaciones.
Al regreso son hostilizados por Mansilla y su segundo Marín Santa Coloma, en San Lorenzo, Quebracho, el Tonelero. Esta vez el veterano general de la independencia adopta una táctica eficaz: no enfrenta a los buques de guerra ya que siempre supo que no contaba con los medios para enfrentarlos a pesar del heroísmo de sus tropas, por eso se dedica a cañonear con éxito a los barcos mercantes. En el Tonelero destruye seis de ellos.
El conflicto se adormece y ahí aparece el mejor Rosas, el político astuto, el hombre de negocios y el diplomático. Sus intereses están vinculados a los ingleses. En su momento negoció el pago de la deuda por territorio, ofreciendo el reconocimiento de la soberanía inglesa en las Malvinas a cambio de la cancelación del empréstito contraído con Barings Brothers en 1824, como lo hicieran en esa época todos los nuevos países independizados de España. Por suerte los ingleses no lo aceptaron.
Si bien el tratado Arana-Southern es firmado en 1847, un año antes se había normalizado la situación. Con Francia se demoró tres años más pero no era importante en esa época su influencia en la región.
Para concluir, el que escribe cree interesante decir que el Almirante Sullivan, en 1883, casi cuarenta años después de los sucesos de Obligado, toma contacto para devolver una bandera que conservaba como trofeo personal. Quería legarla al coronel Ramón Rodríguez, por su bravura y valentía "al frente, en persona, de sus tropas exponiéndose al fuego cruzado de nuestra artillería en defensa de su patria". Si Rodríguez no vivía, pedía que se entregara al Regimiento de Patricios... "si aún existe".
¡Qué contraste con esos generales de Malvinas, lejos del frente, rindiéndose con uniformes planchados y botas lustrosas frente al general Moore, sucio, cansado que venía al frente de sus tropas y afrontando el riesgo del combate! ¡Qué diferencia con los almirantes que promovieron la guerra y luego escondieron los barcos en sus bases y los que abandonaron a su suerte al crucero general Belgrano olvidando que los buques de guerra se construyen para ser hundidos, como lo recordara el almirante inglés que nos venció en esa aventura absurda y que es hija del nacionalismo fascista!


Lucio Norberto Mansilla (por Goulu).


* Los Andes, Mendoza el 23-XI-2010 [www.losandes.com.ar].




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