sábado, 4 de febrero de 2012

CIENTO SESENTA AÑOS DE CASEROS



Justo J. de Urquiza.
  

Por Roberto Azaretto*


Fue fácil la victoria, en pocos minutos se decidió la batalla en que el invicto entrerriano, con tropas y oficiales fogueados en los combates sangrientos de las guerras civiles, vencía a un general que nunca estuvo en el frente y no preparó a su ejército para su última guerra. Antes de la media hora del inicio del fuego, Rosas regresaba a su casa a buscar a su hija y cargar los baúles, ya preparados, para su exilio en Inglaterra, donde moriría un cuarto de siglo después. Como suele pasar, cuando un régimen destruye toda posibilidad de alternativas, su derrocamiento fue logrado por un antiguo aliado suyo, como lo era el gobernador de Entre Ríos. Urquiza se los dijo claramente, a los emigrados de Montevideo y de Chile, cuando a horas del triunfo lo cuestionaban: “Si yo no lo enfrento a Rosas, ustedes seguirían chillando en los diarios de Montevideo 20 años más”. 
Consecuencia de la victoria fue el Acuerdo de San Nicolás, firmado con los gobernadores que integraban el sistema rosista. En el Acuerdo se constituye un poder nacional luego de la fugaz presidencia de Rivadavia, entre 1826 y 1827, al designar a Urquiza Director de la Confederación y se convoca a una Convención Constituyente en Santa Fe. La Convención redacta, debate y aprueba la Constitución Nacional, con la representación de trece de las catorce Provincias, porque Buenos Aires no acepta la representación igualitaria y pretende que se organice la Nación de acuerdo a sus propias reglas, que no son otras que la primacía, como lo fue en los tiempos de Rosas, y la conservación para sí de las rentas de la Aduana. 
Nunca ocultó Rosas su desdén por los caudillos provinciales y se lo reiteraba años después, en el exilio inglés, a Vicente Quesada cuando defendía su postura de no organizar institucionalmente al país. Hoy el aniversario de Caseros toma otra dimensión, porque la presidente de la Nación, creyendo que sus obligaciones incluyen la sustitución tanto de la historia argentina como de la realidad contemporánea por “el relato”, ha dicho que en Caseros triunfó el sur, a diferencia de los Estados Unidos, donde el norte industrial superó al sur agrícola. 
Las diferencias entre los Estados Unidos y nuestro país eran enormes, las trece colonias inglesas originales fueron siempre autónomas y se vinculaban directamente con Londres, sin virreyes ni autoridad central alguna. Todos los Estados fundadores tenían costas al Atlántico y solamente tres semanas de navegación los separaban de Inglaterra, a diferencia de los tres meses que duraba el viaje entre Buenos Aires y España. Cinco millones de habitantes poblaban los territorios que conformaron los Estados Unidos. Recién a principios del siglo XX la Argentina logró contar con ese número de habitantes. 
Los estadounidenses constituyeron un Congreso, formaron un ejército, designaron a su comandante -Jorge Washington- y se dedicaron con exclusividad a las metas de lograr la independencia y asegurar los derechos individuales. Nadie discutió formas de gobierno, si se implantaría una república o una monarquía, si habría un régimen federal o unitario. San Martín no tuvo esa suerte. Entre tantos obstáculos que enfrentó, el mayor de todos y con graves consecuencias fue el relacionado con las querellas intestinas. Esa mala costumbre nuestra de poner el carro delante de los caballos. 
Así fue que sólo una fracción de las tropas que podían reunirse en el país formaron el Ejército Libertador. La mayor parte estuvo al servicio de las querellas de campanario y las ambiciones de personajes menores que satisfacían pequeñas vanidades lugareñas. Luego de establecer una confederación, los estadistas del Norte resolvieron crear un gobierno federal. Para eso redactaron una Constitución que aseguró las libertades de los ciudadanos, construyó un sistema de tres poderes y reconoció a la libertad de prensa como un derecho indelegable que se reserva el pueblo. 
Unificó el mercado suprimiendo peajes y aduanas interiores. Como recurso federal se establecieron los derechos de aduana, así financió al gobierno y protegió moderadamente su agricultura, y más adelante sus manufacturas. En la guerra civil de los Estados Unidos lo que estuvo en juego fue la unidad de la Unión y la negación del derecho de secesión. Antes del conflicto ese país, con cincuenta millones de habitantes, era una economía agroindustrial. 
La navegación a vapor y miles de kilómetros de ferrocarriles posibilitaban la incorporación al mercado de los territorios interiores que formaban los nuevos estados de un país que ya preocupaba a Europa, sobre todo a sus clases gobernantes, que temían la consolidación de la democracia republicana, como lo temía Napoleón III. Rosas en su primer gobierno, en 1831, restableció el tráfico de esclavos negros, práctica que no corresponde a un proyecto “industrial” que se basa en el salario. El tráfico se suprime siete años después, por presiones del gobierno inglés. 
En ese momento había un conflicto con Francia, y el gobernador no quería complicaciones. Los puertos del Paraná y el Uruguay estaban cerrados a la navegación consagrando el monopolio portuario de Buenos Aires, el país importaba trigo y harina de Chile y los Estados Unidos, el azúcar de Brasil o Cuba y el vino de Europa. La Ley de Aduanas de 1835 había servido para proteger en parte al artesanado de la ciudad de Buenos Aires. En el interior había una economía de subsistencia, donde los costos del transporte terrestre y las aduanas interprovinciales encarecían los productos e impedían el desarrollo de agroindustrias como la vitivinícola en Cuyo o la azucarera en el Norte. 
En algunas provincias solamente el 2% de la población sabía leer y escribir, casi nadie tenía estudios medios y no había ningún universitario. En la provincia de Buenos Aires Juan Manuel de Rosas suprimió toda partida presupuestaria a la educación y la Universidad debía mantenerse con el aporte de sus alumnos. A la tradicional exportación de cueros se había agregado la del tasajo, actividad que toma desarrollo a principios de ese siglo y que tuviera en Rosas a uno de sus impulsores. Las mejoras en los rebaños ovinos, a partir de la introducción por Rivadavia de ejemplares de origen británico, abren nuevas perspectivas, sobre todo en Entre Ríos. 
Con posterioridad a Caseros y antes de la revolución agrícola de las pampas y de la industria frigorífica, la lana tendrá una importancia en el crecimiento argentino equivalente a la soja en estos tiempos. La provincia de Entre Ríos estimula, en la gobernación de Urquiza, un gran impulso a la ganadería lanar, coincidiendo con la expansión de la industria textil inglesa. La provincia mesopotámica se convierte en la segunda en importancia en el país y su gobernante, además de ser un militar, es un empresario exitoso que vislumbra las oportunidades que se brindan a esta parte del mundo gracias a la Revolución Industrial. 
Las bases de todo proceso de modernización y desarrollo requieren un sistema institucional que asegure los derechos de propiedad y la libertad para producir y comerciar, la unidad del mercado interno eliminando barreras y aduanas interiores, la construcción de un sistema de transporte eficiente y barato. El desarrollo agrícola y la promoción de producciones que generen ingresos externos son decisivos, junto con el impulso a la educación pública. Con esas bases se genera el círculo virtuoso que lleva a la industrialización, la primera es la de las materias primas de origen agroganadero hasta alcanzar actividades más complejas. 
Esto se consigue a partir de Caseros. En 1850 la provincia de Buenos Aires comerciaba con el exterior por veinte millones de pesos anuales, con saldo negativo. El Norte, que según el mito revisionista se recuperaba gracias a Rosas, comerciaba con Bolivia por doscientos mil pesos anuales. En el caso de Mendoza, hasta la llegada del ferrocarril el ingreso más importante era la exportación a Chile de ganado en pie, unos cuarenta mi vacunos al año. Un país con una economía pastoril, sin educación primaria, sin colegios secundarios en casi todas las provincias, sin ingenieros, ni técnicos, ni mano de obra especializada, ni capitales, fue la Argentina que lega Rosas a su vencedor. 
Los viajeros que recorren el país y quedan impactados por la enorme pobreza; tal vez no sepan que las guerras internas costaron cuarenta mil muertos. A partir del triunfo del caudillo entrerriano se sentarán las bases para el desarrollo argentino. La mejor demostración del éxito fue la decisión de millones de personas de cruzar en condiciones durísimas el Atlántico para construir un país que en el Centenario podía decir que era exitoso. Porque hasta los problemas de hace cien años eran los de toda sociedad moderna y no cuestiones propias del primitivismo, como soportaron nuestros hermanos del subcontinente.Mientras Rosas dejaba sin recursos a la educación, Urquiza fundaba -antes de Caseros- el Colegio de la Concepción del Uruguay y becaba a jóvenes del interior para que estudiaran allí. Está clara la diferencia.



* Los Andes, Mendoza, 2-II-2012.

2 comentarios:

  1. Los tiempos de Rosas fueron de graves dificultades, guerras intestinas y ataques extranjeros promovidos por los representantes de "la ilustración". No obstante ello, Rosas difundió la enseñanza, creó casas de estudios superiores y estimuló muy valiosas actividades intelectuales. Durante su gobierno se publicó, por don Pedro de Angelis, la famosa Colección, de obras y documentos relativos a las historias antigua y moderna de las Provincias del Río de la, Plata. en seis volúmenes, impresa en la Litografía del Estado en 1836/37, el Cancionero argentino, en 1837, La lira española, en 1844 y El mosaico literario, en 1848, así como La galería de ilustres contemporáneos, publicada por Arzac, en la Litografía de las Artes, en 1844. Recuérdese, asimismo, que La Gaceta Mercantil se publicó con desusada regularidad durante su gobierno, así como El Archivo Americano, redactado en idioma español, inglés y francés, y el British Packet, diario escrito en inglés.

    A pesar de las intrigas y la guerra civil, durante la época de Rosas se dio un fuerte impulso a la instrucción primaria y superior. Una comisión nombrada para estudiar al reforma terminó sus trabajos con un proyecto “en el cual puede verse una anticipación de algunos aspectos de la reforma universitaria argentina, y que guarda tantos puntos de coincidencia con el sistema administrativo y docente que rige actualmente” (A. Salvador. La Universidad de Buenos Aires. La Plata 1937.p.70 – Julio Irazusta Vida política de Juan Manuel de Rosas.t.II.70)

    “A pesar de las difíciles circunstancias en que el país se hallaba envuelto, parecía que nada influyera en la educación de la juventud que cada día se mostraba más afanosa por corresponder a los cuidados que se le prodigaban.” (Sarmiento) (El presupuesto para educación, que en 1829 era de 37.141 pesos fue elevado en 1830 a 49.980.)

    tomado de: http://www.lagazeta.com.ar/educacion_rosista.htm

    ResponderEliminar
  2. Increible la nota de azaretto....pero lo de cabilla ya REPUGNA. FLACO VOS SOS DEFENSOR DE TRAIDORES COMO URQUIZA Y VIDELA. SOLO TE DEDICAS A INJURIAR AL HEROICO RESTAURADOR. NO TE CANSAS DE ESCRIBIR LAS MISMAS INGENUIDADES SEGUIDAS DE DOLO...

    ResponderEliminar

Archivo del blog