jueves, 21 de junio de 2012

LA CUESTIÓN SOCIAL Y EL MOVIMIENTO OBRERO A PRINCIPIOS DEL SIGLO XX





Gaucho Facón Grande.


Por Sandro Olaza Pallero




1. Introducción

La política internacional dio al presidente Julio Argentino Roca un factor de triunfo y un escenario para la acción. Pero la situación interna era agitada por la cuestión social.
El año 1902 fue crítico: en noviembre se paralizó el trabajo en el puerto por la huelga de los estibadores, seguidos por los barraqueros del mercado central y los conductores de carros. Mientas en la cúspide se había desarrollado una interna por el poder nacional entre los notables del Partido Autonomista Nacional, el mitrismo y el radicalismo; en la base de la pirámide social se sucedieron luchas por la conducción de las organizaciones obreras. En los medios obreros e intelectuales se produce una crisis entre anarquistas y socialistas que llegan a la ruptura ese año a raíz del Segundo Congreso de la Federación Obrera. El anarquismo militante llevaba en esa época la delantera y la mayoría de los obreros estaban afiliados a esta ideología inspirada en Pedro Gori.
Se dividen las organizaciones obreras: la F.O.R.A. queda en manos de los anarquistas y surge la U.G.T. conducida por los socialistas. El socialismo doctrinario se difunde por la acción intelectual de Juan B. Justo. Pero el anarquismo ganó la calle y esto alarmó al gobierno de Roca.
Roca sacó adelante un proyecto del senador Miguel cané, sobre la residencia de extranjeros. El presidente y su ministro del Interior, Joaquín V. González, deciden propiciarlo como base de la ley 4144, conocida  como “de residencia”, por la que autorizaba al Poder Ejecutivo a expulsar del territorio nacional a “todo extranjero, por crímenes o delitos de derecho común” y a disponer la “expulsión” de los extranjeros cuya conducta comprometiese la seguridad nacional o perturbase el orden público.
A esta medida legislativa siguió la declaración del estado de sitio mediante la ley 4145.

2. Búsqueda de respuestas adecuadas: Joaquín V. González y Carlos Pellegrini

La “cuestión social” había sido tratada por los católicos, inspirados en la encíclica Rerum Novarum del Papa León XIII (1891), por los socialistas, por los anarquistas y por los radicales, aunque éstos últimos reconocieron que su pensamiento en la materia fue deficitario. Los miembros del sector conservador prestaron atención a este problema, así en 1903 el Presidente Roca abordó el asunto en su mensaje anual al Congreso, aludiendo a las huelgas como expresión de un problema que reclamaba la atención del legislador y como traducción de “elementos extraños” a los verdaderos intereses sociales.
Durante 1902 se produjeron 27 huelgas violentas, que a su entender justificaban la represión. Se trataba de defender al Estado y de restablecer “el tráfico comercial”. El discurso de Roca se adaptaba a una perspectiva del problema a una mentalidad. La Prensa, denunció a su vez los abusos en la represión apoyada en legislación cuestionada y los excesos policiales, que hacían desbordar las facultades constitucionales apropiadas para enfrentar la crisis.
Joaquín V. González elaboró un proyecto de Ley Nacional de Trabajo que contenía 466 artículos que contemplaban casi todos los aspectos de la “cuestión social”. El proyecto fue enviado al Congreso en 1904, precedido por un mensaje del Poder Ejecutivo y finalmente no fue aprobado. Según Horacio Cuccorese, su fracaso pudo ser porque el “estadista doctrinario de formación europea” que era González vio impedida su acción política reformista dentro del sistema por una “burguesía política argentina (que) como grupo de presión e invisible gobierno paralelo impidió todo intento de cambio estructural dentro del régimen tradicional”. O bien, porque el proyecto según Carlos Pellegrini en carta desde París a su hermano Ernesto del 16 de diciembre de 1904, era una “olla podrida” en la que había de todo -reglamentación y organización del trabajo, higiene industrial, reglamentación de la inmigración, misiones de indios, prostitución, descanso hebdomadario, etc.- y cansó incluso a los pocos que terminaron de leerlo. Carlos Floria y César García Belsunce se inclinan por esta última postura.
Las reacciones fueron diversas: el anarquismo repudió el proyecto; el socialismo lo aceptó en general y los sectores dirigentes no lo estudiaron en profundidad y sus legisladores no lo aprobaron.
El Proyecto de González contemplaba principalmente: a) La regulación legal de las horas de trabajo; b) El establecimiento de tribunales de arbitraje para los conflictos entre patronos y obreros; c) El derecho del obrero o su familia de ser indemnizados en caso de daño o muerte del trabajador en horas laborales; d) El derecho a una pensión por ancianidad; e) La restricción de la inmigración de los extranjeros indigentes; f) La posibilidad de conceder préstamos a los obreros para comprar sus viviendas, y el alojamiento de los pobres en lugares adecuados.
Si bien el Proyecto no fue aprobado en nuestro país, tuvo influencia en el título sexto “Del Trabajo y de la Previsión Social” de la Constitución de México de 1917 y que contenía la siguiente normativa: a) Duración de la jornada máxima en ocho horas;
b) Junta Central de Conciliación y Arbitraje que se establecerá en cada Estado; c) Los empresarios serán responsables de los accidentes del trabajo y de las enfermedades profesionales de los trabajadores; d) Los empleadores pagarían una indemnización por muerte o incapacidad temporal o permanente de los trabajadores; d) Se establecía una Ley del Seguro Social para invalidez, de vida, cesación involuntaria del trabajo, enfermedades y accidentes de trabajo; e) Tendrían utilidad social las cooperativas para la construcción de casas baratas e higiénicas destinadas para ser adquiridas por los trabajadores en propiedad por plazos determinados.
Carlos Pellegrini escribió a su amigo Estanislao S. Zeballos, desde Nueva York, el 28 de agosto, y le prometió un artículo sobre la organización del trabajo y que salió publicado en la Revista de Derecho, Historia y Letras, t. XX, del mismo año. Pellegrini se entrevistó en Estados Unidos con representantes gremiales y con el Jefe del Departamento Nacional del Trabajo, dependiente del Ministerio del Interior, el señor Carroll D. Wright. Sus conclusiones fueron las siguientes:
1) ¿Se pueden evitar las huelgas? Efectivamente, si se cumplieran las siguientes condiciones: a) Que el trabajador tuviera una condición cómoda y digna; b) Que la justa remuneración esté en relación con el trabajo hecho; c) Que las divergencias puedan resolverse sobre bases jurídicas previamente establecidas.
2) ¿Cuándo tendrán principio de ejecución las condiciones precedentes? Se necesita esperar hasta que llegue un momento propicio de tranquilidad social.
3) ¿Cuál es el fin? El objetivo primordial es el de transformar la lucha entre capital y trabajo en un acuerdo constructivo.
4) ¿En qué forma? Haciendo desaparecer, por el camino de la comprensión, la desunión tradicional entre patrones prepotentes y obreros disconformes. Creando al mismo tiempo, una auténtica asociación entre capitalistas y trabajadores.
5) ¿Esto es toda una revolución social? No precisamente. Es una evolución hacia la justicia social.
Hay que recordar  una pequeña anécdota de la historia laboral. El 7 de agosto de 1902 se allanó por orden judicial el local de la Federación Obrera Argentina. Fue como consecuencia de la huelga declarada por los obreros panaderos. El procedimiento resultó arbitrario y la Federación decidió acusar al juez de violación de domicilio ante los tribunales. El Dr. Malagarriga declinó substanciar la causa y entonces la Federación pensó que Pellegrini podía ser su defensor. El periódico La Organización expresó días después: “¡nada menos que a Pellegrini!”, y añadió: “felizmente se dieron cuenta que era un absurdo y no fueron a verlo”.

3.  La masacre del 1° de Mayo de 1909

La Prensa en su edición del 13 de enero de 1908 atribuye a “elementos transplantados de Europa” las gestiones y huelgas por mejoras salariales. Señala a “elementos descamisados poseídos de ideas inaplicables sobre los problemas del capital y el trabajo”.
El 1° de Mayo de 1909 ocurre un disturbio de grandes proporciones cuando militantes anarquistas festejan el Día del Trabajo con un mitin en la plaza Lorea. Como el acto no fue autorizado, la policía lo disuelve cumpliendo órdenes de su jefe el coronel Ramón L. Falcón. Los trabajadores resisten y una descarga policial asesina a ocho y hiere a más de cuarenta de ellos. La noticia fue conocida por los militantes de la U.G.T. que en ese momento realizaban su acto en la plaza Colón.
Ocurren escenas dramáticas en el sepelio de los obreros caídos en plaza Lorea y los socialistas en solidaridad a los trabajadores asesinados y como repudio a Falcón declaran la huelga general. El 7 de mayo, La Prensa exige la renuncia de Falcón y pide a los obreros que cumplan la huelga.
El gobierno responde con la declaración del estado de sitio, la detención de varios dirigentes y la aplicación estricta de la ley de residencia. A pesar de que estas medidas terminan con la huelga, la agitación sigue.
El 14 de noviembre el joven anarquista ruso  de 18 años, Simón Radowitzky, arroja una bomba al carruaje del coronel Falcón y su secretario Juan Lartigau, y éstos mueren. Radowitzky es detenido, se salva de la pena de muerte por ser menor de edad y es recluido al penal de Tierra del Fuego. En 1930 será indultado por el presidente Hipólito Yrigoyen.

4. Leyes sociales

Cuando el socialista Alfredo L. Palacios llegó al Congreso en 1904, impulsó la sanción de varias leyes que contemplaban la situación de los trabajadores, entre ellas la ley de descanso dominical (1905), inspirada en el proyecto laboral de Joaquín V. González. Palacios desde la banca parlamentaria, la cátedra y la doctrina, atacó la libertad absoluta de contratar, emergente de la concepción liberal, inspirada en el código civil. Proclamó la necesidad de una legislación del trabajo que atenuase los efectos perniciosos provocados por el abuso del capitalismo y elevara las condiciones morales y materiales del obrero.
Se crea el Departamento Nacional del Trabajo, a cuyo frente se coloca a José Nicolás Matienzo. Además se regula el trabajo de menores y mujeres; se reglamenta el descanso de las madres obreras; se indemnizan los accidentes de trabajo y enfermedades profesionales; se crean agencias gratuitas de colocaciones; se dispone la inembargabilidad total de sueldos, jubilaciones y pensiones de escaso monto; se fija la forma y la condición del pago de las remuneraciones; se prohíbe el trabajo nocturno en las panaderías y se limita la jornada de trabajo.
A pesar del acceso al poder de Hipólito Yrigoyen sostenido por amplias bases populares, la agitación obrera sigue en movimiento. Se sancionan nuevas leyes laborales: reglamentación del trabajo a domicilio y jubilación de obreros y empleados de empresas particulares de servicios públicos.
Los conflictos obreros liderados por anarquistas y comunistas se suceden: en 1917 hubo 138; en 1918, 196; en 1919, 367. Las huelgas y los sabotajes se multiplican, y el gobierno se ve impotente para impedirlo. Se enfrentan grupos antagónicos en las calles porteñas, y el país vivió la terrible Semana Trágica en enero de 1919 y contempló absorto los fusilamientos represivos de Santa Cruz en 1921.

5. La Semana Trágica (1919)

El 2 de diciembre de 1918 se produce un conflicto por reivindicaciones de normas de trabajo y mejoras salariales en la Compañía argentina de hierros y aceros Pedro Vasena e hijos. Una pequeña minoría del personal de la empresa se opuso al movimiento  el trabajo prosiguió con dificultades de toda suerte. Al prolongarse el movimiento era inevitable que se produjesen choques entre los huelguistas y los rompehuelgas.
Entre el 2 y el 11 de enero de 1919 se gesta la llamada Semana Trágica con un resultado de 800 muertos y 4.000 heridos. Se prontuariaron a 55.000 personas en todo el país.
El general Luis Dellepiane distribuyó en la ciudad efectivos de la guarnición militar e hizo llegar fuerzas de la segunda división de Campo de Mayo. La agitación popular era intensa a pesar de los calores sofocantes de aquel tiempo y menudearon los hechos de fuerza y las agresiones de la irritación dominante. No fue un movimiento preparado, disciplinado, controlado, sino una explosión espontánea irreprimible.
Los muertos y heridos de las primeras horas de la tarde del 7 de enero produjeron en los medios obreros una incontenible irritación. En solidaridad se produjo una huelga general marítima y fueron acuarteladas las tropas de la Prefectura de puertos, estableciendo severa vigilancia en la dársena norte y en el Riachuelo.
La Sociedad de Resistencia Metalúrgicos Unidos declaró la huelga general del gremio para acudir al 8 al sepelio de los muertos de la víspera. Lo mismo hicieron la F.O.R.A. del quinto congreso y la del noveno congreso. El paro fue total.
Al declinar el movimiento tumultuario, hicieron su aparición núcleos de jóvenes armados congregados en torno a la Liga Patriótica, constituida en el Centro Naval y liderada por Manuel Carlés y Luis Zuberbühler y la participación de Miguel de Andrea, Tiburcio Aldao, Rodolfo Lagos, Alejandro Schoo, Manuel M. de Iriondo, Federico Leloir, Manuel Domecq García, entre otros. Se inventó la fantasía de un complot maximalista y se hizo aparecer a supuestos cabecillas de apellidos rusos. Hubo ultrajes y asesinatos en los barrios judíos de Buenos Aires.
Como resultado de este suceso, los huelguistas de la casa Vasena volvieron al trabajo; la jornada sería de ocho horas como máximo; se aumentó un 20 por ciento los salarios de más de 4, 89 pesos diarios y un 30 por ciento para los que ganaban entre 3 y 4, 89 y de 10 por ciento para los que ganaban entre 5 y 6 pesos. El trabajo extra sería voluntario y el dominical recibiría un ciento por ciento de prima.

6. Los sucesos de Santa Cruz

La situación de los arrieros, ovejeros y peones de las estancias patagónicas era penosa y ajena a todo amparo. Se trabajaban 12 a 15 horas diarias y los salarios eran ínfimos y muchas veces pagados en documentos o en moneda extranjera con fuerte deterioro al haceros efectivos. Las autoridades locales respondían a los deseos y órdenes de los latifundistas, y dependían de ellos más que del gobierno nacional.
Para contrarrestar la influencia creciente de la Sociedad obrera de Río Gallegos se formó una Liga de grandes comerciantes y latifundistas, la que unida  a la Sociedad Rural, inició una ofensiva contra la organización obrera. Tras la detención de obreros, se decretó una huelga general y un manifiesto de noviembre de 1920 menciona algunas estancias que admitieron las exigencias de los trabajadores, pero la mayoría siguió considerando a sus peones con más menosprecio que a sus animales, pues éstos costaban dinero y los obreros no valían nada y podían reponerse con facilidad. Un sentimiento solidario animó a los trabajadores de la Patagonia.
En el paraje denominado “El cerrito” fueron tomados entre dos fuegos por la policía que los guía desde Lago Argentino y la que salió a su encuentro desde Río Gallegos. Los que tenían armas respondieron a la agresión y hubo muertos y heridos por ambas partes. Hechos de esa naturaleza alentaron la campaña que se venía haciendo desde hacía meses por la gran prensa del país que llenaba páginas diariamente sobre los “bandoleros del sur”.
Fue entonces cuando el presidente Yrigoyen resolvió enviar al teniente coronel Héctor Benigno Varela en enero de 1921 a la Patagonia con fuerzas de caballería y marinería. Se impuso a los obreros estas condiciones: deposición de lasa armas, entrega de los rehenes; la justicia entendería en la responsabilidad por los hechos de sangre ocurridos.
Apenas abandonaron las tropas el sur patagónico, fortalecido el movimiento obrero por los acontecimientos y sin resultado, comenzó la reacción patronal en los puertos del sur y en las estancias del interior. Una manifestación obrera en Río Gallegos fue atacada de improviso dejando un muerto y cuatro heridos como saldo. Los puertos de Deseado, Santa Cruz, San Julián y Río Gallegos quedaron paralizados en agosto por una huelga general. Lamentablemente se reprimió dejando un saldo trágico de centenares de obreros asesinados.


Fuente:
Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, México, Cámara de Diputados del Congreso de la Unión, 1947.

Bibliografía:
Abad de Santillán, Diego, Historia Argentina, Buenos Aires, Tea, 1971, t. 4.
Cuccorese, Horacio Juan, “El pensamiento económico social de Carlos Pellegrini y la organización del trabajo”, en Trabajos y Comunicaciones nº 17, La Plata, Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación-Universidad Nacional de La Plata, 1967, pp. 89-109.
Floria, Carlos Alberto-García Belsunce, César A., Historia de los argentinos, Buenos Aires, Larousse, 1992.
Tau Anzoátegui, Víctor-Martiré, Eduardo, Manual de Historia de las Instituciones Argentinas, Buenos Aires, Emilio J. Perrot, 2005.




1 comentario:

  1. Sabìa que Ramon Falcòn es la persona con mas estatuas tiene en Buenos Aires?

    Sì. Tiene cuatro. Mas que San Martìn o Belgrano.

    Pero en una le pintaron "Simòn vive!".

    Escribi sobre èl, y medio mucha pena su asistente, Lartigueau, que muriò con èl.

    Un abrazo.

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