martes, 11 de agosto de 2009

JUAN MOREIRA

"Filiación del prófugo y asesino Juan Moreira".

Cráneo de Juan Moreira.




Por Sandro Olaza Pallero




El escritor Eduardo Gutiérrez y la cinematografía argentina, convirtieron a Juan Moreira en un modelo de la injusticia cometida contra el gaucho. Sin embargo, la causa judicial que se siguió en su contra y que ha sido digitalizada por el Archivo Histórico de la Provincia de Buenos Aires Dr. Ricardo Levene, revela que fue un homicida.
Guillermo Mc Loughlin trazó una descripción de Moreira: “Lo cierto es que Juan Moreira, en violento contraste con el imaginado por Gutiérrez, fue un criminal, un vulgar matón de pulpería como tantos: pendenciero, tramposo en el juego y borracho. Ni siquiera físicamente es posible resistir la comparación: un Moreira casi rubio, de ojos verdosos y picado de viruelas”.A las 4 de la tarde del 5 de agosto de 1869, Moreira atravesó las puertas de la pulpería de Antonio Corbeto.
La mayoría del pueblo de Navarro aún dormía la siesta mientras Moreira, un poco ebrio, empezaba a insultar a Ceferino Álvarez, Ruperto Cabrera y a Juan Córdoba, los tres parroquianos que estaban acomodados contra el enrejado del mostrador.
“-Tengo ganas de peliar”- dijo, en medio de los insultos. Ante las señas del pulpero, que conocía la fama de Moreira, Álvarez y Cabrera se retiraron. Pero Córdoba no tuvo tiempo. El matón se le acercó y le espetó: “-Tengo ganas de hacer una muerte”.
“-¿Qué hace?” -atinó a preguntar Córdoba, antes de que Moreira sacara un facón de su cintura, y le propinara un hachazo en la cabeza y luego le cortara una mano casi por completo.
Herido, Córdoba abandonó el local. Moreira le siguió los pasos y terminó su obra.
El pulpero aterrorizado trancó la puerta a sus espaldas. "De adentro sentía las puñaladas que Juan Moreira daba a Córdoba y los gritos que éste daba pidiendo que lo auxiliaran", afirmó en su declaración.
Así comenzaba la carrera fuera de la ley de Moreira, y que habría de concluir en Lobos el 30 de abril de 1874. El relato está desarrollado en las primeras de las 433 fojas de la causa que sigue el recorrido de las andanzas del gaucho, hasta que fuera sorprendido y muerto en el "Café de La Estrella", aunque el expediente penal se cerró recién el 11 de agosto de 1879, ya que también se incluyen los sumarios levantados contra miembros de la banda de Moreira.
Las fuentes documentales del Archivo Histórico de la Provincia de Buenos Aires, evidencian que detrás del mito del paisano perseguido hubo un peligroso hombre de carne y hueso. Moreira era un asesino y la memoria popular le atribuye el crimen de Córdoba por motivos de pollera.
Pero, estudiando el informe del forense que revisó el cadáver, asombra la saña que se descargó sobre él. Veintinueve heridas: veinticuatro en la cavidad toráxica, algunas de las cuales habían atravesado por completo sus dos paredes, anterior y posterior; cuatro en las extremidades superiores, una de las cuales ha cortado casi por completo la mano por la región metacarpiana y una en la cabeza.
“Todas estas heridas nos inducen a creer hayan sido producidas por arma blanca o cuchillo", se afirma en la causa.
La vida de este personaje probablemente hubiese caído en el olvido si no fuera por Eduardo Gutiérrez, que a partir de 1879 publicó, en forma de folletín por entregas para el periódico La Patria Argentina, una novela inspirada en el gaucho recientemente muerto. Fue el primero en idealizar su figura y mostrarlo como víctima de un sistema injusto que convertía al paisano en delincuente.
El novelón tuvo mayor vuelo después de que fuera adaptada y llevada al teatro criollo por los hermanos Podestá, lo cual contribuyó a la difusión masiva del personaje y a su transformación en leyenda. El mismo José Podestá contaba que, en ocasión de una representación en Chivilcoy, un paisano se largó al escenarioo, cuchillo en mano, encarando al sargento Chirino al grito de “Cobarde! ¡Así no se mata a un criollo!”.
Dos películas, la primera de 1913 y la última de 1973, contribuyeron a perpetuar la leyenda de Moreira. Pero, ¿Quién era en realidad el Moreira de carne y hueso?
La orden de captura librada en su contra tras el asesinato de Córdoba -que también consta en la causa- lo describe -“Filiación del prófugo y asesino Juan Moreira”- como un hombre de entre 46 y 48 años, de contextura “regular, más bien alto y grueso”, color de piel “blanco-colorado”, ojos pardos, pelo castaño, nariz regular, boca grande y “hoyoso de viruelas”.Viste chiripá, poncho, manta de paño y también de vicuña; calza botas de becerro, lleva sombrero de felpa y “por hábitos un pañuelo de seda en el pescuezo”. Como dato filiatorio complementario, el informe señala que “monta un caballo colorado-malacara, de rienda y estribo de plata”.Antes de ser un prófugo de la justicia, Moreira había sido un matón del Partido Autonomista contratado para “convencer” a los votantes sobre la conveniencia de colocar sus votos en el partido del caudillo, habida cuenta de que el sistema empleado en aquellos años era el de “voto cantado”. Ese voto cantado en el ámbito bonarense provenía desde la década de 1820 y consta en las fuentes históricas.
Ese servicio, además del de contener a punta de facón a cualquier envalentonado que intentara agredir al caudillo, era lo que lo convertía en “un hombre de la causa”, es decir, en un elemento de confianza del líder político de turno al que seguía. A Moreira le sobraba coraje y esas funciones las desempeñaba en Navarro.
Su vida tomó un camino abiertamente delictivo a partir de una situación de manifiesta rivalidad política -y tal vez por asuntos de pollera, como afirma la novela de Gutiérrez- con otro matón: Juan Córdoba. En ese ámbito y en ese rencor se basarían los primeros pasos del Moreira homicida.
Tras el homicidio en la pulpería de Corbeto, Moreira se lanzó a una desenfrenada vida de fugas, marginalidad y asesinatos. Se le computaron otras 15 muertes, 8 a punta de facón y las restantes con armas de fuego.
Su serie de crímenes y el abandono de su padrinazgo político, hicieron que cayera en desgracia. La causa que terminó con la paciencia de las fuerzas policiales de la provincia fue un doble homicidio cometido en complicidad con sus amigos Julián Andrade y Simón Ardiles: los brutales asesinatos del pulpero Merquíades Ramallo y de su peón, el vasco Garroche.
La causa contiene el informe de la autopsia, firmado por el médico Lorenzo Barry: “Merquíades presenta cuatro heridas hechas por arma de fuego, dos en la región estomacal y dos en la cabeza. Las heridas cortantes pueden llegar a seis o siete: cuatro en el tórax, penetrando en los pulmones, y las otras en el cuello y la cara. El otro cadáver presenta dos heridas de arma de fuego en la espalda: estas no han podido causar una muerte rápida. Las heridas por instrumento cortante serán diez o doce; la más importante dividió completamente la laringe y faringe”.
El 29 de abril de 1874 fue destituido el Juez de Paz de Navarro, Manuel Marañón, sospechado de proteger a Moreira, a la vez que arribaron al pueblo fuerzas policiales combinadas -provinciales y nacionales- resueltas a terminar con las tropelías y los reiterados desafíos a los que el gaucho había sometido a la policía. En Navarro no hallaron lo que buscaban, pero sí una pista: Moreira se había fugado hacia Lobos.
Al día siguiente, el matrero fue emboscado en el “Café de La Estrella”, un prostíbulo donde se hallaba junto a Andrade. Superado en número, malherido, en un último y desesperado intento por huir, Moreira trató de escalar un muro de ladrillos, con el facón entre los dientes.
Entonces se produjo la famosa escena del bayonetazo del sargento Chirino que lo remató por la espalda. El coraje de un solo individuo enfrentando a toda una partida policial fue el elemento que faltaba para que luego la literatura, el sainete y el cine idealizaran su vida, su muerte, y lo transformaran en una leyenda.
Dijo Bonifacio del Carril sobre la desaparición del gaucho: “El gaucho nómade desapareció cuando el nomadismo fue incompatible con el desarrollo de la Argentina; el gaucho alzado, que nunca fue numéricamente importante, a pesar de Martín Fierro, lo diré por última vez, cuando sus fechorías pasaron a ser comunes con las de otros hombre “alzados”. Juan Moreira subsistió hasta el siglo XX. El gaucho peón de estancia no desapareció sino que se transformó. Vive o vivía hasta hace poco en el espíritu del hombre de campo argentino”.




Fuente y bibliografía:


Causas Célebres. Juan Moreira 1869-1879. Digitalización del expediente completo que se encuentra en el Archivo Histórico de la Provincia de Buenos Aires “Dr. Ricardo Levene”, CD editado por el Archivo Histórico de la Provincia de Buenos Aires “Dr. Ricardo Levene” y la Universidad Nacional de Lomas de Zamora.
DEL CARRIL, Bonifacio, El Gaucho, Emecé, Buenos Aires, 1993.
MC LOUGHLIN, Guillermo, “Juan Moreira de la arena a la gloria”, en Todo es Historia n° 15, Buenos Aires, Julio de 1968.


Gaucho (1866).

1 comentario:

  1. El que figura como vasco Garroche,es Juan Caracoche,segun el escritor Raul Ortelli,hasta 1870 vivio en mercedes,luego se mudo a navarro. Si es asi era hermano de mi bisabuelo . Por otra parte garroche no es un apellido vasco ni figura en ninguno de los dos censos que se hicieron 1869 por Sarmiento y el de 1895. Hermoso el blog. Horacio Caracoche

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