miércoles, 14 de marzo de 2012

LA ARGENTINA DESDE EL INTERIOR: LOS ORÍGENES (PRIMERA PARTE)

Diego de Rojas.



Presentación de Roberto Azaretto en la Academia Argentina de la Historia el 10 de agosto de 2011 (Salón del Colegio de Escribanos de la Ciudad de Buenos Aires)


Por Carlos María Martínez

La incorporación de una nuevo Académico es y será siempre una circunstancia de regocijo que nos conmueve y nos alienta a los investigadores, al comprobar que nuevas figuras están dispuestas a poner sus esfuerzos e inteligencia en la profundización y divulgación de nuestra historia nacional.
Doble es el regocijo, cuando quien se incorpora lo hace por una provincia de nuestro olvidado interior.
Me toca a mi esta noche darle la bienvenida a Roberto Azaretto, mi viejo y querido amigo, designado correspondiente por Santiago del Estero, provincia que tiene en su haber un pasado de gloria desde la época de la independencia, pasado que estamos seguros será materia de investigación de nuestro nuevo académico.
Tiene, quien se incorpora, suficientes pergaminos que avalan su designación. Posee una sólida formación histórica producto de su empedernida pasión por la lectura y la investigación, a la que se agrega una prodigiosa memoria - envidia de mortales, como el que habla, incapaz de recordar un número telefónico – lo que le permite incursionar con solvencia en nuestra tradición.
Practica la tertulia, como muchos de nosotros, donde la actualidad se mezcla con lo pasado, en un intercambio intelectual de ideas que desarrollan teorías alrededor de los hechos más trascendentales de nuestra historia. Allí es donde Azaretto, además un encendido polemista, se reencuentra con lo mejor de su personalidad.
La historia y la política van de la mano. Han pasado por esta Academia importantes hombres de la política con distinto signo, pero todos ellos con una marcada pasión por la investigación histórica. Quien no conoce en profundidad la historia de su país no puede aspirar a gobernarlo ni a representarlo.
Roberto Azaretto se inició muy joven en la política en el Partido Demócrata, donde ocupó las diversas escalas del escalón partidario llegando a ser Presidente del mismo.
Ha desarrollado una intensa actividad en la función pública que se inició cuando fue Secretario del Bloque Demócrata de 1973 a 1976.
Secretario del Directorio del Cinturón Ecológico en 1977.
Subsecretario de Servicios Públicos de la Ciudad de Buenos Aires en 1982, donde ha de profundizar los problemas referidos a la infraestructura de Servicios y de la obra pública.
Asesor en la Cámara de Diputados de la Nación en 1985/89.
Elegido Legislador en 1989 volcará toda su pasión avalada por sus sólidos conocimientos, para contribuir a encarar los acuciantes problemas que sin duda tenía la metrópoli.
En 1995 aparecerá su libro “Buenos Aires ¿Ciudad ingobernable?” que lleva el prólogo de un gran amigo que se nos fue, Miguel Unamuno. Allí Azaretto hará un análisis de la historia política del municipio y de los principales problemas que aquejan a la ciudad.
No quiero dejar de recordar que en 1981 había escrito en colaboración con Guillermo Laura y Jaime Smart un libro llamado “La Provincia Urbana del Río de la Plata”.
En 1983 retornado el país a su sistema constitucional el Centro Editor de América Latina lanzó una serie de libros referidos a la historia de las fuerzas políticas en la Argentina. El Centro le pide a Azaretto que escriba la historia de las fuerzas conservadoras, cosa que hará publicándose ese mismo año y siendo esta su primera participación escrita en la temática política.
En 1991 escribirá un libro, junto a uno de los más grandes dirigentes que tuvo el Partido Demócrata de Mendoza, el Dr. Carlos Aguinaga, titulado “Ni década, Ni infame”.
Años más tarde, en 1998, publicaría la biografía - con documentos inéditos - del Dr. Federico Pinedo, político y economista tal como reza el título del mismo.
Fue autor además, del capítulo dedicado a la Ciudad de Buenos Aires, en el libro “La Reconstrucción del Estado y la Constitución Nacional” que coordinara Miguel Oromí Escalada.
Cumplió tareas como asesor del Ministerio de Justicia de la Nación en el 2003, siendo designado Ministro de Gobierno de la intervención a la Provincia de Santiago del Estero en el año 2004.
El cumplimiento de esa tarea le traerá aparejado un profundo cambio en su vida, que lo llevará, cumplida la misma, a radicarse en Santiago del Estero, donde se ha afincado.
Pertenece al Centro de Estudios Genealógicos, Históricos y Heráldicos de esa provincia, siendo un colaborar permanente en temas históricos de la Revista de la Fundación Cultural de Santiago del Estero.
Tiene en publicación un libro denominado “La Argentina, un Espacio para Hacer”.
Analista permanente de la situación política ejerce el periodismo, escribiendo semanalmente columnas de actualidad en los diarios “Panorama” y “Arena Política” de Santiago del Estero, como así también con el diario “Los Andes” de Mendoza, provincia a la que se encuentra muy vinculado por ser además productor vitivínícola.
Señores,
Cicerón llama a la historia “luz de la verdad”, “testigo de los tiempos”, “maestra de la vida”, “mensajera de la antigüedad”. Frases todas ellas que le dan significado a los hechos pasados y presentes narrados fielmente y solidamente garantizados por los testimonios orales y escritos. Esa es la visión que algunos tenemos de la historia, muy contrapuesta, a la que con actitudes maniqueas se pretende imponer hoy día, acomodándola a las circunstancias presentes y distorsionando los hechos consignados que las fuentes históricas han verificado, al servicio de fines demagógicos destinados a inferir en la mente del pueblo en general y específicamente en nuestro jóvenes.
Como bien lo señalaba, días pasados, Julio María Sanguinetti en el diario “La Nación”: “Vivimos tiempos de renovada intolerancia histórica o más bien de uso y abuso del pasado con fines políticos”.
Como Academia es nuestro deber preservar, acrecentar y difundir el patrimonio histórico que ha sido la base de nuestra identidad como Nación.
Así lo expresaba el gran maestro Ricardo Levene cuando sostenía “La historia patria es fuente perenne de inspiración y formación del alma nacional que tiene fisonomía propia y ha realizado las obras originales de la argentinidad”.
Me congratulo, por que lo se imbuido de nuestras más caras tradiciones históricas, recibir esta noche a Roberto Azaretto a quien le tributamos una cordial bienvenida, en la seguridad de que su aporte intelectual será valioso para esta Corporación.

                                              
                                                            La Argentina Desde el Interior: Los Orígenes

                                                                                                  
                                                                                                 Por Roberto Azaretto*


Señor Presidente de la Academia Argentina de Historia Doctor Juan José Cresto, Señores Académicos, Señoras y Señores: En primer lugar quiero agradecer al Comité de Admisión de la Academia haber recomendado mi incorporación a la misma, y la aceptación unánime por parte de sus miembros. Es para mí un alto honor. No lo tomo como un logro, sino un desafío para trabajar más en la investigación, el análisis, y aportar a la publicación de nuestra historia. En estos tiempos hay interés en la historia y una nueva  generación de historiadores profesionales, en el sentido que son graduados de las universidades, viven  de la investigación y la cátedra, y han tenido la posibilidad de obtener doctorados en universidades inglesas y estadounidenses. Siempre entendí que la historia ayuda a discernir sobre los problemas del presente, y anticipar el porvenir. Los más grandes estadistas del mundo sabían historia. Fue historiador Adolfo Thiers, Winston Churchill, De Gaulle y el primer presidente de la Argentina  unificada, Mitre. Este último, fundador de la disciplina en nuestro país, entre tantas facetas de su personalidad. Octavio Paz decía “Una sociedad se define no sólo por su actitud hacia el futuro sino frente al pasado, sus recuerdos no son menos reveladores que sus proyectos”. Quiero recordar que integró esta Academia  el Doctor Vicente Oddo, médico, científico, investigador y historiador de la provincia de Santiago del Estero, y el recientemente fallecido Dr Enrique Pinedo, con el que tuve encuentros cordiales y también discusiones civilizadas sobre distintos  aspectos de la vida pública nacional, Mi biografía sobre su padre, uno de los más eminentes argentinos del siglo pasado, y los esfuerzos políticos compartidos con su hijo Federico, reforzaron esos vínculos. Señoras, Señores:  Hablaré sobre la visión de la Historia desde el Interior y Los Orígenes de la  Argentina. Llegué a Santiago del Estero  por razones políticas pues acepté ser ministro de Gobierno, Trabajo y Culto de la intervención federal a esa provincia encabezada por el doctor Pablo Lanusse. Por tradiciones familiares de mi familia materna, mendocina vieja, sabía que el apellido de mi abuela era originario de Santiago del Estero, pues era bisnieta de un matrimonio de ese origen Don Ponciano Suárez y Pascuala Frías. Alternando mi vida entre Buenos Aires y Mendoza fui comprendiendo que la historia nacional no le daba la debida importancia a los orígenes, ni a los sucesos que posibilitaron la existencia de la Argentina. A lo que se agrega la creencia que solamente los sucesos de Buenos Aires importan, o que las decisiones del poder nacional por si solo transforman la realidad. Daniel Larriqueta, en “La Argentina Renegada”  recuerda el trabajo de Octavio Paz sobre  Sor Juana en el que critica la deformación de la historia del Virreinato de la Nueva España. “Vivimos entre el mito y la negación, deificamos a ciertos períodos, olvidamos a otros. Estos olvidos son significativos,   hay una censura histórica como hay una censura psíquica. Hay una deformación de la historia de la nueva España   que no es sino  la proyección de nuestras deformaciones”, asevera el notable ensayista mexicano. Larriqueta sostiene que los argentinos hemos hecho algo peor, que es olvidar el período peruano de nuestra formación, el que va  desde la fundación de Santiago del Estero hasta la creación del virreinato del Río de la Plata. A ello, agrego que hoy, desde la política, se pretende borrar todo lo que sucedió en dos siglos, como si desde los pocos meses en que Moreno y Castelli tuvieron protagonismo, no hubiera pasado nada hasta el 2003, y sobre todo se quiere borrar de la memoria que durante muchos años, nuestra historia es la de un éxito notable.

                     
El Comienzo de la Historia Argentina

Al vivir  en Santiago del Estero uno comprende más la influencia, las coincidencias y las diferencias, de las tres corrientes colonizadoras de la conquista, y al que creo debemos agregar la cuarta corriente, que es la inmigración masiva a partir del ochenta, pues si bien siempre existió un flujo importante de poblaciones inmigradas, no sólo de España al Río de la Plata y en particular a Buenos Aires, que se acentúa a partir de 1820, ese carácter masivo se da a partir e la primera presidencia de Roca. Otros países han tenido enormes flujos inmigratorios, pero el caso argentino es único en cuanto a la proporción sobre la población nativa. En 1910 el 50 % de los habitantes de esta ciudad eran extranjeros, y la mitad de los nacidos aquí eran hijos de inmigrantes. En Santa Fe, las cifras  eran mayores, pues en 1853 era la más despoblada de la Argentina. Esto  ha sido  determinante en la formación de la Argentina moderna y la cultura del Río de la Plata. También en Córdoba, donde se encuentra con la sociedad tradicional, y Mendoza donde se fusionó con la influencia chilena. A propósito de Córdoba, el sociólogo Sofanor Novillo Corvalán cuenta, que hasta mediados de la década del treinta, la totalidad de la legislatura provincial era integrada por descendientes de los fundadores de las ciudades del Tucumán. El cambio se produce en 1936, con el triunfo ajustado de Amadeo Sabattini en los comicios para elegir gobernador de la provincia. La historia argentina no tiene doscientos años. Comienza con la fundación de Santiago del Estero, que es la base de la fundación de la Argentina mediterránea en la búsqueda del acceso al Atlántico, que se plantea tanto desde Santiago de Chile, como desde Lima. Se trata de fundar un puerto desde Las montañas andinas ribereñas del Pacífico, al Océano que reemplazaba al Mediterráneo, como el centro del comercio de occidente, y de vinculación con el resto del mundo, hasta entonces utilizando rutas terrestres que partían del mediterráneo oriental o el mar Negro. Dos puntos de partida tuvo la fundación de la vieja Argentina: uno desde del Perú, y el otro desde Santiago de  Chile. El que vino directo de España al Río de la Plata con  Don Pedro de Mendoza en 1536 había fracasado y los sobrevivientes se replegaron al Paraguay, donde quedaron aislados con escasos  contactos con la Corte, y menos con el Perú. Probablemente la historia de nuestro país sería distinta si el Adelantado hubiera tenido éxito.

En nuestros inicios   juegan un papel esencial Pedro de Valdivia; La Gasca, los  Hurtado de Mendoza, padre e hijo; Matienzo y el Virrey Toledo. Ellos a veces actúan por cuenta propia, pero siempre siguiendo un proyecto fundacional del Reino de Castilla, que Felipe Segundo recoge cuando ocho años antes de ser coronado, su padre le otorga el gobierno de la península.

Es  un proyecto poblador, no se limita a la extracción de los metales preciosos y está relacionado con el sentido misionero de una iglesia subordinada al Rey, al punto que el Papa le cedió la jurisdicción sobre la misma. Por eso  aquí vendrán lo mejor de la burocracia española y capitanes fogueados en los teatros de guerra europeos.

De esas expediciones se fundan en el Tucumán, Santiago del Estero, San Miguel del Tucumán, Londres, la Rioja, Salta, San Salvador de Jujuy y finalmente San Fernando del Valle de Catamarca.

Santiago del Estero es la primera, y por eso es llamada la madre de  ciudades.

El primero que entra desde el Perú a territorio argentino es Diego de Almagro que penetra hasta Chicoana y ante la resistencia que encuentra en las tribus indígenas, gira hacia el oeste y por sendas cordilleranas camina hacia Catamarca por donde cruza a Chile, a la altura de Copiapó. Desde ahí regresará a Cuzco atravesando los desiertos chilenos, con tantas penurias que al llegar serán nominados como los rotos, palabra que perdura en  Chile como sinónimo de careciente.

En 1542 se produce la primera entrada al mando de Diego de Rojas secundado por Felipe Gutiérrez,  Nicolás Heredia y Francisco de Mendoza. Este fundará  la primera ciudad del Tucumán en 1543 en territorio de los indios soconchos, hoy departamento Atamisqui, a la que denomina Medellín, nombre de la  ciudad natal del sucesor de Rojas.

Desde Chicoana obtuvieron información de un camino que pasaba al lado de las montañas tucumanas, al este de Catamarca y al oeste de las sierras de Guasayan que los conduciría a tierras llanas. Entraron a las llanuras santiagueñas por Choya. Rojas fue sepultado en esa jurisdicción en Majigata, donde muere por una flecha envenenada.

Es una expedición con sacerdotes, acta fundacional y creación del Cabildo. No llega a los dos años al ser incendiada por los soconchos.

Se inicia una larga marcha hacia Catamarca, la Rioja y luego hacia Córdoba siguiendo el curso del Río tercero, el Carcañará y por fin el Paraná, donde encuentran los restos de “la Torre de Gaboto” que era la referencia que tenían. Mendoza pretende seguir hacia la Asunción, pero su tropa se niega, poco tiempo después es asesinado y Nicolás de Heredia los lleva de regreso al Perú, Han recorrido cuatro mil kilómetros y de alguna manera marcaron el camino real entre el Perú y el Plata, pues su trazado es muy aproximado a la ruta nueve.

Fueron recibidos como héroes, a pesar de no haber logrado una base estable en el Tucumán. Fueron los llamados hombres de la primera entrada y fueron los primeros en llegar a la llanura santiagueña, donde encontraron indígenas belicosos, pero también una civilización agraria que aprovechaba las periódicas inundaciones del Río Dulce, como los egipcios en el Nilo, para sus cultivos. capaz de elaborar la cerámica, y confeccionar tejidos de algodón y lana.

Empleo la palabra indígenas, porque rechazo esta moda de hablar de pueblos originarios. Todos en este continente hemos venido de otro lado y sobre todo en la Argentina. Unos   hace  unos miles de años, otros con la conquista, muchos a la fuerza, desde el África y otros desde distintos países europeos y asiáticos en los últimos 130 años, y todos nos estamos mezclando y formando un solo pueblo.


Luego se suceden las expediciones  y fundaciones de Núñez del Prado, financiadas con su peculio, siendo la primera la ciudad del Barco I en las cercanías de Morteros, localidad de la actual provincia de Tucumán, y que culminan en el Barco III en las cercanías de la fundación definitiva por Aguirre.



Un Hombre Decisivo

Francisco de Aguirre es el hombre que logra la  fundación definitiva de la primera ciudad estable del Tucumán, que es Santiago del Estero del nuevo maestrazgo, el 24 de julio de 1553, trasladando la última  ciudad del Barco de Núñez del Prado.

Son dos personalidades diferentes. Núñez del Prado llega en los primeros tiempos de la conquista a Santo Domingo, y participa de las expediciones de Hernán Cortes en Guatemala. Es la generación que luego de la toma de Granada viene para América.

Francisco de Aguirre, a pesar de ser hombre de fortuna, se incorpora al ejército en tiempos de Carlos V, y participa de la batalla de Pavía, donde el emperador derrota a Francisco I de Francia.

En el saqueo de Roma es reconocido por el Papa Clemente VII porque impide el saqueo y las violaciones en un convento de monjas.

Como agradecimiento le permite casarse con su prima hermana María de Torres, con la que tendrá cinco  hijos, además de la cincuentena de hijos naturales en América.

Sus descendientes se destacaran hasta la actualidad en la vida pública  chilena y en Cuyo. Muchos argentinos, de familias de cierta importancia, como otras modestas, tienen sangre de Aguirre.

Como otros oficiales de Carlos V han conocido el mundo, pues participan de las guerras  europeas del imperio de los Habsburgo. Es un mundo en transformación, que entra en la modernidad. Es el tiempo del renacimiento, de la reforma protestante, de las grandes exploraciones, del nuevo camino a la India, de la demostración de la redondez de la  tierra, y del nuevo continente descubierto por Colón al servicio de Castilla.

Es también el tiempo de la contrarreforma y las guerras religiosas que sostienen los Habsburgos en la parte Alemana de su imperio, y la corona francesa en su larga guerra civil.

Aguirre llega a Chile con Valdivia, Villagra, Rodrigo de Quiroga, todos oficiales veteranos de la corona española, que sostiene el primer ejército permanente, desde la caída del Imperio Romano de Occidente.

Es Valdivia  quien  designa a Francisco de Aguirre Teniente General del Tucumán y de la Serena, ciudad sobre el Pacífico, que Aguirre había refundado.

El Tucumán necesitaba un jefe enérgico para consolidar una fundación. Respetado y temido por los indios. No   vino aquí para enriquecerse y regresar a la península. Vino a conquistar y poblar.

Ante el escaso número de españoles que llegaban a Chile desde el Perú, dice sobre la población indígena: “si es necesario a los hombres matarlos a todos, a las mujeres embarazarlas”. De ahí salió el pueblo chileno y un poco más de la mitad de los argentinos,  que no tienen sangre de la inmigración de finales del siglo XIX y del pasado,  al que se agrega un elemento poco estudiado que es la cantidad de africanos que llegaron a estas tierras, como esclavos introducidos desde el puerto de Buenos Aires, y que alcanzaron a mediados del siglo XVIII porcentajes cercanos al 40 % de la población de Santiago del Estero y Tucumán.
Buenos Aires fue el segundo puerto esclavista del Imperio Hispano.

Para Orestes Di Lullo Aguirre es un usurpador, al igual que Valdivia y salvo el coraje le resta méritos. Sin embargo junto con Inés Suárez, salvó a Santiago de Chile, 16 años antes de venir al Tucumán.

Aguirre remite como prisionero a Núñez del Prado a Chile. Algunos de sus partidarios se van al Perú, entre ellos dos frailes dominicos. Núñez del Prado intentará recuperar el poder en Santiago pero el cabildo se opone, Luego participa en una expedición al Pilcomayo y participa de un revuelta. Será ejecutado por orden de Jerónimo Luís de Cabrera, futuro fundador de Córdoba.


Aguirre llega con doscientos españoles, buena caballería, semillas, herramientas, y entra al Barco III con los estandartes desplegados el 21 de mayo del 1553.

No lo   acompaña ningún sacerdote, “Es más útil para la ciudad un buen herrero o un buen carpintero dice” y no oculta su escepticismo  en cuanto a la castidad de los curas. Todo esto llegará a oídos de la Inquisición, como su desdén hacia la excomunión: “sólo asusta a los hombres débiles”.

Al año y medio de gobierno regresa a Chile, enterado de la crisis ocasionada por la muerte horrible de Valdivia al caer prisionero de Lautaro, el caudillo araucano.

Antes de morir, el conquistador nacido en la Extremadura, como tantos de sus pares, decide nombrar sucesor a Francisco de Aguirre. Sus consecuencias son la antipatía de los santiagueños por su salida, y problemas en Santiago de Chile con los desplazados por el testamento como Villagra.

Llega a ese  reino Hurtado de Mendoza, hijo del virrey del Perú, integrante de una de las grandes familias de España, y los embarca a Lima como prisioneros, a Villagra y Aguirre. El hijo lo sucederá luego al padre como  virrey. Son los marqueses de Cañete.

Hurtado de Mendoza manda a Pedro del Castillo a fundar Mendoza en 1561, como  un eslabón del camino de Santiago de Chile a Santiago del Estero y el Perú. Mendoza es la única provincia y su capital que lleva el nombre de uno de los fundadores del imperio español en esta parte del continente.

Valdivia no llegó a enterarse que  sus esfuerzos habían sido reconocidos, pues al título de marqués, se le agregaba la dependencia directa,  como capitán general, de Felipe II rey de Chile, decisión tomada por Carlos V para que su hijo tuviera el mismo rango que María Tudor, reina de Inglaterra con la que contrae matrimonio.
             
Procesado y preso en Lima vuelve a los dos años a Santiago del Estero, pues Felipe II lo ha confirmado como gobernador del Tucumán. Su labor incansable lo lleva a explorar el territorio, fundar poblaciones como  San Miguel del Tucumán, alcanzar el Bermejo y el Paraná.

Nuevamente es acusado por la Inquisición, es que llamativamente se ha expresado en los términos de Lutero, preguntado si creía en su salvación dado los abusos y muertes  que habían provocado sus acciones, contestará: “Mi fe me salvará”

Es obligado a retractarse, salvando la vida y condenado a prisión. Cinco años después regresa a Chile. El rey ha dispuesto que el Tucumán dependa de la Audiencia de Charcas como parte del virreinato del Perú.

Su antiguo lugarteniente Rodrigo de Quiroga le otorga el gobierno de la Serena,  la ciudad que había  refundado años antes, y una encomienda en el valle de Copiapó.

Su última  hazaña fue frustrar el desembarco de la marinería de Francis Drake, que había saqueado Valparaíso y apresado una goleta cargada de oro. Viejo y enfermo vence, y muere al poco tiempo en 1581 a los ochenta años.


Al Nuevo Mundo vienen hombres de linaje


Algunos creen que a estas tierras vinieron los desechos de España y algunos segundones. Eso es parcialmente cierto, y se dio en las primeras expediciones de Colón.

A partir de la expedición de Nicolás de Ovando a Santo Domingo, el Reino de Castilla envía a esta parte del mundo personalidades notables, de buena educación, y parte de ellos pertenecientes a la alta nobleza peninsular. Por lo menos, un tercio de los conquistadores pertenecen a la nobleza.

Personaje notable en la conformación del Tucumán   fue Ramírez de Velasco, fundador de la Rioja y Jujuy,  a donde envía con ese objeto, a Francisco de Argañarás acompañado por su suegro, Hernán Mexia de Mirabal, sobreviviente de las primeras expediciones. Ramírez de Velasco era descendiente de Reyes de Navarra y del Cid Campeador. Hombre bondadoso, nunca olvido que parte de su misión era la salvación de las almas de los nativos. En sus cartas al Rey diseñó la Argentina, al plantear la repoblación de Buenos Aires y la incorporación a la jurisdicción del Tucumán del país de Cuyo.

De Santiago del Estero parte Jerónimo Luís de Cabrera con su lugarteniente Lorenzo Suárez de Figueroa, de la familia de los duques de Medina Sidonia, a fundar Córdoba. Luego se dirige a Santa Fe para posicionarse de un puerto sobre el Paraná, pero se encuentra con Juan de Garay, y debe ceder.

Ramírez de Velasco luego de gobernar el Tucumán,  es designado gobernador del Río de la Plata. Como demora en el traslado, asume como interino Hernando Arias de Saavedra, el primer nativo en gobernar estas tierras. En realidad está cansado y decepcionado por los conflictos, por eso se autoexilia en Santa Fe.

Entre los Hurtado de Mendoza y Francisco de Toledo hay que detenerse en Juan de Matienzo, notable jurista con conocimientos económicos llamativos para ese tiempo. Roberto Levillier lo ha estudiado por su actuación a cargo de la Real Audiencia, que gobernó Perú entre los marqueses de Cañete y el conde de Oropesa.

Matienzo comprende que hay que diversificar la economía, sin limitarse sólo a  la extracción de metales preciosos, sino fomentando la ganadería y la agricultura. Quince años antes de la refundación de Buenos Aires recomienda al rey su repoblamiento para tener el gran puerto del virreinato, y también aconseja trasladar la capital de la gobernación del Río de la Plata, de Asunción a una nueva Buenos Aires, “poblada por cuatrocientos españoles que se radiquen en ella”

La viabilidad del proyecto   fundador, es el resultado de las iniciativas del Virrey del Perú Francisco de Toledo, miembro de la orden de Alcántara, primo del duque de Alba y nieto de los condes de Feria. Su padre conde de Oropesa, no había aceptado el virreinato de la Nueva España años antes.

Toledo termina con la coexistencia con un descendiente de la familia de los Incas, destruyendo el estado neoinca de Tito Cusi. Esa presencia treinta años después de la muerte de Atahualpa, confundía la población nativa. A partir de este virrey hay una sola autoridad en el Perú.

La irrupción española significa un salto tecnológico que incrementa la producción agrícola, al traerse de España arados y los bueyes para tirar del arado. Por otra parte, la mula mejora el transporte. Carga en los caminos montañosos del Perú 300  kilos, 10 veces más que los 30  kilos que soportan las llamas, el camélido autóctono de la región.

La otra gran revolución promovida por Toledo es la incorporación de tecnología a la explotación del  cerro de Potosí, cuya productividad estaba en disminución con los primitivos sistemas de explotación de los Incas.


           
* Discurso de Incorporación de Roberto Azaretto a la Academia Argentina de la Historia.

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