sábado, 10 de noviembre de 2012

MALVINAS: LA GUERRA Y LA POST GUERRA: LA DESMALVINIZACIÓN

José Hernández.



Por Francisco José Pestanha*



       Deseo expresar ante todo un profundo agradecimiento embajador Carlos Piñeiro Iñiguez por la invitación cursada, al veterano de guerra César Trejo y congratularme además con las autoridades del Instituto del Servicio Exterior de la Nación (ISEN), por incorporar a este ciclo la cuestión Malvinas.

Constituye un especial privilegio para quien les habla la oportunidad de dirigirme a las mujeres y a los hombres sobre quienes -en un futuro no muy lejano- recaerá la responsabilidad de establecer las bases, construir las relaciones, diseñar las estrategias y determinar los fundamentos de una Argentina, que en pocas décadas, se consolidará como estado “bicontinental” antártico-americano, y  cuya superficie marítima abarcará más del 50 por ciento de su territorio. Asimismo manifiesto públicamente el regocijo que me provoca  compartir ambas jornadas con futuros diplomáticos de otros países iberoamericanos -quienes anhelo- acompañen esta aspiración argentina, ya que la transformación geopolítica de nuestro país redundará en beneficio de la región en su conjunto.
    
Reflexionaremos en ambos encuentros sobre algunos aspectos vinculados a lo que denominamos “Causa Malvinas”, tópico medular si los hay en materia de relaciones exteriores para nuestro país. Ambas disertaciones estarán acompañadas con la proyección del documental “Malvinas: Viajes del Bicentenario”, producido por la Comisión de Familiares de Caídos en Malvinas, y dirigido por el prestigioso documentalista Julio Cardoso.
      
A modo de advertencia preliminar, corresponde precisarles que todas y cada una de las reflexiones de las que daré cuenta a continuación, se enmarcan en una modalidad epistemológica que autores como el escritor y pensador argentino Fermín Chávez han denominado como “Pensamiento Nacional”, modalidad que a su saber constituye toda una “epistemología de la periferia” y que ya posee más de 150 años de tradición en nuestro país.

Hago mención a tal circunstancia, ya que bajo ningún concepto aspiro a que mis expresiones sean entendidas como emanadas desde un  “Olimpo de objetividad”. Tal hecho para nosotros constituye un “imposible teórico” en virtud de que, en cierto sentido, todos los seres humanos de alguna forma somos  “prisioneros de nuestra propia subjetividad”. Mientras mi propia subjetividad está en juego al dirigirme a ustedes, intentaré que la honestidad se constituya en norte de mis reflexiones y mis afirmaciones.
          
Como he sostenido en alguna oportunidad, la modalidad del pensar a la que adherimos nos enseña, entre otras tantas cuestiones, que “los pueblos que han sido sujetos a total o parcialmente a improntas coloniales, suelen generar en forma natural sus propios modos o mecanismos de resistencia entre los cuales podemos encontrar:

I)       La cultura popular.

II)      La puesta en práctica de modalidades epistemológicas alternativas como el caso propio del “Pensamiento Nacional”.

III)  Las causas con un nítido sentido unitivo o causas unitivas o  nacionales, las que por su contenido identitario,  por su poder convocante o, por su significación histórica, contribuyen a la autoafirmación con respecto a un otro.

En este último tópico incluimos la causa Malvinas que hoy nos convoca.
        
En orden a lo expresado precedentemente, las conclusiones, que expondré a continuación reflejan el producto de arduas jornadas de labor reflexiva, y constituyen una de las tantas miradas que recaen sobre el conflicto acontecido en 1982. No pretendo entonces presentar aquí “verdades absolutas” sino dar cuenta de algunos aspectos que componen una particular visión sobre la guerra y la post guerra y sus consecuencias. Quedará para cada uno de ustedes, de acuerdo a su sano criterio, el desafío de procesar lo que aquí se relate, y en su caso, extraer alguna conclusión al respecto. 
       
Como me han señalado los responsables académicos del Instituto, en el marco de este seminario se han tratado aspectos históricos, jurídicos y diplomáticos vinculados a la cuestión Malvinas. Por tal motivo me limitaré a referenciar aquellos hitos de las relaciones argentino-británicas que para nosotros acreditan fehacientemente que el Reino Unido de la Gran Bretaña, por diferentes razones históricas políticas, económicas y geopolíticas, ha demostrado poseer “intereses permanentes en la región”, y que tales intereses, se han ido  exteriorizado durante un considerable lapso de tiempo a través acciones de índole militar unas veces, y otras, mediante sutiles acciones diplomáticas y operaciones de índole económico y financiero. Legendarios textos de Raúl Scalabrini Ortiz, Julio y Rodolfo Irazusta, José Luis Muñoz Azpiri y José Luis Torres, se instituyen en referencias bibliográficas necesarias, y los de Enrique Oliva, José Luis Muñoz Azpiri (h) entre otros tantos, nos entregan visiones actuales para reforzar tal hipótesis.

Constituyen para nosotros datos históricos plenamente acreditados que cuanto menos a partir del año 1765, los británicos comenzaron a incursionar en la región sur continental, y que en el marco de tales irrupciones, se incluyeron estudios geológicos, cartográficos, biológicos, antropológicos, etc., es decir una verdadera labor de “inteligencia”.

Es otro dato indubitable que en 1833 ocuparon por la fuerza el archipiélago y que además, las acciones militares de los ingleses no se circunscribieron a aquel episodio ni a esa particular región del país, sino que tal ocupación estuvo precedida –en lo que constituye nuestra actual geografía- por dos intervenciones militares (invasiones) en 1806 y 1807, y posteriormente, entre 1845 y 1850, junto a los franceses en un bloqueo que intentó violentar nuestra soberanía a través de una ilegítima incursión nuestros ríos interiores.

Entre otros hitos para comprender integralmente la magnitud de tales relaciones, podemos enunciar el pacto suscripto con la Baring Brothers en 1824, la consolidación a partir de 1860 del Reino Unido como principal comparador de materias primas argentinas (estableciéndose así un sistema semicolonial), circunstancia ratificada en medio de la crisis de 1930 a partir de la suscripción 1833 del ignominioso pacto Roca Runciman. Presupongo que ustedes, todos profesionales, conocen estas circunstancias con precisión por cuanto me limito aquí sólo a lo mencionarlas.  

Tomando en consideración lo expuesto nos inclinamos a sostener que toda la historia de las relaciones bilaterales entre ambas naciones se operó en un marco de alternancia entre operaciones de inteligencia, conflictos militares y acuerdos diplomáticos y económico-financieros, dejando especialmente la incógnita para futuros historiadores y por qué no para futuros diplomáticos, el abordaje de las circunstancias que fundamentaron la suscripción de los tratados de Madrid y Londres de 1989 y 1990 y sus efectivas consecuencias en el posterior devenir del país. El estudio de tales acuerdos, es probable, pueda despejarles algunas  dudas respecto a las circunstancias por las que atravesó el país durante la década 1999-2001. Eso sí, les anticipo que deberán sortear bastantes escollos, algunos vinculados al secreto de Estado.
         
Mediante esta apretadísima síntesis, he intentado dar cuenta de que, para a nuestro modo de observar los acontecimientos históricos, las relaciones bilaterales entre ambos estados se extienden hacia el pasado como un proceso que merece abordarse en su integridad, y que, tales relaciones, pueden perfectamente caracterizarse como “desiguales” en razón de haberse instituido entre una potencia que  otrora constituyó un poderoso imperio y un país considerado “periférico”. A esta altura sólo la necedad puede negar el hecho concreto y específico de la existencia de un orden internacional caracterizado por relaciones desiguales del poder, circunstancia perfectamente aplicable a nuestra relación con los británicos.
        
          A partir de las consideraciones precedentes e involucrándonos específicamente en la cuestión que atañe a estos encuentros, sostenemos como primera conclusión que bajo ningún concepto  el acontecimiento bélico operado a mediados de 1982  puede ser abordado y analizado por fuera de la historia de las relaciones desiguales de poder existentes entre Gran Bretaña y la Argentina. El conflicto armado constituye un episodio más en la historia de las relaciones entre ambos estados. Les aclaro que recurro al concepto de desigualdad para dar cuenta de que las mismas nunca fueron encuadradas en un marco de reciprocidad mutua, y menos aún de igualdad.

Para el Pensamiento Nacional la cuestión Malvinas constituye un aspecto central y en ese orden de ideas, bien vale recordar aquella advertencia formulada por José Hernández en un artículo publicado en El Río de la Plata en el mes de noviembre de 1869. Pertinente resulta enunciar que, si bien Hernández es conocido popularmente como el “poeta” autor del “Martín Fierro”, nos encontramos ciertamente ante un “hombre político” que dedicó parte sustancial de su existencia a la lucha,  participando activamente en acciones que abarcan desde su integración a las huestes del caudillo entrerriano Ricardo López Jordán, hasta su desempeño como Ministro de Hacienda en la Provincia de Corrientes y como legislador en la Provincia de Buenos Aires.
     
A tal fin, voy a tomarme la licencia de leer textualmente un fragmento de ese artículo, rogándoles presten especial atención a los dos últimos párrafos del mismo.
     
Opinaba en aquel tiempo Hernández:

“… Se concibe y se explica fácilmente ese sentimiento profundo y celoso de los pueblos por la integridad de su territorio, y que la usurpación de un solo palmo de tierra inquiete su existencia futura, como si se nos arrebatara un pedazo de nuestra carne. La usurpación no sólo es el quebrantamiento de un derecho civil y político; es también la conculcación de una ley natural.

Los  pueblos necesitan del territorio con que han nacido a la vida política, como se necesita del aire para libre expansión de nuestros pulmones. Absorberle un pedazo de su territorio, es arrebatarle un derecho, y esa injusticia envuelve un doble atentado, porque no sólo es el despojo de una propiedad, sino que es también la amenaza de una nueva usurpación. El precedente de injusticia es siempre el temor de la injusticia, pues si la conformidad o la indiferencia del pueblo agraviado consolida la conquista de la fuerza, ¿quién le defenderá mañana contra una nueva tentativa de despojo, o de usurpación?
            El pueblo comprende o siente esas verdades, y su inquietud es la intranquilidad de todos los pueblos que la historia señala como víctimas de iguales atentados. Allí donde ha habido un desconocimiento de la integridad territorial, hemos presenciado siempre los esfuerzos del pueblo damnificado por llegar a la reconquista del territorio usurpado…”
     
Si bien los párrafos que acabo de leer en su versión original aparecen incluso en un artículo periodístico, el texto constituye una de las primeras reclamaciones de carácter político vinculadas a la usurpación británica de nuestras Islas, y digo político, ya que emana de la pluma de un hombre que, como ya indicamos, consagró su vida a ese quehacer. 

Habiéndoles advertido que la cuestión Malvinas ya en tiempos de Hernández era objeto del pensar de uno de nuestros autores más distinguidos, analizaré, desde esta particular perspectiva, alguna de las circunstancias más atrayentes de la posguerra de 1982.
     
Especial interés revista para el Pensamiento Nacional la aparición, a partir del cese de hostilidades operado el 14 de junio de 1982, de un componente que parte de la literatura política ha denominado “desmalvinización”. Cuando nos referimos a la desmalvinización, hacemos alusión  a un dispositivo que, como enseña Gustavo Cangiano,  estuvo orientado a deshistorizar la guerra “…hasta degradarla al nivel de un capricho de un puñado de oficiales, a quienes se presentó movidos por una enfermiza sed de poder y de gloria”. Para este autor, deliberadamente “se desligó el conflicto de una reivindicación nacional histórica de 150 años contra una de las potencias coloniales más crueles y agresivas de los últimos 3 siglos”.

Algunos autores atribuyen al intelectual francés Alain Rouquié la conceptualización de tal dispositivo a partir de opiniones y recomendaciones vertidas por este autor en una entrevista efectuada por Osvaldo Soriano para la revista Humor, creo, en su edición número 101 de marzo de 1983. Allí el entrevistado sostuvo:
“Quienes no quieren que las Fuerzas Armadas vuelvan al poder, tienen que dedicarse a ‘desmalvinizar’ la vida argentina. Eso es muy importante: desmalvinizar. Porque para los militares las Malvinas serán siempre la oportunidad de recordar su existencia, su función y, un día, de rehabilitarse. Intentarán hacer olvidar la ‘guerra sucia’ contra la subversión y harán saber que ellos tuvieron una función evidente y manifiesta que es la defensa de la soberanía nacional [...] Malvinizar la política argentina agregará otra bomba de tiempo en la casa Rosada”.


No obstante lo erróneo del diagnóstico de Rouquie, ya que concentró la cuestión Malvinas en lo castrense, ignorando la causa que persigue el pueblo en su conjunto, es de nuestra opinión que tal dispositivo (el de desmalvinización) fue concebido y puesto en marcha, inclusive días antes del cese de hostilidades, e impulsado ex profeso por la conducción cívico-militar y por las elites comprometidas con el régimen dictatorial de entonces.

Cuando enuncio el término elites, hago referencia aquella superestructura político-cultural, académica y mediática, enquistada en el poder de entonces, que intentó -por diversas razones y desde diferentes perspectivas ideológicas y conceptuales- deshistorizar,  obliterar y descontextualizar  toda referencia o  apelación al conflicto que no fuera funcional a esa estrategia desmalvinizadora. Lo expuesto no implica que en la concepción de este dispositivo haya existido alguna posible “participación” externa, pero nos inclinamos a pensar que el mismo encontró fundamento inicial en una reacción interna inducida por aquellos sectores económico-financieros que aspiraban al restablecimiento de status quo anterior al 2 de abril.  
       
En alguna oportunidad sostuve que la desmalvinización  no comenzó con las ideas de Rouquié. Las condiciones en las que regresaron nuestros soldados al continente dan cuenta de que este dispositivo fue puesto en marcha inmediatamente después del cese de las hostilidades y tal vez concebido e inducido tiempo antes. La idea de "desmalvinizar" giraba ya en las mentes del poder, y la opinión de un "prestigioso" intelectual europeo sólo sirvió para reforzar cierta argumental.
       
Si bien la desmalvinización constituyó un dispositivo emanado  desde la superestructura, su éxito relativo contó ciertamente con la apoyatura de algunos factores de índole sociológicos que nos comprenden e identifican como sociedad. Es evidente que nuestra comunidad no posee un “ethos” guerrero, y que la guerra en los términos en los que se produjo la de 1982, guardaba cierta relación de ajenidad con nosotros constituyendo, tanto sus circunstancias como sus consecuencias, hechos altamente traumáticos. Además la inédita ferocidad de la dictadura y necesidad de eyectarla del poder pusieron en segundo plano la cuestión reivindicativa y en primer plano la lucha por la recuperación institucional.   

Se coincida o no con aquellas postras que emplean  categorías de la psicología individual proyectándolas a las entidades sociales, es cierto que el sentido común nos indica que el dispositivo desmalvinizador en vez de contribuir con un adecuado procesamiento de la convulsión traumática generada por la guerra, ha dejado huellas profundamente negativas, ya que a través de una contradictoria apelación al olvido ha tendido un manto de opacidad sobre procesos y acontecimientos sociales altamente significativos para nuestro país, obstaculizando así un adecuado tránsito reconstructivo. En virtud del poco tiempo que resta, si a alguno de ustedes les interesa profundizar sobre este aspecto,  pueden fácilmente buscar en internet un texto que publiqué hace unos años bajo el titulo ¿Otra mirada sobre Malvinas?
       
La  desmalvinización constituyó, entonces, un dispositivo ejercido desde el poder con el objetivo de deshistorizar la guerra por las Malvinas eliminando del relato y del análisis todo vestigio del acontecimiento bélico que pudiera contribuir a fortalecer la causa histórica que representa nuestra reivindicación por las Islas.
      
Cabe ahora interrogarse respecto a ¿cuáles podrían constituir las razones para que este dispositivo fuera considerado y luego puesto en marcha?
       
I.- En primer lugar la derrota en el campo militar, a mi criterio, representó una razón de fundamento para ocultar lo acontecido en las Islas. La herida producida por el fracaso, sumada a la decadencia manifiesta por la que transitaba el régimen tirano de entonces, constituyeron per se las razones de peso para desmalvinizar. En cierto sentido la derrota militar fue una gran derrota política. 
       
II.- La necesidad de impulsar lenta y sistemáticamente el restablecimiento de las relaciones bilaterales entre ambos estados para luego sentar las bases para determinar las condiciones reales y efectivas del cese de hostilidades.
       
III.- La necesidad de restablecer el sistema de intereses económicos y financieros de los británicos en la región.
       
IV.- La necesidad de neutralizar un espíritu y la  conciencia nacional que había podido expresarse a partir del 2 de abril.

V.- La necesidad de impedir la rehabilitación de las fuerzas armadas tal lo recomendado por Rouquié.

Estas, entre otras, pueden haber sido las razones que impulsaron este dispositivo, que en términos generales constituyó lo que podríamos definir como un discurso hegemónico.

       




-Los discursos sobre Malvinas-
          



El dispositivo  desmalvinizador  presupuso, obviamente  la construcción de un  discurso que, con el tiempo y reconozco, con matices, fue instituyéndose como hegemónico. Un discurso que, al deshistorizar, obliteró y descontextualizó acontecimientos y componentes altamente significativos  para nuestra historia, para nuestro presente y para nuestro futuro.

A través del discurso desmalvinizador se denostó desde la oportunidad hasta el método utilizado para intentar recuperar lo que por derecho nos pertenece, negando todo intersticio para intentar recuperar siquiera aquellos aspectos significativos y prominentes del conflicto entre los que se encuentran valerosas intervenciones de nuestros soldados y episodios de una épica notoria. El discurso desmalvinizador en cierto sentido pretendía y aún pretende una clausura sobre el tema.
        
La construcción de un discurso hegemónico desmalvinizador estuvo sustentado en una dicotomía muy presente en la historia argentina “civilización y barbarie”, donde la inversión “los bárbaros somos nosotros y los civilizados los otros” implicó un menoscabo integral a lo propio. En el caso particular de la guerra de Malvinas se llegó a extremos en donde desde algunos medios y sectores intelectuales locales se festejó la derrota como una contribución de la “civilización” para con la “barbarie”.
    
El discurso desmalvinizador se asentó entre otros aspectos en:  

I) La deshistorización del conflicto por Malvinas y el ocultamiento de la existencia de relaciones bilaterales desiguales entre ambos estados.

II) El desconocimiento del protagonismo de nuestros soldados a partir de su victimización.

III) La negación de acontecimientos épicos protagonizados por nuestras tropas, la negación de la condición de héroes de nuestros caídos, y de aquellos combatientes que en el conflicto adoptaron conductas extraordinarias.
 
IV) El desconocimiento a pertinaz reclamación y labor de los familiares y la falta de apoyo para sus actividades, entre las que se encuentran la realización de más de 20 viajes, la inauguración del monumento ahora erigido en Darwin y cientos de actividades y conferencias negadas por la gran prensa.

V)   La asimilación de la “causa Malvinas” a la Dictadura.

Podría continuar con la enumeración pero el breve tiempo que me resta me impide enunciar otros componentes del discurso desmalvinizador, y además, profundizar sobre cada uno de ellos. En tal sentido aclaro que la enumeración realizada no es taxativa, y que cada uno de los puntos merece un tratamiento y atención especial.

El Pensamiento Nacional al hacer especial hincapié en el rol que desempeña la cultura en la configuración de estrategias de resistencia que los pueblos periféricos motorizan para trazar su propio itinerario, pone especial énfasis en la respuesta popular. Si bien, como señalamos anteriormente a partir del cese de las hostilidades y desde “arriba hacia abajo”, fue impulsándose un dispositivo desmalvinizador que en uno de sus aspectos se configuró como discurso hegemónico, desde “abajo hacia arriba” a la vez fue germinando un discurso contra-hegemónico malvinizador, que hoy comienza a impulsar un cambio de paradigma en la reflexión sobre la cuestión Malvinas, y que además se ve reflejado en acciones políticas y diplomáticas concretas. 

El acompañamiento de la Presidenta de la Nación a los Familiares con motivo de la inauguración del Monumento de Darwin, las pertinentes y persistentes reclamaciones argentinas, la inclusión del reclamo en la agenda regional, la referencia en los discursos a la palabra héroe, dan cuenta de una transformación que viene operándose. No de arriba hacia abajo, sino de abajo hacia arriba.
             
            Lo realmente significativo, mis estimados y estimadas, es que este contra-discurso, provino del propio pueblo, quien a través del tiempo fue homenajeando a sus héroes mediante la construcción de monumentos, imposición de sus nombres a las calles, plazas, escuelas, adoratorios. Como enseña Rodolfo Kusch; “cuando un pueblo crea sus adoratorios, traza en cierto modo en el ídolo, en la piedra, en el llano o en el cerro su itinerario interior”. Uno podría agregar que cuando el pueblo crea sus adoratorios, también va trazando su futuro.

Nuestros estudios y observaciones advierten que la causa Malvinas y sus protagonistas constituyen tal vez el mayor objeto de recuerdo y homenaje en el país. Desde el poblado más pequeño, hasta la ciudad más numerosa encontramos cada vez más  homenajes no solamente a los caídos, sino a la causa en sí misma y es a partir de este fenómeno que un cambio está operándose en la superestructura.
        
En el marco de ese reconocimiento debemos mencionar especialmente la persistente actitud de: 

-     Las diferentes agrupaciones de veteranos de guerra y su lucha permanente por la dignidad moral material y por el reconocimiento histórico.

-     La actividad desarrollada por los Familiares de Caídos en Malvinas.
          
Las primeras, es decir, las agrupaciones, orientaron su lucha inicial hacia la conquista de la dignidad material y humana del veterano. Concluida esa etapa comenzó un segundo proceso tendiente hacia la recuperación del sentido histórico por el que fueron a la guerra, y van por su reconocimiento histórico protagonizando una verdadera batalla cultural.
  
      Los segundos, es decir los familiares, encararon su batallar a fin de obtener el reconocimiento histórico de sus hijos y a través del sentido de su sacrificio.
           
Si bien ese discurso contra-hegemónico comenzó en el campo de la acción concreta a partir de las reclamaciones, nos encontramos en una etapa donde su construcción (del discurso) se está materializando a partir de la elaboración de documentales, muestras, libros, conferencias, obras de teatro como la que proyectaremos en este marco y que revela este cambio en las estrategias

Para dar cuenta de esta evolución en las estrategias y para profundizar algunos aspectos de lo aquí tratado, en el próximo encuentro proyectaremos “Malvinas, Viajes del Bicentenario”, un claro ejemplo de construcción de un discurso contra–hegemónico vinculado a la causa Malvinas. En ese marco les pido una relectura de los dos últimos párrafos del artículo de Hernández que ya advertía en esa época el rol de lo popular en la reclamación por Malinas.




* Conferencia pronunciada en el Instituto del Servicio Exterior de la Nación el 19 de Setiembre de 2011.

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