sábado, 13 de diciembre de 2014

DEFENSA DEL REVISIONISMO

Julio Irazusta en su juventud.





Por Julio Irazusta*


El aporte del revisionismo contemporáneo –por lo menos el que iniciamos nosotros en La Nueva República en 1927- empezó como una empresa política. Advertimos los males del cuerpo político argentino, y los señalamos cuando, del presidente de la República abajo, la mayoría de la opinión autorizada creía que nuestro régimen constitucional era perfecto y el país, en plena prosperidad, podía esperar el futuro más promisor. La brillante apariencia nos sonaba a hueco. El país estaba hipotecado. Y aunque nuestras exportaciones habían crecido de año en año hasta entonces, anunciamos la crisis tremenda de la que aún no se vislumbra la solución. Al suceder el doctor Irigoyen al doctor Alvear, las cosas empeoraron. En un principio ofrecimos un cuerpo de soluciones para la mayor parte de los problemas que en los gobiernos anteriores no habían siquiera entrevisto. Agravados aquellos males en la desdichada segunda administración del caudillo radical, nos sumamos a una oposición con la cual teníamos mayores disidencias que con el partido oficialista. La parte decisiva que tuvimos en producir el cambio de 1930 nos permitía alentar la esperanza de procurar una reforma saludable e indispensable. Pero experimentamos una gran decepción.
Fue entonces cuando, por la necesidad de explicarnos el engaño sufrido, volvimos nuestras miradas al pasado. Lo que sabíamos de nuestra historia, lo aprendimos de los clásicos nacionales Alberdi, Sarmiento, Mitre, Vicente Fidel López, quienes, debido a su deficiente filosofía política y a las polémicas que los desgarraron, confundían más de lo que adoctrinaban. Entretanto, habíamos leído atentamente los clásicos mundiales de la materia: Aristóteles, Santo Tomás de Aquino, Maquiavelo, Burke, Rivarol, los redactores de El Federalista norteamericano. Con la clave que estos autores nos dieron, repasamos nuestra historia, a la vez que leíamos por primera vez la Historia de la Confederación Argentina de Adolfo Saldías. Esta obra, con su admirable exposición y sus riquísimos apéndices documentales, nos aclaró el panorama. Casi de inmediato iniciamos la reivindicación de Juan Manuel de Rosas, como el político de vocación más segura y con mayor sentido del Estado en todo el curso de nuestra historia. Que la opinión estaba desde antes madura para aceptar nuestras razones, lo prueba el hecho de que, paralelamente a nuestras actividades intelectual y política, muchos espíritus de las generaciones inmediatamente anteriores y de la nuestra habían constituido sin contactos con nosotros una Junta Pro-Repatriación de los restos de Rosas. Las dos corrientes se unieron en la fundación del Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas.
Apenas habíamos llegado a las conclusiones expuestas en un Ensayo sobre el Año XX –incluido en mis Ensayos históricos- aparecido en 1934, cuando el régimen imperante a raíz de la revolución de 1930 quedaba radiografiado en el tratado Roca-Runciman, que legalizaba la situación de hecho creada en el país desde Caseros hasta los días en que con mi hermano Rodolfo escribíamos La Argentina y el imperialismo británico, en 1935.
Entre unos y otros, los colaboradores de la revista del Instituto Juan Manuel de Rosas, los que publicamos libros políticos al cesar La Nueva República, los fundadores de FORJA, e incluso algunos radicales del Comité Nacional, iniciamos una revisión de la historia, la economía y las instituciones nacionales, como no se lo había intentado desde la tenaz propaganda de los emigrados vencedores de Rosas. Los frutos de esa actividad intelectual fueron: el Catilina –su más alto exponente- de Ernesto Palacio, la Historia de los ferrocarriles argentinos y Política británica en el Río de la Plata de Scalabrini Ortiz, La Unidad Nacional de Font Ezcurra, El Nacionalismo de Rosas de Roberto de Laferrére, Acerca de una política nacional de Ramón Doll y creo no ser en exceso jactancioso al decir que también nuestros libros, junto con los innumerables trabajos de Tomás Casares, Julio Meinville, Leonardo Castellani, César Pico, los Ibarguren, Ricardo Curutchet, Armando Cascella, Pedro Juan Vignale, Jaime Gálvez y tantísimos amigos, algunos desaparecidos y otros felizmente aún activos –que no tengo espacio para recordar-, produjimos un corpus documental que ha transformado el pensamiento de la nación. Ya desde 1940 los partidos políticos y aun los gobiernos debieron ir reproduciendo en sus programas el conjunto de apreciaciones sobre el pasado y la actualidad nacionales que habíamos expuesto en un sistema históricopolítico, el más completo que se ha organizado en el país. Aunque fuera para desvirtuar las mejores ideas y los mejores propósitos.
El revisionismo puede estar orgulloso de su obra en el orden del pensamiento, si bien no ocurre lo mismo en el de la acción. Sus ideas no se tradujeron en el mejoramiento de las cosas nacionales. La crisis que anunció cuando el país parecía a cubierto de todo riesgo, se ha agravado. Pero las soluciones propuestas por su ala política (el nacionalismo en sus exponentes más juiciosos y menos sistemáticos) están al alcance de quienes se propongan aplicarla. No son recetas infalibles. No las hay. Como lo dijo uno de los grandes argentinos de pensamiento más hondo, Indalecio Gómez, cuando le preguntaron si su reforma electoral era una panacea, negándolo con estas admirables palabras: “Toda decisión política es una opción entre dificultades”. Sencillamente. Porque como la actividad práctica consiste en crear el futuro, y éste no es susceptible de conocimiento científicamente cierto, no hay fórmulas seguras para acertar. El hombre de acción que no tiene intuición del porvenir inmediato, ni imaginación de lo hacedero en el momento que se decide, ni voluntad de hacer el bien, no acertará jamás por más ciencia o técnica que crea tener.
Si el país insiste en atenerse a la prédica de los seudoprofetas nacionales, vencedores de Rosas y promotores de la organización nacional, a salvarse con las proposiciones del pensamiento nacional, seguirá en el atolladero que aquéllos crearon.
Por lo que se refiere a la figura de Rosas, en torno  a la cual se centró el revisionismo contemporáneo en sus comienzos, éste deberá proseguir el debate. Pues las malas causas no se resignan a morir. No puedo sintetizar conclusiones expuestas, al margen de varios volúmenes de documentos, en otros tantos de reflexiones sobre los mismos. Únicamente aduciré, para terminar, los argumentos más probantes en su favor: se mantuvo firme durante 17 años en el potro que desmontó a todos los héroes de la emancipación; tuvo desde muy joven (1823) sentido de lo que convenía a los intereses nacionales en materia diplomática; secundó la acción de Estanislao López en su propósito de dar el apoyo que pedía la delegación del Cabildo de Montevideo para expulsar a los usurpadores portugueses de la Banda Oriental; contribuyó a la expedición de los 33 Orientales; resistió la intromisión francesa en el Plata; aceptó el mayor desafío hecho al país por la intervención anglo-francesa conjunta –desafío no resistido con éxito en ningún país del mundo- y con motivo de tales acontecimientos reconoció a Oribe como presidente legal del Uruguay y lo auxilió con una fuerza y una generosidad sin ejemplo, en casos similares. Fue el único estadista argentino que tuvo diez mil hombres armados, durante diez años, en la frontera oriental, para amparar al Uruguay y a nuestro país de las amenazas portuguesas y extracontinentales. Y si en medio de los interminables años de guerra no tuvo tiempo, según lo decía en sus mensajes, hizo el mayor desarrollo ganadero conocido, aumentando la exportación de lanas de tres mil libras de peso a tres millones en quince años, y manejó las finanzas con tal vigor que si las agresiones resistidas por él lo obligaron a un emisionismo forzoso, en cuanto logró la paz, enjugó en lo que pudo las emisiones que la legislatura le permitió durante los conflictos y regularizó la moneda como ningún gobierno contemporáneo.


* La Opinión, Buenos Aires, 29 de junio de 1977, en Irazusta, Julio, De la epopeya emancipadora a la pequeña Argentina, Buenos Aires, Dictio, 1979, pp. 211-214.

domingo, 7 de diciembre de 2014

MARGARITA WEILD Y EL GENERAL JOSÉ MARÍA PAZ: JUNTOS PARA SIEMPRE


José María Paz y Margarita Weild.



Por Cristina Bajo*




En la Catedral de Córdoba, hay un mausoleo cuyos detalles nos advierten que allí descansa un guerrero. En vida, este hombre no fue especialmente querido, pero consiguió el respeto de sus iguales y la admiración de sus enemigos; fue un estratega brillante, y sus tácticas se estudiaron, hasta entrado el siglo XX, en las mejores escuelas de guerra de Europa. Fue un convencido federal que detestaba el caudillismo; fue un mentado unitario mientras intentaba federalizar un país donde cada provincia era una república.
Pero lo relevante de esa tumba no está en el hombre que descansa en ella, sino en la mujer que descansa a su lado, pues no se conoce caso igual en la Argentina: que en la tumba de uno de nuestros héroes, y en la Iglesia Matriz, descanse, como en el lecho conyugal, la mujer que fue el amor del héroe, la mujer de la que él fue su único amor.
Él era el general José María Paz, el "Manco"; ella, su joven esposa, Margarita Weild, la "incomparable Margarita".
Durante casi toda su vida, Margarita, aunque pertenecía a un grupo privilegiado de vecinos de Córdoba, tuvo que sufrir la suerte de las mujeres de los perseguidos, los encarcelados y los exiliados.
Había nacido en 1814 y, quizá por educación, tenía ciertos rasgos de carácter que se atribuyen a la mujer cordobesa: valor, terquedad, dominio de las emociones en público, austeridad.
Su madre fue María del Rosario Paz, y su padre, un médico escocés llamado Andrew Weild. La bautizaron Agustina, pero se la llamó, en recuerdo de su abuela británica, por el muy escocés nombre de Margarita. Su padre murió cuando era muy chica, pero aceptó con cariño al segundo esposo de su madre, Juan José de Elizalde.
Desde niña sintió admiración y un embobado afecto por su tío José María, el que peleó por la independencia, el que peleaba, cuando era ya una jovencita, por constituir el país. El tío buenmozo, serio, poco dado a conversar, pero que en familia era afectuoso, bromista y dedicado.
Creció oyendo hablar de su heroísmo, de aquella vez que casi perdió, por un brazo herido, la vida, que le había sido concedida -pensaba ella- para que mejor pudiera amarlo y cuidar de él. ¡Cuidar de él, siendo tan joven, siendo él mayor, sano, fuerte y valeroso!
“¡Qué pretenciosa la niña!”, dicen que dijo una vez; Margarita se contentó con mirarlo y mostrar una sonrisa de complicidad con el Destino, al que nombraba con mayúscula.
Vivió toda su vida con el Jesús en la boca por él: que si su brazo le daba espasmos; que si las tercianas lo enfebrecían; que si se iba a Brasil, a pelear contra el emperador; que si volvía atravesando un país soliviantado por la guerra civil; que si en Córdoba lo esperaban enemigos encubiertos.
Ella aguardaba con paciencia el momento de entrar en escena. Cuando era muy niña, escuchando detrás de las puertas las noticias dadas en voz baja y nerviosa; ya más grandecita, preguntando tímidamente por él; llegada a la edad de casarse, hablando abiertamente de la preocupación por su suerte. Tagore aún no había nacido y faltaba casi un siglo para que escribiera Gitánjali, pero Margarita sabía que ni el sol ni las estrellas podrían esconderlo de ella para siempre.
Su historia comenzó cuando parecía que iba a terminar la de él: boleado su caballo en los campos de Calchín, fue a dar en la Aduana de Santa Fe, prisionero de don Estanislao López, caudillo de aquellos pagos.
Durante mucho tiempo, la familia penó sin saber si aún estaba vivo. Luego, su hermano Julián supo de él y poco después su madre y Margarita fueron a verlo. Ella entró primero y, sin poder contenerse, se arrojó en sus brazos, sorprendiéndolo con sus 20 años. El, aturdido, no queriendo divertir a los guardias con sus aflicciones, contuvo el llanto de las mujeres con unas pocas palabras: "Nada de lloros, nada de lloros", mientras, por dentro, se avergonzaba de que ella lo encontrara desarrapado, con el cabello indómito y la barba crecida. Por el cuarto, jaulas y una horma de zapatero dijeron a las mujeres que mantenía su cordura con el trabajo manual. Había comenzado a bosquejar sus memorias. Al abandonar la Aduana, Margarita dijo a doña Tiburcia -madre de Paz y abuela suya- que iba a casarse con el recluso. Y mientras tramaban el paso, la joven le llevó libros, papel, tinta y velas, las velas que, cuando querían castigarlo, para que no pudiera leer ni escribir, le requisaban. Otras veces, traía un costurero y remendaba su ropa. Su mano afectuosa le recortaba el cabello, lo afeitaba, le preparaba un plato refinado. Cuando lo atacaba la tristeza del cautiverio, le leía en voz alta o entonaba nuevas canciones.
Parece increíble que tanto afecto y sacrificio de parte de estas mujeres, que embellecían la celda con flores silvestres, que mantenían limpio el entorno y resistían en silencio el maltrato o la doblez de los carceleros, no despertara en aquellos hombres un sentimiento de solidaridad humana.
Paz debió enamorarse sin remedio, pero no queriendo involucrarla en su desgracia, se atrincheró en una esquivez helada; ella, cansada de darle vueltas al asunto, le dijo de sopetón que quería casarse. El se exasperó: "¡No sabes lo que dices!". Y comenzó a enumerar la diferencia de edades, el futuro incierto, la muerte que pendía sobre él. Ella, arrebatada, demolió sus argumentos esgrimiendo su amor, la fortaleza con que enfrentaría cada prueba. Paz se desmoronó: fue una de las escasas debilidades que se le conoció, pues era estoico por carácter y formación.
En secreto, planearon la boda. Un sacerdote de la familia, que solía visitarlo, consiguió las dispensas -eran tío y sobrina- para unirlos. Y el 31 de marzo de 1835, a las dos de la tarde, se casaron, mientras el religioso decía en voz baja las palabras de rigor, para que nadie escuchase la salmodia.
Los guardias le ordenaron a Margarita que se retirase, pero el doctor Cabrera arguyó el derecho de convivencia y presentó los documentos. Las autoridades, entre sorprendidas, furiosas y admiradas, decidieron dejarlos en paz. Dos días después, comenzaron su vida de casados.
SOPORTAR
Es en prisión donde Paz muestra lo inquebrantable de su carácter: siendo manco, fabricó complicadas jaulas; siendo prisionero, dispuso de su destino; siendo civilizado, mantuvo alto el espíritu, aunque a diario asistiera a torturas y ejecuciones; temiendo, se sobrepuso al miedo cuando le decían con siniestra jocosidad: "Hoy capaz te llevamos al Remanso". El Remanso, el degolladero. A Margarita le habían dicho que no comiera peces, pues estaban cebados con la carne de las víctimas.
Cuando quedó embarazada, José María le pidió que volviera con su madre, para que el niño naciera en libertad. La respuesta de ella, mientras tendía el camastro, fue cortante: "No tiene importancia dónde nazca. Todo el país es una cárcel".
Y soportó, sosteniéndose en el recuerdo de los años que había esperado por aquel hombre.
Pero sus inquietudes no tenían fin; antes de que diera a luz, don Juan Manuel de Rosas decidió trasladarlo a Luján. Negarle a Margarita la información de lo que se haría con su esposo fue una crueldad que Estanislao López ejerció sobre ella gratuitamente, pues Rosas había ordenado que se trasladara "al general y su familia" en carretones decentes. Finalmente, doña Tiburcia se enteró del destino de su hijo y partieron a Buenos Aires la anciana endeble y la joven embarazada, en una barcaza donde los tripulantes piadosos tendieron un toldo para resguardarlas.
La desesperación de Paz no fue menor, pues temía que no les permitieran volver a verse. Pasaron meses hasta que supo que su esposa tramitaba el permiso para vivir con él, finalmente concedido. El niño nació poco antes, y viajeros que pasaron por Luján asentaron que veían con asombro pañales flameando en una ventana de la cárcel. Ella cuidaba al niño, almidonaba las camisas de él y pintaba un álbum para los hijos que vendrían; José María ganaba algo como zapatero y se dedicaba a escribir; ambos leían los libros que les mandaban y dormían con el frío de un cuchillo invisible en la garganta esas noches en que oían gritar a algún infeliz a quien arrastraban al martirio.
Margarita dio a luz una niña que murió a los pocos meses, postrándola en la melancolía, de la que salió para cuidar al mayorcito, gravemente enfermo. Más adelante tuvieron otra hija, a la que bautizaron Margarita.
En 1839, después de ocho años, el general Paz fue liberado y enviado a Buenos Aires, con "la ciudad por cárcel". Por primera vez, él y Margarita tuvieron privacidad, pudieron pasear, asistir a reuniones, hacer amistades. A él le devolvieron el sueldo de general y le pagaron lo adeudado.
La revolución de Maza, las matanzas posteriores y el que muchos lo señalaran como único capaz de vencer a Rosas hicieron que el Manco temiera por su vida y huyera hacia la Banda Oriental. Margarita no estaba de acuerdo, y como su historia había despertado simpatías en gente influyente, consiguió un cargo diplomático para su esposo, con la condición de que no tomara las armas contra Rosas. Luego, cruzó el río con sus hijos y se instalaron con Paz en Colonia. El breve período de tranquilidad había acabado, pues José María retomó el oficio de la guerra, enredándose nuevamente en políticas absurdas.
Si alguna vez sintió remordimientos por arrastrarla en su destino, ella podría haberle contestado, parodiando a Tagore: "Entré en tu vida sin que me lo pidieras, y pusiste tu sello de eternidad en los instantes fugaces de la mía".
FELICIDAD Y DESOLACIÓN
Tuvieron que pasar años de separaciones, angustias, traslados demenciales por la selva y pérdidas constantes, para que, harto de discutir con sus aliados, traicionado, apesadumbrado por la muerte de otro hijo, José María decidiera pasar a Río de Janeiro. Había perdido, tras el ideal, la posibilidad de un cargo, había sido derrotado en política por hombres más hábiles que él en pactos tras bastidores y había sumido en la pobreza a su familia. Margarita esperaba su octavo hijo.
Sin recursos, pusieron una granja, que no daba mucho; sobrevivieron porque ella sacaba fuerzas de flaqueza y preparaba empanadas que él y sus hijos vendían entre los vecinos.
A pesar de esto, eran felices; vivían en familia y ella no sufría el terror de que lo mataran en batalla, sabiendo que nunca recuperaría su cuerpo. Pero estaba debilitada por los esfuerzos, por los viajes y los sucesivos embarazos. Su madre, Rosario, debió trasladarse para atenderla. El 5 de junio de 1848, a las diez de la noche, varios días después de haber tenido a su último hijo, murió, dejando a su marido desolado.
Sus últimas palabras, conmovedoras, fueron para pedirle que la dejara entregarse a la muerte, que había un más allá y que velaría por ellos. Y viendo el dolor desgarrador de ese hombre al que no se le conocía flaqueza, puso su mano sobre la cabeza de él y empleó su último aliento para repetir: "¡Cuánto te he querido!".
Tenía sólo 33 años. Fue enterrada en tierra extranjera, pero hoy yace en la Catedral de Córdoba, junto a los restos de aquel a quien amó más que a su vida. Años después, en agonía, él la habría llamado con la voz del poeta bengalí: "¿Dónde estás, amor mío? ¿Por qué te escondes en la sombra? Yo no sé el tiempo que hace que te espero, cansado".
José María Paz: nació en Córdoba, en 1791. Estudió Filosofía y Teología, pero luego de la Revolución de Mayo de 1810 dejó los libros para empuñar las armas en las luchas por la Independencia. Murió en 1854.
Margarita Weild: nació en Córdoba, en 1814, hija de María del Rosario Paz y Andrew Weild, un médico escocés. Se casó con su tío, José María Paz, en 1835. Murió en 1848, a los 33 años.

*La Nación, Buenos Aires, Domingo 27 de febrero de 2005.

sábado, 29 de noviembre de 2014

LOS PRONTUARIOS POLICIALES EN LA ÉPOCA DE ROSAS




Índice del Archivo del Departamento General de Policía.




Por Julio Castellanos*



Con Rosas está ocurriendo lo que con muchas ciudades desaparecidas, que al excavar sus ruinas los arqueólogos se encuentran con que hay que modificar el concepto que se tenía de ellas, calificadas de ciudades bárbaras, puesto que la piqueta viene a poner al descubierto, hoy una estatua artísticamente modelada, mañana una copa de oro cincelada de una manera maravillosa y al otro una columna perfecta, obras que por su estilo y por la materia empleada en ellas, ponen de manifiesto que esas ciudades habían adquirido una cultura superior, y por lo tanto, hay que modificar el juicio que de ellas se tenía.
El hecho no debe sorprender –veinte años de gobierno dejan muchos resentidos -, y cuando éstos triunfan es humano, políticamente, modificarlo todo.
Al estilo Luis XIV sucedieron los Luises XV y XVI, el Directorio, el Napoleónico, el Luis Felipe, etc., y como es lógico, cuando un estilo deja de ser porque la moda hizo ley imponiendo otro, el anterior pasa a los desvanes o a los cuchitriles de los chamarileros. Tal suelen hacer los políticos triunfadores o muchos historiadores que disfrutan de sus prebendas.
Todo cuanto se escribió contra Rosas, no ya por los políticos contrarios, sino lo que fue invención de mentes calenturientas que fabricaban novelas por entregas para solaz de sus lectores, y de acuerdo con el último grito del romanticismo, pasa por cierto.
El folletinero ha hecho mucho daño a la historia porque desempeñó un papel muy semejante al del falsificador de moneda, que pretende pasar lo malo por bueno.
Pero las mentiras, por muchas que sean, y a veces estén refrendadas por algún pseudo historiador, tienen que dejar paso a la verdad. Y el documento que pone en circulación una orden, el decreto oficial, y hasta la misiva íntima al correligionario, así como el tratado internacional que se archiva en una cancillería extranjera, suele hacer extemporáneamente su aparición y deja en descubierto al falsificador.
No es que creamos “tabú” a los documentos oficiales, pues de sobra sabemos que hay mensajes que dicen lo contrario de lo que el gobernante hizo.
Volviendo al caso de Rosas, es mucho lo que hay que desbrozar todavía para que, a su persona y a sus hechos, se les dé en la historia el lugar que en justicia le corresponde, pero ya existen trabajos que han realizado parte de la tarea, algunos abonados por historiadores de prestigio, y otros, por escritores que han hambre y sed de justicia histórica, porque han llegado a descubrir que la figura de Don Juan Manuel merece de los verdaderos patriotas, que no están embanderados en ningún partido, que se la rehabilite.
Podrá ser hoy o mañana, pero ello llegará; hay muchos Plutarcos que en su afán de hacer paralelismo ven que no desmerece la personalidad de Rosas al lado de muchos próceres, y más se afirman en ello, cuando ven que la Ilustrísima Personalidad de San Martín, con mayúscula, con sus escritos y con su acto de donarle el glorioso sable, está de parte de ellos.
Época es ésta de revisión, y al hacerla, surge que la Unidad Nacional se logró por el tesón y el patriotismo del Ilustre Restaurador de las Leyes, y que si mucho se le ha vilipendiado en el pasado, hoy son muchos los que creen que la autoridad que él impuso como mandatario, sus actos de gobierno, tanto en lo nacional como en lo internacional, deben imitarse porque estaban inspirados en la justicia, en el desinterés y en el más puro amor a la patria.
De los crímenes que se le achacan no están libres, ni los gobernantes que le antecedieron, ni los que le sucedieron, y es de notar que todos los gobernantes de los países americanos fueron tildados de lo mismo. Era la época. El sectarismo no reflexiona, y atribuye, a los que se encuentran en el poder, las fantasías que suelen ser parto de su imaginación.
Y un hecho indiscutible debemos hacer notar: que si Rosas llegó al poder no se debió a la sorpresa de un cuartelazo afortunado de un militar ambicioso, o con la ayuda de empresas extranjeras, sino que fue llevado al gobierno por la libérrima voluntad de los legítimos representantes del pueblo, y después de un plebiscito que dio una mayoría abrumadora a su favor.
Y de que sus dotes de gobernante algo debían significar, dicenlo el recibimiento oficial que se le hizo en Inglaterra a su llegada,  cuando pobre y desterrado, nada podía dar, siendo el jefe del gobierno, Lord Palmerston, quien más le honró, brindándole una amistad que duró hasta su muerte.
A pesar de todo cuanto se ha dicho en su contra, nadie osó hasta hoy enrostrarle que fuera malversador de caudales públicos; sus cuentas con el erario son bien claras y precisas, y aun cuando tuvo que sostener guerras internacionales jamás recurrió a empréstitos.
En cuanto puso mano, se nota enseguida su espíritu ordenado; era un trabajador infatigable al que no se le escapaba detalle,  exigiendo de todo empleado público el cumplimiento de su deber, no perdonando a nadie la menor falta, y, cuando de la tranquilidad del país se trataba, era inexorable hasta con sus allegados.
El estaba en potencia en todo, bien se tratase de Hacienda Pública, de la Organización del Ejército, del régimen a que tenía que estar sometidos los hospitales y asilos, de la Instrucción Pública, del servicio de chasques y de cuanto se refería a los servicios públicos.
Y del rigor a que tenía sometida la Policía, todo sabemos que cuanto pasaba en la ciudad pronto era sabido por él; díganlo la rápida pesquisa del robo de dos millones de pesos a la Casa de Moneda por medio de la falsificación de una orden firmada por Rosas, que había hecho un titulado Murillo, que se hacía pasar por Vidal y después por Vera y por último resultó llamarse Andrés Vallejo.
En veinticuatro horas se prendió al delincuente, y Rosas al recibir la nota de su detención, se asombra de que su letra y firma hayan podido ser falsificadas con tal perfección, lo que no obsta para que al pie de ella, en uso de las facultades extraordinarias que le había acordado la legislatura, pusiera el cúmplase a la pena a que se había hecho acreedor el tal Vallejo.
Tal rapidez se explica, porque en aquellos tiempos, aunque no existían las impresiones digitales, no faltaban los prontuarios que se hacían escrupulosamente, y para muestra vamos a transcribir dos, cuyos originales se encuentran en el Archivo del Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas (estos documentos juntamente con su magnífica biblioteca fueron donados al Instituto por la familia del ilustre historiador don Martín V. Lascano).

Departamento de Policía

“Viva la Confederación Argentina”

“Mueran los Salvajes Unitarios”
“Muera el loco traidor Salvaje unitario Urquiza”
                                                                      
                                                               Buenos Aires, Octubre 9 de 1851.
                                                                       Año 42 de la Libertad, 36 de la
                                                                       Independencia y 22 de la Confede-
                                                                ración Argentina.
José Ma. Bustillos, edad 32 años calza bota fuerte, es sano no es borracho. Patria Buenos Ayres, no sabe domar, anda regularmente a caballo, se ocupa en el Comercio de Frutos del País, domicilio Calle la Victoria n° 33 y ¾ sabe leer y escribir presta sus servicios en el 3er. Batallón de Patricios en clase de soldado es hijo de Don Manuel José Bustillos y de Doña Manuela Prudant. Estado casado, color blanco, pelo rubio, es hombre de pueblo, bueno para infantería.
Viste pantalón de casimir negro chaleco de raso punzó camisa de hijo corbata de seda, levita de paño negro, sombrero redondo usa la divisa y cintillo federal. Es de buena conducta y no sabe emborracharse.
Servicios que ha prestado a la Santa Causa Nacional de la Federación.
Siendo empleado en el Correo fue preso en el año de 1840 por salvaje unitario y conducido a la cárcel de Cabildo, de donde salió poniendo personero, y fugó en ese mismo año a Montevideo y el Gobierno intruso de Montevideo le dio el grado de Teniente Coronel de infantería a las órdenes del salvaje asqueroso unitario Manco Paz hasta que este salió de Montevideo. Luego emigró al Brasil y acogiéndose al indulto que S.E. tuvo a bien acordar regresó a su país.
                                                                                                          Juan Moreno
Se trata en este caso de una persona conocida, a la que solían llamar el paquete Bustillo por su elegancia y el esmero que acostumbraba a poner en su persona.
Como se deduce de la lectura de ese prontuario, a pesar de sus andanzas contra el régimen implantado por Rosas, se acogió al indulto que acordó el gobierno a los que regresaban al país, siéndole concedido, lo cual prueba que Rosas no era tan duro de corazón como lo hacen figurar, y que los unitarios sabían que nada tenían que temer cuando el Restaurador tenía empeñada su palabra.
En cuanto al otro prontuario se trata nada menos que del hijo de don Bernardino Rivadavia, el que, como es natural, no podía ser más unitario. Leámosle:

Departamento de Policía


“Viva la confederación Argentina”
“Mueran los Salvajes Unitarios”
“Muera el loco traidor Salvaje unitario Urquiza”

                                                                       Buenos Aires, Octubre 17 de 1851.
                                                                       Año 42 de la Libertad, 36 de la
                                                                       Independencia y 22 de la Confede-
                                                                ración Argentina.

Joaquín Rivadavia: edad 37 años – calza bota fuerte – es sano – no es borracho – natural de Buenos Aires – no sabe domar – sabe andar bien a caballo -  se ocupa en un escritorio de Agencia – Su domicilio Calle del Parque num. 51. Sabe leer y escribir y en prueba de ello firma la presente clasificación – se halla enrolado actualmente en el Juzgado de Paz de la Catedral al Norte – hijo legitimo de D. Bernardino Rivadavia y de Da. Juana del Pino – de estado casado – color blanco – pelo castaño algo cano – es hombre de pueblo – es bueno para caballería.
Viste: levita de paño – chaleco punzó – pantalón de paño – camisa blanca corbata de seda – bota fuerte – sombrero de pelo negro – usa la divisa y sintillo federal.
Es de buena conducta y no es borracho.
Servicios a la Santa causa de la Federación Nacional. No ha prestado ninguno – Dice que habiendo llegado de Francia el año de 1828, cuando el motín militar del Salvaje asqueroso unitario Lavalle, lo hicieron Alférez de Caballería, y que sirvió con los amotinados hasta la convención, después de lo cual emigró al Estado Oriental del Uruguay hasta el año de 1833 que volvió a esta Ciudad, y que en el mismo año pasó con licencia a Mercedes en la Banda Oriental á hacerse cargo de una estancia de su Padre – Que el año de 1837 entró al servicio con los salvajes asquerosos unitarios en el Ejército del salvaje asqueroso unitario Lavalle, quien lo hizo Capitán en la campaña contra el Sr. Presidente legal del Estado Oriental: que se halló en toda la guerra que hizo el pardejón salvaje asqueroso unitario Rivera contra el Gobierno legal de aquel Estado. Que cuando el salvaje asqueroso unitario Lavalle invadió esta Provincia sirvió con él en toda la campaña habiéndole dado el título de Sargento Mayor de Caballería hallándose en todas las acciones de guerra que tuvieron lugar hasta la Rioja, en donde se separó y pasó a Bolivia, y desde allí por Matogrosso se vino al Rio Janeiro se embarcó y se vino a Montevideo. Que allí fue llamado al servicio por el titulado Ministro salvaje unitario Pacheco y Obes y le fue dado el mando de un escuadrón de Caballería con el que salió a campaña hasta que los emigrados argentinos se separaron y marcharon a Corrientes donde sirvió a las órdenes del salvaje asqueroso unitario manco Paz – Que cuando el ejército Paraguayo llegó a Corrientes, fue pedido por su titulado general y al presentarse a servicio le dieron el grado de Teniente coronel continuado en aquel hasta la disolución, que pidió su pasaporte para el Brasil donde se retiró. Que de allí paso embarcado a Montevideo y a los pocos días se trasladó a esta Ciudad el año 1848. Que luego que se hizo pública la traición del salvaje, loco, traidor, unitario Urquiza, ofreció sus servicios al Supremo Gobierno, dirigiéndose á S.E. por conducto del Capitán escribiente D. Pedro Rodríguez, lo mismo que lo ha hecho personalmente recordando su oferta a la Señorita Da. Manuelita Rosas y Ezcurra, la cual la reitera hoy al hacerle la presente clasificación.
Nota
Agrega este individuo que el año de 1848 se enroló en la Pasiva del Juzgado de Paz de Catedral Norte, donde presta sus servicios como ciudadano de la 2da. Compañía
                                                                       Joaquín Rivadavia
                                                                                               Juan Moreno (Este documento rectifica lo afirmado por don Jacinto Yaben en la pág. 91 del Tomo IV de su obra “Biografías Argentinas y Sudamericanas”, en la que afirma que Joaquín Rivadavia volvió al país después de Caseros.
Se encuentra en Buenos Aires desde mucho antes de este hecho,
Es curioso y frecuente el afán de hacer pasar como volviendo al país después de Caseros a muchas personas que residían tranquilamente en él. El ambiente de la dictadura no era tan irrespirable como se pretende y muchos de los presuntos proscriptos hicieron su fortuna en el país durante esa época.
Lo mismo puede decirse de José María Bustillos, a quien también el señor Yaben, hace volver a Buenos Aires después del 3 de febrero de 1852.

Como se habrá notado, no se trata en este caso de un cualquiera, sino de un hombre que había actuado en cuantas pellejerías  se lanzó el partido unitario para derrocar a Rosas, que sabía leer y escribir, y que, dado el medio en que había figurado, es de suponer que debía conocer a sus correligionarios para no tomar en cuenta lo que decían de las barbaridades de Rosas, puesto que el año 1848 viene a Buenos Aires y se enrola en la pasiva del Juzgado de Paz de Catedral al Norte, donde presta servicios con la 2ª. Compañía.  Más tarde al hacerse pública la traición de Urquiza se ofrece para prestar servicios en el Ejército rosista, dándose el caso de que un unitario peleara en defensa del gobierno de Rosas, y ello solicitado personalmente a doña Manuelita, y también por conducto del Capitán Pedro Rodríguez.
Indudablemente se vivía en una época de sorpresas y la que debe causarnos el hecho de que el hijo de don Bernardino adoptase resolución tan patriótica, se explica, porque no se trataba como en las contiendas anteriores de una guerra civil, sino de una guerra internacional contra el Brasil, al que se había aliado Urquiza. Así lo entendieron muchos otros, entre ellos, los coroneles Díaz y Chilavert, quienes combatieron al lado de Rosas en Caseros.
Para terminar vamos a transcribir unos párrafos del notable ensayo del señor E. M. S. Danero, titulado “Lucio Vicente López”: “Y – como dice Ernesto Quesada- mientras el primero (don Vicente López y Planes), siguiendo sus inclinaciones y obedeciendo a su idiosincrasia, continuó viviendo en Buenos Aires sin que personalmente nadie le achacara nada ni le hiciera el menor reproche, el hijo (don Vicente Fidel López), batallador y altivo, tuvo que emigrar de nuevo a Montevideo..." Y más adelante refiere, tratándose de don Lucio Vicente López: “Con el propósito de que iniciara sus estudios universitarios, su padre le envió a Buenos Aires”, y eso ¡en plena tiranía!  Lo cual prueba dos cosas: que eran muchos los que se autoperseguían, y en que en lo referente a estudios superiores, los de aquí eran mejores que en Montevideo, puesto que allí no existían.
Mucho debía representar Rosas para los argentinos que lo estimaban cuando para vencerlo, por primera vez, tuvieron que coaligarse todos los descontentos y buscar la ayuda de fuerzas extranjeras.        


 *Revista del Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas n° 6, Buenos Aires, Diciembre de 1940


miércoles, 8 de octubre de 2014

UNITARISMO, FEDERALISMO, CONFEDERACIÓN Y LA UTILIZACIÓN FACCIOSA DE LA HISTORIA

Julio A. Roca en su discurso ante el Congreso en 1889.

                                                                                            Por Roberto Azaretto*

En  primer lugar unas breves palabras sobre el sitial que he elegido en esta Academia, el de Nicolás Avellaneda. No fue el primer presidente del norte, pues su comprovinciano Marcos Paz, vicepresidente de Mitre, ejerció la primera magistratura desde junio de 1865 hasta su fallecimiento en diciembre de 1867, al pedir licencia el presidente para hacerse cargo del comando de los ejércitos de la triple alianza, en la guerra contra Solano López.
Será  otro tucumano su sucesor, Julio Argentino Roca.
Avellaneda sufrió desde su infancia más temprana los males, odios, las muertes, que provocan las guerras civiles. El degüello  de su padre, uno de los artífices de la coalición del norte, la marcha al exilio boliviano, la pobreza  fueron su escuela de vida. Vuelve adolescente a la patria y luego de graduarse en Córdoba, llega a Buenos Aires, al gran escenario de la política nacional en donde descuella de inmediato.
Ministro de Instrucción Pública y  Justicia de Sarmiento triplica los alumnos que concurren a clases en el país.
Como presidente concreta la conquista del desierto, la federalización de Buenos Aires, el establecimiento del crédito externo, en medio de una crisis financiera internacional. Durante su administración se deja de importar trigo y se concreta la primera exportación de carne en un barco frigorífico. En su gobierno se traen los restos de San Martín. Es autor de la ley de colonización y después como senador impulsa la Ley universitaria.
Murió  antes de los cincuenta años perdiendo la patria su inteligencia, capacidad, patriotismo y su espíritu conciliador.
Como toda ciencia social la historia puede poseer datos objetivos, documentales indiscutibles,  pero la  interpretación  siempre es subjetiva.
Muchas veces se escribe y divulga sin tener en cuenta los  hechos. Ahora se habla mucho de memoria, pero la historia se nutre de muchas memorias y de otros elementos. Los argentinos tenemos el defecto, de  utilizar la historia para dirimir conflictos actuales, tal vez por la incapacidad para mirar para adelante. Algunos por localismos mal entendidos levantan héroes con pies de barro.
Creo conveniente para comprender la cuestión de nuestra organización institucional, comparar con otras experiencias, como la norteamericana o la brasileña.
En los Estados Unidos, las trece colonias iniciales eran autónomas  con lazos directos con la corona y el gabinete británico  (1). Nosotros éramos un estado centralizado. Tampoco había grandes diferencias entre los estados que se dieron con el desarrollo posterior. En nuestro país Buenos Aires ya era demasiado importante en 1810 y ese proceso se acentuará con la expansión de sus fronteras hacia el sur, que compensan la pérdida de Santa Fe y la Mesopotamia. Durante el siglo XIX los presupuestos de Buenos Aires superan al de las otras provincias sumados.
 Los Estados Unidos, durante las guerras de la independencia, se dedicaron a ganarla.
El Congreso designó un general para el ejército, enviados diplomáticos, recaudadores de los fondos. Pero se postergaron todos los debates sobre las formas de gobierno hasta después. Era lo que planteaba San Martín, ocuparse de la meta, que era la toma de Lima, sede del poder del imperio español en Sudamérica.
Pero aquí San Martín fue un predicador en el desierto, pues las querellas intestinas comenzaron en poco tiempo, en plena guerra con la corona española.
El Brasil tiene una historia diferente con la llegada, en 1808, (2) de la familia real portuguesa acompañadas por ocho mil personas vinculadas a la corte y las más variadas disciplinas Esto facilitó la centralización del país al fortalecer a Río de Janeiro como un centro de poder que pudo evitar los distintos intentos de desmembrar ese vasto territorio. Brasil fue un estado antes de formar una nación con un proceso de independencia casi sin violencia.
Nosotros tuvimos que esperar al roquismo para contar con un estado nacional fuerte, aunque desde hace unas décadas, en proceso de degradación.

Buenos Aires y Montevideo

El primer desafío importante al centralismo viene de Montevideo, es una cuestión rioplatense donde el tema del puerto es clave para los conflictos a suscitarse y con amplia repercusión en toda la cuenca. Fundada en 1724 por el gobernador del Río de la Plata con sede en Buenos Aires, fue una ciudad fortificada y base de la marina española en el Atlántico. Su población  civil vino de las islas canarias y era un territorio rico en ganado vacuno. El primer saladero de la región se instaló a fines del siglo XYIII en la Banda Oriental. Antes de 1810 ya se suscitan conflictos entre ambas ciudades. Buenos Aires se niega a recibir las mercaderías traídas por los comerciantes ingleses llegados con las invasiones de sus connacionales y que abarrotaban los depósitos de Montevideo y sus jefes militares se niegan a acatar la autoridad del virrey Liniers.
Iniciado el proceso de Mayo la guarnición española y su flota es un peligro  para la revolución que logra la sublevación de la campaña oriental, es el anuncio de lo que sucederá a partir de 1820, el protagonismo de los sectores rurales de las provincias. Emerge la figura de Artigas que a partir del levantamiento del primer sitio de Montevideo, a fin de lograr el retiro de los portugueses, enfrentará a Buenos Aires y condicionará la participación de los diputados orientales en la Asamblea del año XIII a que la capital se instale fuera de Buenos Aires.
Pero además de condicionar hasta la capital y la forma de gobierno que no era  más que una tenue confederación (3)Artigas tendrá como prioridad el enfrentamiento con los portugueses. La dirigencia de Buenos Aires en cambio tenía claro que el problema era derrotar el poder español, aunque también se distraía en discusiones sobre las formas de gobierno y proyectos de constitución.
Lo dice claro Alberdi, Buenos Aires cuenta con una base de poder que le permite rehacerse rápidamente de las derrotas y le posibilitará imponerse al resto de las provincias hasta 1880.
Las relaciones entre Buenos Aires y Montevideo serán claves en los acontecimientos que culminarán con la guerra de la triple Alianza, recursos enormes y miles de vidas humanas se pierden en esos enfrentamientos.
 Artigas logra disminuir el poder de Buenos Aires al extender su influencia y dividir la antigua intendencia porteña al provocando los movimientos autonomistas de Santa Fe, Entre Ríos y Corrientes.
Gran parte de la riqueza ganadera estaba ahí pues la actual provincia de Buenos Aires sólo ocupaba en 1810 una décima parte de su superficie actual(4)
Los enfrentamientos entre el poder central y  el artiguismo, que ocupó Entre Ríos, primero con el éxodo oriental  y años después con la segunda invasión portuguesa devastaron esas provincias. Por otro lado el control de Santa fe era vital para mantener las comunicaciones con los dos ejércitos nacionales, el del Norte y el de los Andes. Recuperación y pérdida de las ciudades de Santa Fe y de Paraná se sucedieron durante la primera década revolucionaria(5).
El avance hacia Buenos Aires que culmina en la victoria del litoral en la primera batalla de Cepeda es instigado por Artigas que pretende someter a Buenos Aires para obtener los recursos que le permitan enfrentar a los portugueses.
El tratado de Pilar entre López, Ramírez y Buenos Aires no contempla los deseos del jefe de los pueblos libres. De ahí el rompimiento entre Ramírez y el caudillo oriental, con apoyo de Buenos Aires en armas y soldados comandados por Lucio Mansilla (6).

Las Provincias Mediterráneas

Cuyo y el Norte estaban ocupados en la guerra de la independencia, aunque columnas del ejército del norte fueron empleadas en reprimir sublevaciones en Santiago del Estero como la del coronel Borges y también colaboraron en controlar a Santa Fe.
En Córdoba alrededor de Javier Díaz surge una corriente federal doctrinaria y de su universidad saldrán futuros gobernantes provinciales luego de la crisis de 1820. Córdoba había aspirado a ser la capital del nuevo virreinato (7).
La Crisis de 1820 excede, en mi opinión, la cuestión del federalismo y el unitarismo. Hay otros ingredientes como el planteo de república o monarquía. La decepción de las expectativas de los sectores populares. Otro motivo de irritación en las provincias es el aluvión de porteños ocupando cargos, reemplazando a los peninsulares, en desmedro de las elites locales. Es una crisis dirigencial.
Contrasta esto con la actitud de San Martín que convence a Pueyrredón de nombrar en la Intendencia de Tucumán a Bernabé Aráoz, jefe de la familia más importante de la región, criterio que aplica para las designaciones de los tenientes de gobernador de San Juan y San Luis.
La revolución iniciada en Buenos Aires es un proceso que lleva a la independencia, pero además de la libertad, se plantea la cuestión de la igualdad, propio de una sociedad como la rioplatense vinculada al mundo, con relaciones comerciales amplias y abiertas a gentes, publicaciones, ideas provenientes del exterior.
La participación popular en las invasiones inglesas fue masiva, la formación de los regimientos criollos tuvo características revolucionarias, los  soldados eligieron a sus jefes oficiales y suboficiales. Ese ejército fue una vía de ascenso social y fuente de ingresos para los sectores populares(8).
Esas ideas de igualdad fueron una de las causas de las dificultades de los ejércitos de la revolución en el Alto Perú, pues la emancipación de los indígenas barría con las estructuras económicas que sustentaban la riqueza y el poder de las elites criollas(9). Proceso que en Bolivia recién se da en estos años.
Aquí vemos otras diferencias con el desarrollo institucional estadounidense, donde los estados liberales soportaron, en aras de la unidad, la subsistencia de la esclavitud hasta la guerra civil de 1861.
 Finalizando la década revolucionaria, los sectores populares porteños se sienten desplazados y se producen revueltas en 1819. En las provincias el estancamiento económico iniciado en el siglo XVIII, que se agudiza a fines del mismo en provincias como Catamarca, San Juan y Santiago del Estero dando lugar a fuertes flujos migratorios hacia el litoral y sobre toda a la campaña bonaerense se acentúa con las secuelas de la guerra, contribuciones forzosas, levas de hombres, requisa de animales y el cierre del comercio con el Alto Perú que había sido el principal mercado durante los primeros dos siglos de la colonización(10).
En este punto vale aclarar que de ninguna manera la batalla de Pavón fue el inicio de la decadencia económica de las provincias mediterráneas. Es un proceso que se desencadena en el siglo anterior a la revolución de mayo.
La batalla de Cepeda barre con la dirigencia política revolucionaria. En las sublevaciones de las provincias también son derrocadas las autoridades con actuación anterior y desaparecen las antiguas intendencias.
La Rioja se segrega de Córdoba. Cuyo se divide en las tres provincias de Mendoza, San Juan y San Luis. En el Tucumán Bernabé Aráoz intenta con la república de Tucumán mantener la unidad regional con Catamarca y Santiago del Estero, no es un intento segregacionista, como la prueba el envío de diputados al Congreso de Córdoba convocado por el General Bustos y que fracasara por el desacuerdo porteño y su recuperada influencia en el litoral con el tratado del cuadrilátero.
Esas sublevaciones, como las cuyanas, estuvieron lideradas por oficiales obscuros, de baja graduación que rápidamente perdieron el poder en  manos de las élites tradicionales.
Poco dura la república de Tucumán pues Santiago del Estero y Catamarca proclaman su autonomía. ¿Hasta dónde vamos a dividir? dirá Bustos al enterarse de la proclamación de la autonomía santiagueña. Se extiende en el tema en una carta que le dirige a teniente gobernador de Catamarca (11) que considero interesante incorporar;

Carta a José Pío Cisneros del 1° de mayo de 1820 / teniente gobernador de Catamarca.

“Un territorio o distrito, sea cual fuere su extensión y población, para considerarse libre e independiente respecto a otro distrito, debe contar en su seno  con todo aquello que haya de necesitar para constituirse civil, eclesiástica y militarmente. De lo contrario, por cualquiera de estos tres aspectos tendría que depender de otro país y por, lo mismo dejaría de ser libre. En lo civil debería contar, cuando no fuese con literatos, al menos con funcionarios que supiesen llenar sus deberes. En lo eclesiástico, cuando no con Mitrado al menos con Abad y Párroco de buena doctrina. En lo militar, con aquella fuerza dotada que en toda circunstancia le acarrease una respetabilidad al país, que no osasen los otros invadirlo. A más de esto, debería contar con fondos públicos suficientes para la dotación de otras instituciones inevitables, que están en el orden del adelantamiento que , en ciencias y artes, debemos dar a nuestros Pueblos.
Fuera de estos deberes, que aún no salen del país del interior independiente, debe asimismo contar con las cargas de la federación, que tal vez excedan en sus erogaciones a los fondos invertidos en aquellas. La dieta del diputado en el Congreso o cuerpo facultativo permanente y la rentas del presidente de este cuerpo, la de sus enviados plenipotenciarios en cortes amigas, las de la Marina las de la fuerza terrestre permanecen que hacen al nervio principal de la Nación, son otros tantos cargos que necesariamente los ha de sobrellevar los distritos federales en proporción a la población y producción de cada una. Bajo estos supuestos, dígame usted si Catamarca se halla en aptitud  de ser un país independiente. No me traiga usted por ejemplo La Rioja y Santiago. Yo estoy persuadido de que estos pueblos en nada menos han calculado que en las cargas que les esperan (..:)
En este supuesto la libertad de los pequeños distritos me parece una farsa. Si nosotros, por evadirnos de la opresión que había declarado hacia los pueblos el anterior gobierno, hemos tratado de poner a las provincias en libertad y adoptar el sistema federal, que vemos a traído tantos progresos a Norteamérica, jamás había sido con el supuesto que nuestras provincias se dislocaran en tal manera, que sus pequeñas partes no viniesen a tener importancia alguna.
Cuando Norteamérica declaró su independencia británica, contaba en sus provincias, no tanto con extensión de tierras yermas, cuando con numerosas poblaciones agricultoras, artísticas y literatas, adelantando en sus producciones en razón del adelantamiento de su población. Aquí por el contrario se  trata cada vez menos.
Este ha sido y es mi concepto, mi amigo, en orden al sistema que he postergado. Por ahora, no hago sino indicar a usted para que adopte de él lo que quiera”.
Bustos plantea entonces la “viabilidad” de ciertas provincias. Por otro lado cuando se refiere al financiamiento de un gobierno nacional, describe un sistema confederal,  recursos que aportaran las provincias proporcionalmente, es el sistema de la confederación que funcionó luego de la independencia de los Estados Unidos antes de la constitución federal y que fracasó por no poder  recaudar las contribuciones de cada estado.
Las razones financieras hicieron que Ibarra, jefe de frontera en Abipones y con intereses ganaderos en la zona no estuviera de acuerdo con la autonomía de Santiago del Estero, pues los fondos para sostener la frontera venían de Tucumán, aunque semanas después de proclamada la autonomía se hiciera elegir gobernador.
Los procesos de división de las intendencias de Córdoba, Tucumán y Cuyo no tienen nada que ver con los conflictos entre provincianos y porteños”.

Los Miniestados

En Buenos Aires y el Litoral, desde Cepeda, se suceden aceleradamente tres hechos, en Buenos Aires el surgimiento de la provincia y luego de un período de anarquía, el establecimiento del orden con Martín Rodríguez, y el surgimiento político de Juan Manuel de Rosas con el respaldo de la campaña El regreso, meses después, de Rivadavia al poder luego de una larga estadía europea, es otro acontecimiento de vastas repercusiones en la década. Rivadavia que había partido monárquico, retorna republicano y estará a cargo del gobierno pues el gobernador suele estar en campaña extendiendo las fronteras provinciales hacia el sur.
La composición de la legislatura de Buenos Aires refleja la caída de la clase política revolucionaria; no están los políticos profesionales, la cámara está integrada por comerciantes y hacendados. Recién luego de la ley de olvido, llegarán a la legislatura porteña políticos profesionales como Manuel Moreno, Vicente López y Planes o Manuel Dorrego.  En 1821 se establece en Buenos Aires el voto universal(12).
En el Litoral Ramírez terminan con el poder de Artigas al que aspira a reemplazar, organiza la República de Entre Ríos, sus planes son ambiciosos, aspira a conquistar el Paraguay, Uruguay y Río Grande, pero es derrotado por Estanislao López. López ha optado por Buenos Aires en lugar de Montevideo.
En las fronteras del sur aparece con fuerza el problema araucano. Los restos de la oficialidad española de Chile invaden las pampas con los araucanos. Al grito de Viva Fernando VII asaltan pueblos de la provincia de Buenos Aires. También aparecen las indiadas en las guerras civiles y el disidente chileno Carreras junto con el proscrito Alvear perturban a la campaña de Buenos Aires con las tribus indias, que participaran  hasta la batalla de la Verde cuando las tropas nacionales derrotan a Mitre, luego de los comicios de 1874.
El gobierno de Pedro Molina en Mendoza planteará al gobierno de Buenos Aires la necesidad de una “campaña nacional contra los indios”, ante los ataques araucanos dirigidos por oficiales españoles(13). Pero el gobierno de Buenos Aires se conforma con avanzar en su jurisdicción, algo que se  reitera con Adolfo Alsina cincuenta años después.
Bustos había llegado al poder en Córdoba luego de la sublevación de Arequito, cuando el ejército del norte se niega a combatir en defensa del Directorio. Toman la misma actitud que San Martín, ratificada por sus oficiales en el acta de Rancagua. Los oficiales comprometidos entre los que están Alejandro Heredia y José María Paz pretenden regresar al frente del norte.
Bustos con el apoyo de personalidades de Córdoba toma el gobierno de la provincia  imponiendo el orden. Alejandro Heredia parte al norte con algunos efectivos para volver a participar en la guerra contra los realistas.
José María Paz luego de un tiempo en Córdoba se instala en Santiago del Estero, donde gobierna Ibarra.
En los llanos de la Rioja surge la figura de Facundo Quiroga. Hijo de un comerciante y hacendado sanjuanino, primo del padre de Sarmiento, Facundo colaboró con su padre en sus negocios que lo llevaron en varias ocasiones a Chile. Los Llanos era de colonización más reciente y más próspera que la zona tradicional de los valles precordilleranos. El establecimiento de los Quiroga estaba en la ruta que Cuyo al Alto Perú que también utilizaban los chilenos para comerciar con aquél mercado(14).
Facundo controlará las provincias andinas y luego logrará imponerse en el norte. Tendrá buena relación con Bustos e Ibarra.
A partir de 1820 las provincias se van dando instituciones, redactan constituciones y reglamentos provisorios, establecen pactos con promesas de futura constitución de un gobierno nacional, toman contacto con países limítrofes y con Bolívar como Bustos e Ibarra, del que obtienen fondos que no llegan por ser interceptados en Salta(15).
 Está pendiente la finalización de la guerra de la independencia y el problema de la Banda Oriental, donde el flamante Imperio del Brasil la ha anexado como provincia y lograr el  reconocimiento internacional, sobre todo el de Inglaterra que es la clave por su poder naval para impedir el envío de fuerzas militares desde la península. Precisamente en 1820 se produce la revolución liberal española, en la que se sublevaba el ejército de veinte mil soldados destinados a la invasión del Río de la Plata.
La monarquía constitucional  que, por poco tiempo regirá en España, tratará de negociar con nuestros países(16).
El gobernador de Santa Fe propone a los gobernadores formar un ejército para liberar al Uruguay, salvo en Mendoza no encuentra respaldo en ninguna provincia, ni siquiera en Entre Ríos donde el nuevo gobernador el general Lucio Mansilla no quiere arriesgarse a un conflicto con los portugueses y luego con los brasileños.
El gobernador Bustos plantea la formación de otro ejército del norte para colaborar con la campaña de San Martín en el Perú. Tampoco obtiene respaldo de nadie y menos en Buenos Aires donde se busca el reconocimiento de la independencia con negociaciones con el nuevo gobierno liberal español. Sin los recursos de Buenos Aires es imposible formar una fuerza de línea para invadir el Alto Perú. Solamente parte Alejandro Heredia para Salta con algunos efectivos que facilitan Bustos y Tucumán.
Hay un hartazgo de guerra, las economías están destruidas. Buenos Aires inicia una etapa de reformas y modernización formando una administración eficiente  poniendo orden en las cuentas. Se baja drásticamente el presupuesto militar, con los fondos liberados se financian diversas iniciativas. Se quiere evitar conflictos exteriores, la provincia cuenta para si misma con los recursos aduaneros.
Este sistema de miniestados que se financian con derechos de paso y aduanas interiores trae complicaciones a las economías provinciales.
Las plantea claramente el gobernador de Mendoza Pedro Molina por carta al gobierno de Buenos Aires  y enviando después a su ministro Tomás Godoy Cruz, pues los productos de la provincia además de las altas tarifas de transporte debían pagar impuestos en San Luis, Córdoba, Santa Fe  Buenos Aires, no pudiendo competir con los vinos europeos en precio(17).
El transporte y las tarifas aduaneras interiores serán un obstáculo en el desenvolvimiento económico de las provincias mediterráneas para colocar sus producciones en el mercado porteño y en el exterior. Por otro lado hará de barrera para ciertas importaciones que con la llegada del ferrocarril, medio siglo después,  barrerán con las primitivas industrias locales. Pero el ferrocarril dio viabilidad a las economías regionales.
En Buenos Aires surgen problemas con las reformas eclesiásticas del gobierno de Martín Rodríguez. La radicación de extranjeros, sobre todo ingleses y escoceses y el tratado de reconocimiento de la independencia por parte de Gran Bretaña, llevaron a autorizar la apertura de templos protestantes como asimismo de un cementerio de disidentes. Los testimonios de viajeros y comerciantes ingleses de la época describen una sociedad tolerante con otras iglesias cristianas (18). Las reformas secularizando conventos y fijando normas disciplinarias eran necesarias.
En las provincias andinas el problema  fue de mayor repercusión, Salvador María del Carril, joven gobernador de San Juan en la Carta de Mayo, aprueba la libertad de cultos, aunque en la provincia solamente había un protestante.   .
Esta decisión, provocó una reacción que movilizó a las poblaciones de las campañas de las provincias andinas. Emerge así la figura de Facundo Quiroga con su lema “Religión o Muerte”.
Para el pueblo la cuestión de las formas de gobierno eran abstracciones, los conceptos de unitarios o federales no les decían mucho, pero los sentimientos religiosos estaban muy adentro de la cultura de estas poblaciones, eran con la lengua la herencia de la conquista y la colonización hispana.
Quiroga tiene un consejero intelectual, el clérigo Pedro Castro Barros, unitario, pero que saldrá a predicar por todos los pueblos  parajes de Cuyo, el Norte y Córdoba contra los herejes. Federal pasa a ser sinónimo de hombre de fe, unitario de hereje en la percepción de los pueblos.
Por eso Quiroga dirá en su correspondencia, “Soy unitario por convicción, pero sigo la opinión de los pueblos”.
Facundo tiene otro motivo de enfrentamiento con Rivadavia que ha regresado al país de un nuevo viaje a Gran Bretaña por las minas de plata de Famatina. Se esperaba que ese cerro riojano fuera otro Potosí, una sociedad provincial lo explotaba y acuñaba moneda. Rivadavia lo concede a una empresa inglesa pero Quiroga, a su vez, le hace otorgar la concesión a un consorcio que integra con Braulio Costa y la Barings Brothers. Es una controversia de actualidad, porque Rivadavia para otorgar la concesión en la ley de creación de la presidencia nacionaliza las minas, temas jurisdiccionales que resuelve la reforma constitucional de 1994 y ahora el gobierno nacional pretende modificar por ley. La historia y la política se mezclan.
Su amigo uruguayo Santiago Vázquez, uno de los convencionales del Congreso que sanciona la constitución de 1826 había obtenido de  Rivadavia el nombramiento de Quiroga como general del ejército nacional.
Los despachos correspondientes le llegaron con el texto constitucional aprobado, que devuelve sin abrir. Años después, en Buenos Aires, no oculta su arrepentimiento por no haber aceptado la designación participando de la guerra con el Brasil y la propia constitución.
Es que consultadas las provincias sobre el régimen a adoptar La Rioja, donde nada se decidía sin consultar a Quiroga se pronuncia junto a Tucumán, Salta y Jujuy, aún parte de Salta por el unitarismo.
Las provincias de Catamarca, San Luis, Corrientes, la Banda Oriental y Tarija por lo que decida el Congreso. Buenos Aires y Misiones no se pronuncian.
Las provincias que se pronuncian a favor del unitarismo hacen la salvedad que quieren “conservar sus instituciones”.

El Congreso de 1824

A pesar de las opiniones de las provincias diputados de provincias de tendencia unitaria se inclinaban por el Federalismo como el caso de Alejandro Heredia representante por Tucumán o por el contrario votaron por el unitarismo diputados santiagueños como Félix Frías o Antonio Taboada.
La creación de la presidencia y la designación de Bernardino Rivadavia no es aceptada en el interior- La división de la provincia de Buenos Aires, declarando capital una extensión que comprendía una superficie similar al área metropolitana de Buenos Aires y la formación con el resto del territorio, de dos nuevas provincias, apartó del partido del orden a Juan Manuel de Rosas. La implantación del voto calificado en  la nueva constitución, provocó la reacción del referente partido popular, el coronel Manuel Dorrego.
Para complicar más el panorama Aráoz de Lamadrid, enviado a reclutar tropas en el norte para el ejército nacional destinado a la guerra contra el Brasil, derrocó al gobierno de Tucumán e invadió Catamarca, provocando enfrentamientos que ganó Quiroga y lo convirtió en el jefe del Norte y de Cuyo. Lamadrid trató de acordar con el caudillo riojano planteando la unidad de norteños y cuyanos contra porteños.
Los acontecimientos de la guerra con el Brasil, la crisis provocada por el bloqueo naval que agotó los recursos, la falta de cooperación de las provincias en la guerra con la excepción de Salta que envió un fuerte contingente al mando de José María Paz y fuerzas santafesinas y entrerrianas derrumbaron la presidencia. Buenos Aires recuperó su autonomía y se planteó la reunión de una Convención en Santa Fe para organizar el país sobre la base del federalismo.
El derrocamiento y fusilamiento de Dorrego encenderá nuevamente la guerra civil. Quiroga le escribe a Paz cuando éste con una parte del ejército nacional que ha combatido en el Brasil, derrota a Bustos y asume el poder en Córdoba: “Tendremos que pelear una vez de manera que uno de los partidos quede derrotado para siempre así terminamos con las peleas permanentes”. Algo parecido opina San Martín en carta a su amigo Tomás Guido. La muerte de Dorrego le deja abierto el camino al poder a Juan Manuel de Rosas.
En los enfrentamientos entre unitarios y federales las luchas fueron muy cruentas y ambos bandos ejecutaron actos de salvajismo, degollando, fusilando y saqueando. También hubo actos de caballerosidad como Pancho Ramírez retrocediendo para salvar a su compañera, la Delfina o Manuel Taboada invitando al coronel Manuel Lobo a combate singular, para salvar las vidas de las tropas en el combate de las Tacanitas al que mata, en una escena propia del romance antiguo.
En los dos partidos hubo personas con educación y en la mayor parte de los casos eran del mismo origen social. Los parientes de Sarmiento, los Oro, eran federales. Bustos fue al Colegio de Monserrat y no ingresó  a la Universidad por su incorporación al ejército. Heredia era doctor en ambos derechos y también era graduado en Córdoba Pascual Echagüe. Estanislao López inició su carrera como soldado raso pero en su gobierno además de Echagüe contaba con el doctor Seguí, padre del colaborador de Urquiza, el doctor Crespo y otros. No era el caso de Ibarra, que sólo concurrió un año al Colegio de Monserrat y nunca mostró inclinación por los estudios, no fundó ninguna escuela en treinta años de gobierno y no mandó a ningún joven a estudiar en Buenos Aires o en la Concepción del Uruguay con las becas del gobierno de Buenos Aires y de Urquiza respectivamente.

Buenos Aires promueve la Confederación

El general Paz tiene problemas en su provincia, las poblaciones no le son afectas y Bustos ha buscado refugio en la Rioja. Dos grandes batallas y dos terminantes derrotas de Facundo Quiroga frente a un general que había ganado sus ascensos en las guerras de la independencia y del Brasil..
Antes de la Tablada Paz le propuso un acuerdo a Quiroga, era la unión de las provincias mediterráneas para enfrentar las pretensiones de Buenos Aires de hegemonía, como Lamadrid, lo había planteado años antes.
La mayor parte de las élites locales se amoldan a la nueva situación. Es llamativo sobre todo en el norte como las personas más educadas serán ministros o legisladores tanta en gobiernos federales como unitarios.
Pero Paz tiene dificultades en el control de la ruralidad y también sufre la escasez de recursos y la falta de acceso al atlántico.
Buenos Aires con Santa Fe, Entre Ríos y Corrientes firman el pacto federal; ha reconstituido de hecho la vieja gobernación intendencia apoyada en su ejército y en sus recursos y ha decidido no compartirlos con nadie, con el argumento que se encarga de las relaciones exteriores.
La caída de Paz trae a la órbita del litoral a Córdoba, pues los Reynafé responden a Estanislao López, esto debilita a  Quiroga que recupera el control del norte y de Cuyo.
Con su triunfo en la batalla de la Ciudadela, en Tucumán nuevamente sobre Aráoz de Lamadrid, queda vencido el partido unitario. Sin embargo el país no se da instituciones federales. Quiroga las reclama pero con su muerte el interior profundo pierde fuerza. 
 Cuando Facundo emprende el regreso desde el norte en el viaje donde encuentra la muerte logra que se firme el pacto de Santiago del Estero, donde el norte se pronuncia por la organización institucional, es la respuesta a la carta de la Hacienda de Figueroa en la que Rosas difiere toda idea constitucional, posición que mantendrá en su largo exilio como lo ratifica en su correspondencia con palabras despectivas hacia los mismos gobernantes que el mismo sostuvo en las provincias, no muy diferentes a la de otros porteños años después ante los presidentes oriundos del interior.
La muerte de Quiroga trae como consecuencia el retorno de Rosas al poder y el nombramiento en Córdoba de un gobernador adicto. Cada vez más intervendrá el gobernador de Buenos Aires en la elección de los gobernadores. López está enfermo y muere en 1838. Alejandro Heredia es asesinado poco después y se derrumba su construcción norteña, pues también había restablecido en parte la vieja intendencia de Tucumán como Protector del Norte, reconocido por Catamarca, Salta y Jujuy, además de su provincia natal. Ibarra, el único de los caudillos de 1820, que sobrevive en el poder hasta su muerte en 1850 a partir de las muertes de Quiroga y Heredia, se someterá totalmente a Rosas.
Rosas cuyo prestigio crece en Buenos Aires con su campaña al desierto, que expande las fronteras bonaerenses pero no concluye con el problema de las fronteras interiores, al punto que el  camino a Mendoza se alarga en más de trescientos kilómetros con relación a 1810 por los ataques de las tribus araucanas que se asientan en el desierto, con la venia del gobernador, basa su poder en su popularidad en el pueblo de la provincia, la adhesión de las clases productoras y mercantiles que quieren orden, en el monopolio portuario y un fuerte ejército. Otro elemento importante es el estado de guerra permanente que utiliza para generar adhesión local y nacional.
Es el tiempo de la confederación, curiosa pues no es igualitaria. Los recursos de la aduana de Buenos Aires benefician exclusivamente a la provincia pero agrega el monopolio, prohibiendo a las provincias ribereñas del Paraná y el Uruguay comerciar con el exterior.
Los intereses del litoral coinciden por los porteños en cuanto a una estructura económica vinculada a los mercados mundiales con la exportación de productos ganaderos, cueros y tasajo, y abierta a la importación de manufacturas que mejoran el nivel de vida de la población por el abaratamiento que produce la revolución industrial.
Las provincias mediterráneas vegetan en economías de subsistencia, los fletes y las aduanas interiores impiden la conversión de sus actividades artesanales en industrias. El azúcar tucumano abastece a su provincia, el vino cuyano disminuye su producción y Mendoza tendrá como actividad principal la venta de ganado en pie a Chile.
La ley de aduanas de Buenos Aires presentada como un programa de promoción industrial no tenía efecto en el interior y en Buenos Aires duró poco tiempo por los reclamos de  Gran Bretaña. Buenos Aires tenía problemas de escasez de mano de obra, por lo tanto en el primer gobierno y luego en el segundo Rosas reimplanta el tráfico de esclavos pero retrocede ante las presiones inglesas( 19).

Rosas, Conflictos civiles y exteriores

 El enfrentamiento con el mariscal Santa Cruz, que ha organizado la Confederación Peruano Boliviana, reconstruyendo así, el virreinato peruano en los límites anteriores a 1776 es el primer conflicto externo pero vinculado a la política interna de Rosas.
Chile preocupado por el equilibrio regional negocia con Rosas una Alianza. Por su parte el gobernador porteño ve en la Confederación una base para los unitarios del norte exiliados en esas tierras pero sobre todo una oportunidad para fortalecer su poder interno. Por lo tanto incita y promueve la guerra con promesas al norte de recuperar hasta Potosí, pero no envía tropas, su aporte son unos pocos pesos y algún armamento.
En el noroeste había ambiente para anexar algunos territorios bolivianos, pues algunos dirigentes veían en el acceso a sus riquezas mineras, la posibilidad de equilibrar el poder de Buenos Aires, riesgo que también advertían políticos porteños como Tomás de Anchorena, que estando en Potosí ante la retirada del ejército del norte luego de las derrotas de Vilcapugio y Ayohuma, reclama la destrucción de sus minas,  porque esa riqueza puede servir para enfrentar a Buenos Aires, según relata en sus memorias, el general Paz(20).
Alejandro Heredia asume el comando de las fuerzas del norte que enfrentan a los soldados de Santa Cruz, comandados en el frente argentino por un general de origen alemán. Se logran éxitos en la Puna de Atacama pero una severa derrota en las cercanías de Tarija, impiden tomar la ciudad y provocan el repliegue de las fuerzas tucumanas. No se cuenta con recursos y la guerra se gana por las victorias chilenas siendo la batalla de Yungay la decisiva. Rosas al no reclamar la devolución de Tarija contraría los deseos del norte; el clima para la formación de la coalición del norte se acentúa.
Una serie de acontecimientos se enlazan entre conflictos civiles y exteriores y dentro de los exteriores debemos distinguir los suscitados con países limítrofes donde las nacionalidades distintivas, salvo en Chile aún no se han  consolidado con los problemas con las potencias europeas.
En los años que transcurren desde el retorno de Rosas al poder y Caseros se confunden unitarios y federales.
Los gobernadores del norte, de origen federal, junto con unitarioa enfrentarán a Rosas, lugartenientes de Quiroga como Peñaloza, formarán parte de los ejércitos unitarios como en San Luis los hermanos Saá y en Catamarca Felipe Varela, En el Uruguay conviven los sobrevivientes del unitarismo, con los lomos negros del federalismo y lo mismo sucede en Chile donde la Comisión Argentina la preside el General Las Heras, exiliado desde la supresión de la autonomía de la provincia de Buenos Aires, por la Ley de creación de la presidencia que encumbra a Rivadavia,
Los conflictos de otros países se mezclan con los nuestros. Así los enfrentamientos entre Blancos y Colorados en el Uruguay se interrelacionan con los de unitarios y federales donde no faltan viejos proyectos de nuevos estados. Es el caso de Fructuoso Rivera que sueña con una República integrada por la Mesopotamia, Río Grande y el Uruguay, que fue también una aspiración de Pancho Ramírez y tentación de Urquiza así como después de Caseros se planteó la República del Plata, integrada por Buenos Aires y el Uruguay, promovida por Valentín Alsina y Mitre.
Los generales uruguayos Oribe y Garzón encabezaran las fuerzas de Rosas  que operan contra Lavalle y la coalición del Norte. A sangre y  fuego se reprimió y el botín obtenido le posibilitó a Oribe financiar el ejército que sitió Montevideo por nueve años  con el aporte de ocho mil soldados argentinos(21).
El otro problema era el Paraguay, muerto Gaspar de Francia, el nuevo gobierno pretende romper su aislamiento y sugiere una posibilidad de confederación con las provincias argentinas, pero Rosas quiere que se convierte en una provincia más y le enumera en una carta a Carlos López las ventajas del monopolio portuario de Buenos Aires, que evitará la llegada de extranjeros y sobre todo de protestantes a esa región, algo que sufren los porteños que tiene que tolerar la apertura de templos de otra religión. Para intentar romper el aislamiento el Paraguay busca alianzas con Corrientes y por otro lado se abre al Brasil que reconoce su independencia.
El viaje por tierra desde Río de Janeiro al Matto Grosso insumía casi un año. Por eso al Brasil le era indispensable la comunicación con  esos territorios por el Paraná y el Paraguay.
Los conflictos con potencias europeas nunca llegaron a la ruptura de relaciones. En el caso de Francia ese reino pretendía el mismo trato para su comercio y los residentes de ese origen que el obtenido por los ingleses.
En el conflicto de la Vuelta de Obligado hubo errores de cálculo de los comerciantes ingleses que creyeron en una mayor capacidad de compra de las poblaciones ribereñas. Rosas, con el conflicto externo, logró adhesión popular y el reconocimiento regional de un defensor de  la independencia sudamericana.
El bloqueo posibilitó a la provincia de Entre Ríos comerciar con el exterior por intermedio de Montevideo, donde transbordaban los pequeños barcos fluviales a los que llevarían los productos al exterior. Esto generó prosperidad en la provincia y un importante superávit en las finanzas del gobierno. Esto en medio de las protestas de Buenos Aires, concluido el bloque anglo francés Rosas impuso la prohibición de ese comercio.
Urquiza ya no tuvo dudas que tenía dos caminos, la  construcción de un nuevo estado o desplazar a Rosas del poder para terminar con el monopolio portuario.
La Confederación era en definitiva una estructura al servicio de los intereses de Buenos Aires, que con el pretexto de los conflictos externos, que el mismo gobierno porteño provocaba, invocaba los gastos militares y el del servicio exterior para quedarse con las rentas aduaneras, mandando a veces algunos escasos pesos a las provincias, y en la mayoría de los casos algunos miles de cabezas de vacunos que, eso si, sobraban en las llanuras bonaerenses. Seis mil pesos para Santiago del Estero fueron reemplazados por ocho mil vacunos para “repartir entre los buenos federales” siempre que el gobierno de Ibarra se encargara del arreo, ante la imposibilidad luego de tres años mandó los seis mil  pesos(22).
De los conflictos de los años veinte Rosas machacaba con la federación y la religión, Viva la Santa Federación, Mueran los Salvajes e Impíos Unitarios era el lema, “santa” e “impíos” fueron palabras claves, a pesar que no tuvo problemas en echar a los jesuitas, que habían regresado con la rehabilitación de la orden, por negarse a colocar su retrato en la iglesia.

Los intelectuales de la organización del país

Serán dos hombres de la Argentina profunda, de las provincias mediterráneas, un tucumano y un cuyano los pensadores más importantes no sólo de la Argentina sino del mundo hispano del siglo XIX, Alberdi y Sarmiento. Uno tiene estudios formales, ha pasado por la universidad, el otro es un autodidacta, ha sido víctima de los acomodos, que impidieron que su ingreso al Colegio de Ciencias Morales.
Alberdi es de la familia Aráoz la más importante del Tucumán de las primeras décadas de la independencia. Sarmiento tiene ascendencia de los conquistadores pero  de esas familias venidas a menos, en una provincia empobrecida. Los dos conocen el mundo, uno rehúye la acción, el otro une pensamiento y acción.
Sarmiento ha estado en la batalla del Pilar, en las cercanías de la plaza de Godoy Cruz, en la que pierde la vida Narciso de Laprida, “cuya voz proclamó la independencia tal vez en busca de su destino sudamericano” como escribiera Jorge Luis Borges en su poema conjetural. Su parentesco con los Oro, sobre todo con Domingo, un intelectual federal, le ha salvado la vida en varias ocasiones logrando calmar al mismo Facundo, su primo lejano, que en visita a Doña Paula le advierte que lo fusilará.
Eran tiempos violentos y debemos reiterar que hubo salvajismo y rapiña por parte de los  dos bandos porque como escribiera en el “Juicio del Siglo Joaquín V. González “En el siglo pasado imperó la ley del odio”, un mal que no ha desaparecido del todo.
Sarmiento escribe en 1850 Argiropolis, del que se recuerda la propuesta para ubicar la capital de la confederación con el Paraguay y el Uruguay en Martín García pero se destaca menos la idea de confederar a los estados del plata, destinada a evitar conflictos y los derroches de vidas y recursos, como sucedió con las  guerras civiles que se prolongaron después de Caseros y la guerra con el Paraguay.
Sarmiento da por muerto al partido unitario, ya no piensa en el general Paz como el hombre que logrará la derrota de Rosas y la organización nacional y antes del pronunciamiento anuncia que    la figura es Urquiza.
Sarmiento desmenuza los enormes gastos en dinero y sangre de los conflictos y lo contrapone con los temas no resueltos “ocho mil soldados argentinos sitian Montevideo infructuosamente desde hace ocho años, dice, que podían haber terminado sometiendo a los indios y llevar la civilización hasta el estrecho de Magallanes y ocupar el Chaco”.
Alberdi advierte que Rosas  logra lo que no pudo Rivadavia,  someter a las provincias al control de Buenos Aires y escribe las Bases y Puntos de Partida para la Organización Nacional que incluye un proyecto de constitución que envía a Urquiza. Menos conocido, pero a mi juicio más importante es “El sistema Económico y Rentístico de la Confederación Argentina”.
Ambos pensadores coinciden en buscar una conciliación entre las autonomías provinciales y la formación de un poder nacional fuerte capaz de encarrilar al país en la senda del progreso. Educación popular, inmigración, ferrocarriles, unión aduanera suprimiendo las aduanas interiores, la navegación de los ríos, todo un programa para terminar con la pobreza del interior.
La actitud ante Urquiza luego del triunfo de Caseros genera entre estos dos personajes, nacidos con la patria, la más formidable polémica del siglo XIX ante la defensa del entrerriano por parte de Alberdi y los temores de Sarmiento del encumbramiento de un nuevo Rosas. Al que se agrega la discusión sobre las prioridades educativas, uno por la calidad de los colegios secundarios y la universidad y el sanjuanino por la primaria, “Leer, abogado Alberdi, eso hace falta, un minero de Copiapó gana 14 pesos, pero el mismo obrero inglés cuarenta porque saber leer, para arar la tierra hay que saber leer”. Polémica profunda pero sin ahorrar epítetos, agravios e insultos.

Caseros

La batalla de Caseros fue breve. Rosas no intentó  atacar Entre Ríos, cuando Urquiza, marchó contra los sitiadores de Montevideo, ni hostigó al ejército grande, en su avance hacia Buenos Aires.
Urquiza fue un gran político, además de tener condiciones militares que le reconocía el general Paz y una gran capacidad para los negocios.
Urquiza no se pone al servicio de los viejos unitarios, algunos de los cuales como se dijo de los Borbones “no habían olvidado ni aprendido nada en el exilio”. El  caudillo entrerriano busca la conciliación de los argentinos y por eso promueve el acuerdo de San Nicolás con los gobernadores de Rosas para convenir la organización del país y de inmediato hacerse cargo de los asuntos de la confederación.
El problema es que Buenos Aires no renuncia a la Aduana y organizar al país, en función de sus intereses. Poco después de Caseros el abrazo en el Teatro Coliseo entre Lorenzo Torres, político rosista y el unitario Valentín Alsina, sella la unidad porteña en  torno a sus intereses localistas. El 11 de septiembre derrocan al general Galán, gobernador que sucedió a Vicente López y Planes y la ciudad es sitiada.
Buenos Aires forma su “guardia nacional”, será la base de su poder militar hasta la federalización y la disolución de las milicias provinciales. Es una fuerza urbana que se libra del poder de la campaña, los gauchos sólo son reclutados para dispersarlos en los fortines. Alcanza tal prestigio que será imposible por largo tiempo hacer política, en la ciudad de Buenos Aires sin pertenecer a “la guardia”.
Las 13 provincias, denominadas calificadas como los trece ranchos, aprueban la Constitución en 1853 y al año siguiente Justo José de Urquiza asume la presidencia en Paraná, capital provisional. Un grupo importante de porteños de gran valía intelectual viaja a esa ciudad a colaborar con el estadista entrerriano, serán conocidos como los “Hombres del Paraná”,
Allí en Entre Ríos, gracias al impulso y la generosidad de Urquiza, se funda el Colegio de Concepción del Uruguay, del que saldrá la generación del ochenta.
La Constitución de 1853 sigue la inspiración de la estadounidense, pero no es una mera copia y desde 1820 se planteaba ese modelo como lo vimos en la carta de Bustos o en la proclama de autonomía de los representantes de Santiago del Estero que aspiran a una federación como la estadounidense y Quiroga que le ofrece pagarle los estudios al joven Alberdi, siempre que los haga en los Estados Unidos pues de ahí debemos aprender en vez de Europa, anticipando la opinión de Sarmiento cuando llega a la América del Norte y comprende que la libertad y la igualdad no está en Francia sino en la democracia norteamericana. Sarmiento, Alberdi y Benjamín Gorostiaga uno de los redactores de la constitución junto con Seguí, tenían en claro la evolución de la constitución de la democracia del norte, no sólo el texto sino su interpretación a través de los fallos de los jueces Marshall y Story como las ideas de Hamilton,  Madison  y Jay en El Federalista, de Jefferson y por supuesto la realidad argentina, por eso terminan con la confiscación de los bienes, el destierro o aseguran el principio que la libertad de prensa es un derecho indelegable del pueblo que no puede ser legislado.
Al principio de la exposición planteaba las  diferencias con los Estados Unidos y una importante fue que las discrepancias no llevaban al odio, incluso los intentos de secesionistas como el de la Confederación de la Nueva Inglaterra en 1812 o los proyectos de formar un estado con la Luisiana, territorios del Oeste y México. Sólo en la guerra civil de 1861 habrá odio.
En Cepeda, vence Urquiza al Estado de Buenos Aires, se accede a una revisión de la constitución por parte de los porteños con reformas que se incorporan en la Convención de 1860. Sin embargo el gobierno de la provincia demora el tema de la Aduana ofreciendo un subsidio de 750 mil pesos a la Nación de los ingresos aduaneros. A este problema clave se agrega la violencia desatada en San Juan,  provocando otro conflicto que culmina en la Batalla de Pavón.
Urquiza se retira del campo de combate luego de batir a la caballería de Buenos Aires. Ha tenido problemas con su sucesor el cordobés Derqui.(23)   .
Urquiza se retira a Entre Ríos, después de todo, los intereses del litoral son los mismos que los de Buenos Aires y la libre navegación de los Ríos ha eliminado el conflicto entre estas provincias. El ferrocarril de Córdoba a Rosario que se iniciará poco después ya en la presidencia de Mitre acerca a Córdoba a esta región, la Córdoba de las estancias serranas y los cultivos por regadío es sustituida por la expansión de sus fronteras y la mejora del transporte, por la que produce cereales y ganado de calidad exportable.
Es en las regiones más pobres y atrasadas del país mediterráneo donde se resiste a la nueva situación, con las rebeliones de Peñaloza, primero y Felipe Varela después, siempre esperando que Urquiza se rebele como si este hombre que organizó el país e inició el camino del progreso y que buscó desde Caseros la paz y la unidad nacional pueda contradecir su obra.
Urquiza sacrifica su liderazgo, su protagonismo legítimo cuidando su obra pues sabe  bien, como lo sufrió con la escasez de recursos de la Confederación, que sin Buenos Aires es imposible construir un gran país. Por eso resistirá en los años posteriores a Pavón todas las  tentaciones para sublevarse o para organizar un nuevo estado sobre la base de la Mesopotamia.
Poco antes de su asesinato se reconcilia con Sarmiento. Su actitud con Rosas, al que le restituye los bienes confiscados con un decreto que muestra su respeto por los derechos individuales es generosa, pues cuando la provincia segregada le vuelve a confiscar las propiedades al ex gobernador le remite una fuerte suma de dinero. A partir de ahí estos dos hombres que solamente se vieron una vez en 1838 establecen una correspondencia amistosa al punto que Rosas creyó que Urquiza tal vez tendría que exiliarse y pasarían su vejez juntos(24).
Esas actitudes le costará la vida, algo que presentía como lo escribe en un carta.
Vencido Ángel Vicente Peñaloza, asesinado por las tropas nacionales con la guerra del Paraguay surgirán nuevos conflictos como la revolución cuyana de los colorados y el levantamiento de Felipe Varela. Para sofocarlo hubo que traer tropas del Paraguay y para fines de 1867 con la muerte de Marcos Paz, el propio Mitre debe abandonar su comando en el Paraguay para ejercer la presidencia.
En Cuyo las fuerzas nacionales derrotan en San Ignacio a los hermanos Sáa de San Luis. Pocos días después Antonino Taboada con tropas santiagueñas inflige una derrota decisiva a Felipe Varela en Pozo de Vargas. La unidad nacional es salvada y con ello un proyecto de país que busca el progreso. En las fuerzas de Varela hubo una fuerte presencia de efectivos chilenos. Precisamente estos hechos prolongaron la guerra externa pues Solano López tenía esperanzas en el triunfo de los caudillos y en las ofertas bolivianas de mandarle 100 mil soldados, anuncios que no pasaron de las palabras. Con los Taboada Santiago del Estero tuvo protagonismo en el norte pues su influencia llegó a la política de Tucumán, la Rioja y de Catamarca, algo que no sucedió con Ibarra, que siempre estaba de segundón(25).
Esas rebeliones como las de López Jordán no tenían viabilidad. En los campos de batalla del Paraguay se forja el ejército nacional que se pone al servicio de los intereses nacionales y respeta las instituciones; por otra parte el acelerado crecimiento económico, el ferrocarril y el telégrafo y los nuevos armamentos cambian las relaciones de fuerza tanto en los conflictos civiles como en la expansión del territorio nacional ocupando los espacios vacíos triplicando así la superficie ocupada efectivamente del territorio nacional.
Mitre ha quedado al frente de la Nación, pero Sarmiento no es  su continuador político, no fue su candidato y por cierto  menos Avellaneda, cuyo triunfo no aceptó como tampoco aceptó el de Roca pues sus partidarios decían que “doce mulatillos del interior”, en referencia a los gobernadores que Avellaneda organizó como parte del partido nacional, que se convirtió en el Autonomista Nacional, con la incorporación de Adolfo Alsina al mismo.
La culminación del proceso es la federalización de Buenos Aires que fortalece el poder nacional por el de Buenos Aires. Es la obra de Avellaneda y Roca, respaldada por las provincias y los porteños más lúcidos. Las viejas disputas son un anacronismo y un generación es reemplazada.
Roca produce la síntesis superadora, lo apoyan viejos urquicistas, los sobrevivientes de la revolución de los colorados, rosistas como Bernardo de Irigoyen o un viejo unitario como su vicepresidente Madero.
Tres mil muertos es el costo de la federalización de Buenos Aires, entre ellos muchos soldados cordobeses y santiagueños.
“Ya que lo quieren así sellaremos con sangre y  fundiremos con el sable, de una vez para siempre, esta nacionalidad argentina que tiene que formarse como las pirámides de Egipto y el poder de los Imperios a costa de la sangre y el sudor de muchas generaciones. Es posible que esté reservada a la nuestra el último esfuerzo y la coronación del edificio” escribe Roca en carta a Dardo Rocha, uno de los porteños que lo apoyan. En otra carta a Rocha, triunfante en los comicios pero dispuesto a renunciar a su candidatura a favor de  Sarmiento si este se compromete a federalizar Buenos Aires  le dice: “Sarmiento me parece que no se ha de resistir a la gloria de fundar la capital del imperio argentino haciendo una ciudad modelo en América del Sur”(26)
Así con grandeza, con confianza en el porvenir comenzaba la nueva generación, dejando atrás los enfrentamientos del pasado la generación del ochenta, hijos todos de la adversidad, educados en su mayor parte en el colegio de la Concepción del Uruguay. Fue un genuino patriciado que fundó el estado argentino.

Notas:

1)      Samuel Eliot Morrison, Henry Slule Conmmiger, Williams E. Lencltenburg
   “Historia de los Estados Unidos”  Fondo de Cultura Económica – 1974
2)      Laurentino Gomez “ 1808” Planeta ( Brasil) 2008
3)      Tulio Halperín Donghi “ Revolución y Guerra, Formación de una Elite Dirigente
  En la Argentina Criolla”  Siglo XXI 2004
4)      Carlos Mayo “Estancia y Sociedad en la Pampa. 1740 – 1820” Biblos – 2006
5)      Tulio Halperin Donghi, idem
6)      Jorge Abelardo Ramos “ Las Masas y las Lanzas” Ed Continente- 2011
7)      Prudencio Bustos Argañaraz “ El Gobernador Bustos  y su Lucha por la Constitución” Edición de autor-2000
8)      Gabriel Di Meglio “Historia de las Clases Populares Argentinas” Sudamericana - 2009
9)      Tulio Halperin Donghi idem
         Isidoro Ruiz Moreno “ Campañas Militares Argentinas”  
10)  Daniel Larriqueta “La Argentina Renegada”  Sudamericana – 2008
11)   Prudencio Bustos Argañaraz  iden
12)   Daniel Larriqueta “la Argentina Imperial”  Sudamericana -2008
13)     
14)   Silvestre Peña y Lillo “Facundo Quiroga en Cuyo”  Peña y Lillo- 1981
15)   Carlos Escudé- Cisneros “Historia de las Relaciones Internacionales de la Argentina” Cari 2002
16)            
17)   Cartas del gobernador de Mendoza Pedro Molina a Martín Rodríguez y a Rivadavia y misión de Godoy Cruz a BsAs en “Facundo Quiroga en Cuyo”
18)   George Thomas Love “Cinco Años en Buenos Aires 1820 /1825”  Ed Claridad 2014
19)   Gabriel Di Megio “Mueran los Salvajes Unitarios, la Mazorca en Tiempos de Rosas”  Sudamericana 2010
20)   General José María Paz “ Memorias del General Paz”
21)   Domingo Faustino Sarmiento “Argirópolis” Emece- 2010
22)   Luis Alem “Historia de Santiago del Estero”  Plus Ultra. 1992
23)  Daniel Larriqueta  “Gracias A Pavón” Sudarmericana /  Thomas Whigham “La Guerra de la Triple Alianza”  volumen 1 Taurus  2010
24)  Julio Irazusta  “ Vida Política de Juan Manuel de Rosas  a Través de su Correspondencia” Jorge Llopis 1975
25)   Roberto Azaretto  Conferencia en el Instituto Urquiza “Los Taboada y  Urquiza”
26)   Carta de Julio Roca a Dardo Rocha incluída en Jorge Abelardo Ramos “ Del Patriciado a la Oligarquía”  Peña y Lillo -  Ediciones Contiente  2013


      Bibliografía:

Carlos Mayo     “Estado y Sociedad en la Pampa”   Biblos 2004
Raul Fradkin – Juan Carlos Garavaglia  “El Río de la Plata entre los Siglos XVI y  
XIX”   Siglo XXI 2009
Silvestre Peña y Lillo   “Juan Facundo Quiroga en Cuyo”  Edición Peña y Lillo
1981
Raúl Fradkin- Juan Carlos Garavaglia  “ En Busca de un Tiempo Perdido, La
Economía de Buenos Aires  en el País de la Abundancia”  Prometeo 2004
General José María Paz “Memorias del General Paz)  Ediciones    1968
Daniel Larriqueta “ La Argentina Imperial “ Sudamericana 2004
Daniel Larriqueta   “La Argentina Renegada” Sudamericana 2004
Tulio Halperín Donghi “Revolución y Guerra, Formación de una Elite Dirigente
En la Argentina Criolla”   Silo XXI 2000
Tulio Halperín Donghi “ Proyecto y Construcción de una Nación” Emece 2007
Leandro Losada “Historia de las Elites en la Argentina”  Sudamericana 2009
José Carlos Chiaramonte “Los Usos Políticos de la Historia,
      Tulio Halperin Donghi “ El Revisionismo Histórico Argentino Como Visión
      Decadentista de la Historia Nacional” Siglo XXI  2005
      Tulio Halperín Donghi  “Hernández y Sus Mundos” Sudamericana – Instituto
      Di Tella
      Tulio Halperín Donghi “ De la Revolución de la Emancipación a la Confederación
      Rosista
      Bartolomé Mitre “Antecedentes de Pavón”  Biblioteca de la Nación 1911
      Bartolomé Mitre  “Campaña de Pavón”  Biblioteca de la Nación 1811
     Antonio Zinny “ Historia de los Gobernadores de las Provincias Argentinas”
     La Cultura Argentina 1921
     Lyman L. Johnson  “Los Talleres de la Revolución, La Buenos Aires Plebeya y el
     Mundo del Atlántico 1776 / 1810” Prometeo  2013
     Juan Carlos Garavaglia  “Construir el Estado, Inventar la Nación”  Prometeo 2007
     Diana Quattocchi Woisson “ Los Males de la Memoria, Historia y Política en la
     Argentina”  Emece 2002

Conferencia de Roberto Azaretto el 13 de Junio de 2014 en sesión pública de la Academia  Argentina de la Historia, con motivo de incorporarse como miembro de número a la misma, a la que  pertenecía desde 2011 como correspondiente por Santiago del Estero.

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