sábado, 27 de febrero de 2016

UNIÓN CÍVICA RADICAL-MANIFIESTO DEL COMITÉ DE LA PROVINCIA DE BUENOS AIRES (1897)

Hipólito Yrigoyen en su juventud.




Buenos Aires, setiembre 29 de 1897.


Al señor Presidente del Comité Nacional de la Unión Cívica Radical, doctor Bernardo de Irigoyen.

El Comité de la Provincia ha tomado en consideración la nota del señor Presidente, adjuntando copia de las resoluciones de la Convención Nacional y de ese Comité, referentes a la política sancionada de coalición de nuestros Partidos con otras agrupaciones, y pasa a exponer los fundamentos en cuya virtud no le es dable adherirse a esa política.
Sin duda alguna, es éste uno de los momentos más solemnes y más graves de la vida de nuestro partido, puesto que se ha resuelto modificar la ley fundamental de su existencia.
[…] El poder, a pesar de ser uno de los medios más eficaces para hacer práctico un programa, no es el fin a que pueda aspirar un partido de principios, ni el único resorte que pueda manejar para influir directamente en los destinos del país. El Partido Radical es prueba elocuente de esta afirmación, el despertamiento del espíritu público y los procedimientos democráticos aplicados en su seno, no sólo seguir imperturbable el camino que recorriera con honor, en horas más difíciles y a costa de mayores sacrificios.
Encarrilar dos partidos que han revelado distintas tendencias y que manifiestan tener propósitos distintos, es no sólo una transgresión a su fe política, sino también neutralizar dos fuerzas que rechazan, acercar elementos para producir entre ellos la anarquía, inutilizar la capacidad política de cada uno y esterilizar sus iniciativas extraviando el criterio público.
La transformación social y política de la República debe comenzar por efectuarse en los partidos, aumentando sus fuerzas con el ejemplo constante de la firmeza indeclinable de su conducta y de su patriotismo abnegado.
Los servicios que no son prestados al país entero no pueden ser ambicionados por colectividades que aspiran a perpetuarse en la gratitud nacional. Sólo los partidos que no tienen más objetivo que el éxito aplauden a benefactores que los acercan al poder a costa de sus propios ideales.
Cuando se abriga fe en la causa por la que se ha combatido se salva, ante todo, la pureza del principio, en la convicción de que horas propicias le darán la victoria; porque
los pueblos que llevan en su seno un porvenir grandioso avanzan siempre en las conquistas de sus verdaderos anhelos.
Y es en nombre de estos anhelos institucionales que en una buena hora suprema nuestro Ejército y nuestra Armada, solidarizados en la causa y en el sentimiento nacional, acudieron a una de las protestas más gloriosas que registra la historia cívica de nuestra Patria. Y es también en nombre de esos principios democráticos, que han llegado a constituir en la educación de nuestro país una verdadera aspiración nacional, que surgió y se agigantó el Partido Radical a medida que su acción inspiraba confianza pública en la rectitud de sus procederes, y cuya inspiración salvó en un momento supremo el decoro argentino comprometido, resistiendo el acuerdo que esterilizó aquel gran sacrificio.
¿Y bien? ¿Podemos nosotros tronchar esa obra nacional que pertenece a la Historia, a la memoria de los que han caído y a las generaciones presentes y del porvenir? ¡Jamás!, porque ello importaría un atentado a tan sagradas tradiciones y porque estamos plenamente convencidos de que la anormalidad e inestabilidad política de la República son debidas a la falta de partidos orgánicos con creencias fundamentales y propósitos definidos, y por lo tanto creemos que no puede esperarse ningún bien público, si para ello ha de requerirse la destrucción del Partido Radical, que es el único que tiene impreso ese carácter.
[…] Saludan al señor presidente con toda consideración.

H. Yrigoyen, Marcelo T. de Alvear, José de Apellániz, Tomás A. Le Breton,
Ángel Gallardo, Eufemio Uballes, Ángel T. de Alvear, Leonardo Pereyra,
Eduardo Bullrich, Julio Moreno, Francisco Ayerza, José León Ocampo,
José Gregorio Berdier, Juan Martín de la Serna, Manuel A. Ocampo,
Manuel Durañona, Cornelio Baca, Emiliano Reynoso, Norberto J. Casco,
Mariano H. Alfonso, Felipe G. Senillosa, Manuel de la Fuente y otros.


Fuente:

Botana, Natalio y Gallo, Ezequiel, De la República posible a la República verdadera (1880-1910), Buenos Aires, Emecé, 2007.

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